Jueves Santo - 9 de abril de 2020

April 9, 2020

Hoy, Jueves Santo, el jueves de la Semana Santa, es el primero de los tres grandes días que llamamos: “el Sacro Triduo”. Para el pueblo cristiano estos días son la ocasión para conmemorar los momentos más importantes e impactantes de la Pasión de Cristo. Hoy la Iglesia conmemora, específicamente, los eventos ocurridos durante la Última Cena que nuestro Señor Jesucristo compartió con sus discípulos, la traición por parte de Judas y su arresto en el huerto. Este día, por tanto, se dedica al recuerdo y al aprendizaje.

Las lecturas de hoy muestran con claridad que la memoria es uno de los pilares de la fe bíblica. Inician con un extracto del libro del Éxodo donde se nos cuenta la institución de la Pascua de los judíos. Cada año este pueblo recordaba el hecho fundamental de su identidad y su relación con el Señor su Dios, a través del sacrificio de un cordero sin mancha y sin defecto. Celebraban que él los libertó de la esclavitud en Egipto y cómo milagrosamente los hizo pasar por el Mar Rojo. Dios les mandó recordar su salvación y contar esta historia a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, perpetuamente.

La celebración de esta fiesta es el trasfondo histórico y teológico de la Semana Santa, por ello no podemos entender los eventos de la Pasión de Cristo si no tenemos presente el hecho de que Jesús fue un fiel judío toda su vida y, como tal, estaba preparándose para celebrar la Pascua de los judíos. En la noche del primer Jueves Santo, Jesús celebró la cena pascual con sus discípulos. Esta celebración religiosa de la salvación provee la materia prima de la Cena del Señor. En esta cena, Jesús ordenó recordar su vida, su entrega total y la salvación que él nos ofrece con el sacrificio de sí mismo, como aquel cordero exigido por la ley.

Como lo explica San Pablo, en su primera carta a los Corintios, los primeros cristianos recibieron el mandato de recordar la muerte y la resurrección de Cristo con una cena ritual, como lo es la cena pascual para el pueblo judío. El Apóstol comparte lo que él mismo recibió como una de las tradiciones más primitivas: “Que la misma noche que el Señor Jesús fue traicionado, tomó en sus manos pan y, después de dar gracias a Dios, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que muere en favor de ustedes. Hagan esto en memoria de mí.» En la Última Cena, Jesús ordena a la Iglesia hacer memoria. La cena de la Pascua de los judíos se convierte en la Cena de Cristo, la Cena del Señor. Para los cristianos, entonces, el Jueves Santo tiene el propósito de renovar la memoria y celebrar nuestra salvación.

Pero el Jueves Santo también es ocasión de aprendizaje para todos los creyentes. Jesús les dice a los discípulos: “Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho.” Según el evangelio de San Juan, el único evangelio que no relata los detalles de la cena directamente, lo importante de aquella noche era la lección que Jesús quiso impartirnos. ¿Y qué lección nos enseña el Maestro? En el Jueves Santo podemos ver que Jesús, nuestro maestro, utiliza dos métodos pedagógicos para enseñar a los discípulos: el ejemplo y la repetición. El evangelio nos cuenta que Jesús se ciñó con una toalla y comenzó, uno por uno, a lavar los pies de los discípulos y a secárselos. Para ellos era algo inesperado y chocante; a la vez, nada menos sorprendente que la victoria sobre los egipcios en el Mar Rojo.

Con este gesto, el Señor quiere que aprendamos siguiendo su ejemplo de servicio y humildad, para así mejorar nuestras vidas. Los cristianos somos llamados a hacer lo que Cristo hizo. Jesús desea que sirvamos a los demás sin importar nuestro estatus, riqueza o relativa importancia. Pues él dijo: “Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos.”  Jesús explica directamente que desea que aprendamos a través de la imitación de lo que él ha hecho: “Les he dado el ejemplo para que ustedes hagan lo mismo.” Además, el Señor, no sólo quiere que imitemos su ejemplo, quiere que lo repitamos, vez tras vez. 

De esta instrucción de imitar el ejemplo de Jesús surgió la práctica anual del lavatorio de pies, cada Jueves Santo. La Iglesia nos invita a “los que compartimos el sacerdocio real de Cristo”, a repetir la acción del Señor, lavando los pies de nuestros hermanos, en imitación de su humildad, como se puede leer en el Libro de Ritos Ocasionales de la Iglesia: “Consiervos de nuestro Señor Jesucristo: la noche antes de su muerte, Jesús les dio un ejemplo a sus discípulos al lavarles los pies, un acto de humilde servicio. Él enseñó que la fortaleza y el crecimiento en la vida del Reino de Dios no derivan del poder, la autoridad o incluso del milagro, sino del humilde servicio.”

Con el Lavatorio de pies, la Iglesia nos invita a vivir como hermanos, nos enseña a seguir el ejemplo de Jesús, pues nuestro maestro es un servidor. Aprendemos que la grandeza de la vida cristiana consiste en servir y entregarse a los demás, así como Cristo se entregó por nuestra salvación.  

De la misma manera, el principio pedagógico del Lavatorio se aplica a la institución de la Cena del Señor, a la Santa Eucaristía. Al celebrar la cena, Jesús no nos manda a recordar o a hacer memoria de una forma estática; nos enseña a imitar, a hacer lo que él hizo aquella noche: a tomar y comer del pan, a beber de la copa, es decir, a repetir esas mismas acciones, imitándolas y aprendiendo de ellas. Por eso, la Iglesia cristiana repite estos hechos, palabras y acciones, semana tras semana, cada día del Señor. De la memoria y práctica de las enseñanzas y mandatos de este día, esperamos aprender la lección que Jesús nos ha dejado.

Este Jueves Santo, durante actos conmemorativos del Lavatorio de pies y la celebración de la Santa Eucaristía, tengamos el propósito de recordar, imitar y repetir lo que el Señor Jesucristo ha hecho en favor de nosotros y por nuestra salvación. Si entendemos estas cosas y las ponemos en práctica, seremos bienaventurados, dichosos y, en conclusión, más felices. Amén.

El Rvdo. Dr. John J. Lynch es un sacerdote, autor y educador, que ha servido en las diócesis episcopales de Honduras, el Sur de Virginia y Rhode Island. Actualmente sirve como el Director en el Instituto Ecuménico del Ministerio Hispano y el Cura párroco de la Iglesia Episcopal San Jorge en la ciudad de Central Falls, Rhode Island.