Propio 7 (A) - 2017

June 25, 2017

Jesús dijo: El que trate de salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará.”

Una de las cualidades que adornan a un discípulo o seguidor de Jesús es el no tener miedo. Cuando los deportistas participan en una competencia van a ganar o a perder. Aunque muchos afirman que el participar en sí, ya es una ganancia, algunos no están tan seguros de ello, y les da miedo perder. Por eso, dan el todo por el todo para ganar. Sin embargo, para ganar o perder necesitamos un elemento importante que muchos no mencionan. Ese elemento es arriesgarse. De hecho, muchos de nosotros por ganar un poco más de dinero, ponemos en peligro nuestras vidas y hasta la libertad. Muchas veces dejamos a nuestros hijos al cuidado de personas a quienes no conocemos muy bien y nos arriesgamos diciéndonos: “El que no se arriesga ni gana ni pierde”.

Como cristianos no estamos exentos de tener miedo a arriesgarnos. Tememos “perder” amistades por declarar públicamente a qué iglesia asistimos, o cuando por vergüenza nos da miedo que nos rechacen por nuestras creencias. Y mucho menos si se trata de preferencia sexual o simpatía política.

En el evangelio de hoy, Jesús es bien enfático en comunicar que no debemos quedarnos callados y nos invita a no tener miedo de la gente. “¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin que el Padre de ustedes lo permita. En cuanto a ustedes mismos, hasta los cabellos de la cabeza Él los tiene contados uno por uno. Así que no tengan miedo: ustedes valen más que muchos pajarillos”.

Dios no solo se preocupa por un pajarito sino también por las pequeñas cosas que pasan en nuestra vida. Hoy día vivimos tan preocupados por lo que pasa a nuestro alrededor que no nos damos cuenta de la presencia de Dios en todo nuestro peregrinar por la vida. Debemos hacer una parada para meditar en ello, para dejar el miedo a un lado y caminar confiando en Dios.

El diccionario define el miedo de esta manera: “El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro e incluso pasado”. El miedo nos puede paralizar e impedirnos cumplir con nuestros deberes cristianos como por ejemplo seguir a Jesús.

Jesús dijo: “El que no toma su cruz y me sigue, no merece ser mío”. Si pensamos en el significado de la cruz en tiempo de Jesús, puede que nos cause miedo. Muchas personas interpretan “la cruz”, como una carga que deben llevar en su vida. Por ejemplo, la carga de una mala relación, un trabajo ingrato, una enfermedad física. Estos son obstáculos que causan miedo. No obstante, si vemos la cruz como símbolo de perdón, gracia y amor, el miedo o el temor desaparecen y la paz llega a nuestras vidas.

Pensemos en el temor que sentimos cuando ofrendamos más de lo acostumbrado. Nos da miedo que nuestro presupuesto personal disminuya, que no nos alcance para cubrir todos nuestros gastos. Muchas veces expresamos nuestras inseguridades: “¿y porque dar más, si la iglesia tiene más que yo?” Olvidamos que “Dios ama al dador alegre” Y dudamos de que Dios cumpla sus promesas.

Como discípula de Jesús me gusta usar la palabra “invertir”, mejor que “dar”. Pues todo lo que doy, se me traduce en ganancia. Gano el doble y hasta el triple al invertir mi tiempo, mi talento y mi tesoro. Cuando aprendemos a no tener miedo participamos más, nos arriesgamos más, sin importar el qué dirán. Pues el mismo hecho de participar ya es ganancia.

Otro temor que surge en nuestro caminar cristiano es el de “comprometernos”. Si vamos a la iglesia, muchas veces, nos sentamos lo más lejos posible para que no nos comprometan a hacer tal o cual cosa. Lo vemos como una pérdida de tiempo y no como una ganancia. Dejamos de participar en actividades y decimos “no tengo mucho tiempo”, cuando la verdad es que encontramos tiempo para llevar a cabo otras cosas. Nos olvidemos de que nuestro compromiso cristiano es dedicarle tiempo a las cosas de Dios y una de las más importantes es la extensión de su Reino.

Recientemente leímos la lectura de Hechos de los Apóstoles donde el mismo Jesús nos invita a que vayamos a todas las naciones a llevar su mensaje y hacer discípulos. Es un gran reto que conlleva tiempo, pero más que nada, involucra dejar de lado el miedo. Pero ¿cómo lo vamos a hacer si nos quejamos siempre de que no tenemos tiempo? Ahí es donde verdaderamente se muestra nuestro desprendimiento y nuestro compromiso con Dios. Esto significa negarse a sí mismo y a la vez, saber que hay ganancia para nuestra vida espiritual y material.

El evangelio de Mateo nos dice: “si perdemos la vida por causa de Cristo, será ganancia”. Cuando sentimos temor al arriesgarnos, generalmente le prestamos más atención a las pérdidas que a las ganancias y nos olvidamos de poner nuestra confianza en Dios. Confianza es creer en Él y no tenerle miedo al porvenir. Cuando aprendemos a no tener miedo, nos damos cuenta que estamos dispuestos a seguirle.

Nuestra vida debe ser de testimonio para que otros vengan y crean, no importando las consecuencias. Y principalmente sin temor. Jesús nos da razones para no temer cuando nos invita a que proclamemos abiertamente las enseñanzas que nos ha transmitido a través de su Palabra. Cuando le damos fuerza y poder a las personas para atemorizarnos no estamos siendo fieles a su invitación. Y no olvidemos el amor compasivo de Dios. Dios no solo se preocupa por la vida de un pajarito, sino también por las pequeñas cosas que pasan en nuestras vidas. Dios sabe cuáles son nuestras necesidades, antes de que le pidamos ayuda. Si él se preocupa por un pajarito, cuanto más no lo haría por nosotros que somos la coronación de su creación.

Mantengamos nuestra confianza en Dios. Él todo lo puede. Seamos fieles a su llamado. Vivamos agradecidos por todas las maravillas que hace por nosotros y sobre todo que nuestra fe nunca desfallezca por el miedo o el temor del qué dirán o qué perderé. Que las palabras de Jesús resuenen en nuestra mente y en nuestro corazón. “El que pierda su vida por causa mía, la salvará”.

 
 
 
 
 
 
 

Contact:
Christopher Sikkema