Segundo Domingo después de Pentecostés

Occasion: 
Propio 7
Sunday, June 23, 2019
Year (cycle): 
C
The Collect: 

Oh Señor, haz que tengamos perpetuo amor y reverencia a tu santo Nombre, pues nunca privas de tu auxilio y guía a los que has establecido sobre la base firme de tu bondad; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Old Testament: 
1 Reyes 19:1-4, (5-7), 8-15a [Suplente: Isaías 65:1-9]

1 Ahab contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho y cómo había degollado a todos los profetas de Baal. 2 Entonces Jezabel mandó un mensajero a decirle a Elías: «¡Si tú eres Elías, yo soy Jezabel! Y que los dioses me castiguen duramente, si mañana a esta hora no he hecho contigo lo mismo que tú hiciste con esos profetas.» 

3 Elías se dio cuenta de que corría peligro, y para salvar su vida se fue a Beerseba, que pertenece a Judá, y allí dejó a su criado. 4 Luego él se fue hacia el desierto, y caminó durante un día, hasta que finalmente se sentó bajo una retama. Era tal su deseo de morirse, que dijo: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!» 

5 [Y se acostó allí, bajo la retama, y se quedó dormido. Pero un ángel llegó, y tocándolo le dijo: «Levántate y come.» 

6 Elías miró a su alrededor, y vio que cerca de su cabecera había una torta cocida sobre las brasas y una jarra de agua. Entonces se levantó, y comió y bebió; después se volvió a acostar. 7 Pero el ángel del Señor vino por segunda vez, y tocándolo le dijo: «Levántate y come, porque si no el viaje sería demasiado largo para ti.»] 

8 Elías se levantó, y comió y bebió. Y aquella comida le dio fuerzas para caminar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. 9 Al llegar, entró en una cueva, y allí pasó la noche. Pero el Señor se dirigió a él, y le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?» 

10 Él respondió: «He sentido mucho celo por ti, Señor, Dios todopoderoso, porque los israelitas han abandonado tu alianza y derrumbado tus altares, y a filo de espada han matado a tus profetas. Sólo yo he quedado, y me están buscando para quitarme la vida.» 

11 Y el Señor le dijo: «Sal fuera y quédate de pie ante mí, sobre la montaña.» 

En aquel momento pasó el Señor, y un viento fuerte y poderoso desgajó la montaña y partió las rocas ante el Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto; pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. 12 Y tras el terremoto hubo un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Pero después del fuego se oyó un sonido suave y delicado. 13 Al escucharlo, Elías se cubrió la cara con su capa, y salió y se quedó a la entrada de la cueva. En esto llegó a él una voz que le decía: «¿Qué haces ahí, Elías?» 

14 Él contestó: «He sentido mucho celo por ti, Señor, Dios todopoderoso, porque los israelitas han abandonado tu alianza y derrumbado tus altares, y a filo de espada han matado a tus profetas. Sólo yo he quedado, y me andan buscando para quitarme la vida.» 

15 Entonces el Señor le dijo: «Anda, regresa por donde viniste al desierto de Damasco.»

Suplente:

1 El Señor dice: 
«Los que no me habían pedido nada 
fueron los que acudieron a mí; 
los que no me habían buscado 
fueron los que me encontraron. 
A un pueblo que no me había invocado 
fue al que le dije: “Aquí estoy.” 
2 Todo el día extendí mis manos 
para atraer a un pueblo rebelde 
que iba por caminos perversos 
siguiendo sus propios caprichos; 
3 un pueblo que en mi propia cara 
me ofendía continuamente; 
que ofrecía sacrificios a los dioses en los jardines 
y quemaba incienso en altares de ladrillo; 
4 que se sentaba entre los sepulcros 
y pasaba las noches en sitios escondidos; 
que comía carne de cerdo 
y llenaba sus ollas de caldos impuros. 
5 Dicen: “Quédate ahí, no me toques; 
soy demasiado sagrado para que me toques.” 
Esa gente es como fuego que arde todo el día; 
me molestan como el humo en las narices. 
6 Pero todo esto está escrito delante de mí, 
y no voy a quedarme cruzado de brazos; 
voy a darles su merecido, 
7 tanto por los crímenes de ellos 
como por los de sus padres. 
Ellos quemaban incienso sobre los montes 
y me ofendían en las colinas. 
Haré primero la cuenta 
y les daré su merecido.» 
El Señor lo ha dicho. 
8 El Señor dice: 
«Cuando las uvas tienen mucho jugo 
la gente no las echa a perder, 
porque pueden sacar mucho vino. 
Así haré yo también por amor a mis siervos: 
no destruiré a toda la nación. 
9 Haré que Jacob tenga descendientes 
y que haya gente en Judá que viva en mis montañas. 
Mis elegidos poseerán la tierra, 
mis servidores vivirán allí.

Psalm: 
Salmo 42 y 43 [Suplente: Salmo 22:18-27 LOC]

42.1     Como anhela el ciervo las corrientes de aguas, *
               así te anhela, oh Dios, el alma mía.
    2     Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; *
               ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
    3     Fueron mis lágrimas mi alimento de día y de noche, *
               mientras me dicen todos los días: “¿Dónde está tu Dios?”
    4     Doy rienda suelta a mi dolor, cuando pienso en estas cosas: *
               de cómo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios,
    5     Con voz de alegría y de alabanza, *
               haciendo fiesta la multitud.
    6     ¿Por qué te abates, oh alma mía, *
               y te turbas dentro de mí?
    7     Pon tu confianza en Dios, *
               porque aún he de alabarle, Salvador, Presencia y Dios mío.
    8     Mi alma está abatida dentro de mí; *
               me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,
               desde la cima de Mizhar entre las cumbres de Hermón.
    9     Un abismo clama a otro a la voz de tus cascadas; *
               todos tus torrentes y riadas sobre mí han pasado.
  10     De día otorga el Señor su gracia; *
               de noche su cántico está conmigo, oración al Dios de mi vida.
  11     Diré a Dios, Roca mía: “¿Por qué te has olvidado de mí? *
               ¿Por qué he de andar enlutado por la opresión de mis enemigos?”
  12     Mientras me están quebrantando los huesos, *
               mis adversarios me afrentan.
  13     Todo el día se burlan de mí, diciendo: *
               “¿Dónde está tu Dios?”
  14     ¿Por qué te abates, oh alma mía, *
               y te turbas dentro de mí?
  15     Pon tu confianza en Dios, *
               porque aún he de alabarle, Salvador, Presencia y Dios mío.
43.1     Hazme justicia, oh Dios, y aboga mi causa contra la gente impía; *
               líbrame de los mentirosos y los inicuos.
    2     Tú eres el Dios de mi fortaleza; ¿por qué me has desechado? *
               ¿Por qué he de andar enlutado por la opresión de mis enemigos?
    3     Envía tu luz y tu verdad; que éstas me guíen, *
               y me conduzcan a tu santo monte, a tus moradas;
    4     Para que me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo; *
               y te alabe con arpa, oh Dios, Dios mío.
    5     ¿Por qué te abates, oh alma mía, *
               y te turbas dentro de mí?
    6     Pon tu confianza en Dios, *
               porque aún he de alabarle, Salvador, Presencia y Dios mío.

Suplente:

18     Mas tú, oh Señor, no te alejes; *
             fortaleza mía, apresúrate a socorrerme.
19     Salva de la espada mi garganta, *
             mi faz del filo del hacha.
20     Sálvame de la boca del león, *
             a este pobre, de los cuernos del búfalo.
21     Proclamaré tu Nombre a mis hermanos; *
             en medio de la congregación te alabaré.
22     Los que temen al Señor, alábenle; *
             glorifíquenle, oh vástago de Jacob;
             tengan miedo de él, oh descendencia de Israel;
23     Porque no menospreció ni abominó la aflicción de los afligidos,
        ni de ellos escondió su rostro; *
             sino que cuando clamaron a él, los oyó.
24     De ti será mi alabanza en la gran congregación; *
             mis votos pagaré delante de los que le temen.
25     Comerán los pobres, y serán saciados, alabarán al Señor los que le buscan: *
             ¡Viva su corazón para siempre!
26     Se acordarán y se volverán al Señor todos los confines de la tierra, *
             y todas las familias de las naciones delante de ti se inclinan;
27     Porque del Señor es el reino, *
             y él rige las naciones.

Epistle: 
Gálatas 3:23-29

23 Antes de venir la fe, la ley nos tenía presos, esperando a que la fe fuera dada a conocer. 24 La ley era para nosotros como el esclavo que vigila a los niños, hasta que viniera Cristo, para que por la fe obtuviéramos la justicia. 25 Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos a cargo de ese esclavo que era la ley, 26 pues por la fe en Cristo Jesús todos ustedes son hijos de Dios, 27 ya que al unirse a Cristo en el bautismo, han quedado revestidos de Cristo. 28 Ya no importa el ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer; porque unidos a Cristo Jesús, todos ustedes son uno solo. 29 Y si son de Cristo, entonces son descendientes de Abraham y herederos de las promesas que Dios le hizo.     

Gospel: 
Lucas 8:26-39

26 Jesús y sus discípulos llegaron a la tierra de Gerasa, que está al otro lado del lago, frente a Galilea. 27 Al bajar Jesús a tierra, salió del pueblo un hombre que estaba endemoniado, y se le acercó. Hacía mucho tiempo que no se ponía ropa ni vivía en una casa, sino entre las tumbas. 28 Cuando vio a Jesús, cayó de rodillas delante de él, gritando: —¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo! ¡Te ruego que no me atormentes! 

29 Dijo esto porque Jesús había ordenado al espíritu impuro que saliera de él. Muchas veces el demonio se había apoderado de él; y aunque la gente le sujetaba las manos y los pies con cadenas para tenerlo seguro, él las rompía y el demonio lo hacía huir a lugares desiertos. 30 Jesús le preguntó: —¿Cómo te llamas? 

Y él contestó: —Me llamo Legión. 

Dijo esto porque eran muchos los demonios que habían entrado en él, 31 los cuales pidieron a Jesús que no los mandara al abismo. 32 Como había muchos cerdos comiendo en el cerro, los espíritus le rogaron que los dejara entrar en ellos; y Jesús les dio permiso. 33 Los demonios salieron entonces del hombre y entraron en los cerdos, y éstos echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y allí se ahogaron. 

34 Los que cuidaban de los cerdos, cuando vieron lo sucedido, salieron huyendo y fueron a contarlo en el pueblo y por el campo. 35 La gente salió a ver lo que había pasado. Y cuando llegaron a donde estaba Jesús, encontraron sentado a sus pies al hombre de quien habían salido los demonios, vestido y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 36 Y los que habían visto lo sucedido, les contaron cómo había sido sanado aquel endemoniado. 37 Toda la gente de la región de Gerasa comenzó entonces a rogar a Jesús que se fuera de allí, porque tenían mucho miedo. Así que Jesús entró en la barca y se fue. 38 El hombre de quien habían salido los demonios le rogó que le permitiera ir con él, pero Jesús le ordenó que se quedara, y le dijo: 39 —Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti. 

El hombre se fue y contó por todo el pueblo lo que Jesús había hecho por él.     

The Old Testament, New Testament and Gospels readings are from the New Revised Standard Version Bible: Anglicized Edition, copyright 1989, 1995, Division of Christian Education of the National Council of the Churches of Christ in the United States of America. Used by permission. All rights reserved.

The Collects, Psalms and Canticles are from the Book of Common Prayer, 1979.