Propio 21 (C) - 2013

September 29, 2013

En el evangelio de san Lucas, Jesús habla con los fariseos sobre el uso de las posesiones materiales. Primero, les cuenta la parábola del mayordomo infiel. Jesús trata de enseñarles que se debe usar el dinero de tal manera que permita entrar en la vida eterna (Lucas 16:9).

Las posesiones materiales deben servir a un propósito eterno. Por ejemplo, Jesucristo enseña sobre el buen uso de las posesiones terrenales para acumular tesoros en el cielo y para encontrar el favor de Dios (Mateo 6: 19-21). En el capítulo dieciséis de san Lucas, Jesús dice a los fariseos que “ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro”. Una persona no puede servir a Dios y a las riquezas (Lucas 16:13).

Pero los fariseos no prestan atención a Jesucristo porque creen que el capítulo octavo del libro del Deuteronomio dice que si Dios les favorece, les va a conceder muchas riquezas (Deuteronomio 8:16-18). En su ceguera, los fariseos creen que su riqueza es la prueba del favor de Dios. Sin embargo, san Pablo en la carta a Timoteo hace una advertencia, “porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores” (1Timoteo 6:10). Eso es lo que pasó a los fariseos. Se sirvieron de sus tradiciones religiosas para justificar el uso egoísta de las posesiones materiales.

El evangelio de san Mateo, acusa a los fariseos del incumplimiento del mandamiento de honrar los padres. Evitaron la responsabilidad de mantener a sus padres (Mateo 7:9-13). Los fariseos tratan de aparecer justos ante los demás. Pero la hipocresía de sus corazones es conocida de Dios y las posesiones que ellos aprecian son abominables ante Dios (Lucas 16:15).

Jesús sabe que el entendimiento formal que los fariseos tienen del Antiguo Testamento es un obstáculo y por ello no pueden ver cómo la Ley se cumple en la persona de Jesús. Jesús no está desafiando la validez de la Ley. La acepta sin condición como palabra de Dios. Jesucristo trata de dar a la Ley una nueva vitalidad, revelando su intención original. En capítulo quinto del evangelio de san Juan, Jesús dice a los fariseos que si ellos creyeran lo que dijo Moisés, también creerían en Jesús porque Moisés escribió acerca de él. Por eso, si no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo que les dice Jesús? (Juan 5:39-47).

Este es el contexto de la parábola de Lázaro y del hombre rico. Algunos dan el nombre, “Divas” al hombre rico porque en latín se utiliza esa palabra para la frase “hombre rico”. El nombre de “Lázaro” viene del hebreo, “Eleazar”, que significa, “Dios ayuda.”

Primero encontramos a Divas. Un hombre rico vestido en púrpura y lino fino. Sabemos que Divas es muy rico porque hay una puerta abierta al frente de su casa. No estamos hablando de una entrada pequeña como la usada en las casitas más modernas. Estamos hablando de una casa grande y elegante, casi un palacio.

En frente de la casa encontramos al pobre Lázaro. Es un mendigo, enfermo con llagas, casi sobreviviendo de la limosna que recibe de la gente que pasa. Lázaro pide limosna a Divas, a su familia y a los visitantes de la casa de este hombre rico y tan importante. ¿Caminan cerca de Lázaro? ¿Cuántas veces ha caminado Divas por delante del pobre? Ahora, cuando pasa Divas ya ni ve a Lázaro. Los perritos de la calle son considerados impuros por los judíos. Pero hasta los perros venían y lamían las llagas de Lázaro. La riqueza de la casa elegante de Divas se hace más intolerable ante la miseria de Lázaro.

Finalmente, Lázaro, pobre, enfermo y hambriento, se muere. Los ángeles lo llevan al padre Abrahán. Unas traducciones de la escritura dice que los ángeles lo llevan a los brazos de Abrahán. Podemos imaginarnos cómo la imagen de Abrahán abrazando al pobre Lázaro es un escándalo para los fariseos que están escuchando esta parábola de Jesucristo. Los fariseos están pensando, ¿cómo es posible que un hombre como Lázaro, pobre, enfermo, hambriento pueda ser abrazado por nuestro padre Abrahán? ¿Cómo puede ser considerado hombre justo y amado? Lázaro se transformó de hombre desesperado en hombre colocado en un lugar de honor en el banquete del cielo al lado derecho del patriarca Abrahán.

Entonces, Divas, el rico, muere y es enterrado. Podemos imaginar la ceremonia y los ritos acompañando su entierro. Pero, en vez de ir al paraíso, va al infierno.  Desde el sufrimiento levanta la vista y ve a lo lejos a Abrahán y a Lázaro a su lado. Esto es un reverso total en la vida de los dos hombres cuando vivían en el mundo. Es un reverso total del entendimiento de los fariseos del uso de las posesiones materiales para ganar la vida eterna y la relación de la persona con Dios.

El gran abismo puesto entre Divas, Abrahán y Lázaro es un recordatorio del juramento de Dios. Abrahán es el padre espiritual de Divas. Pero Divas no compartió con Lázaro la gracia que recibió de Dios. Abrahán le recuerda a Divas: “Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienes, y Lázaro, igualmente, males; pero ahora él es consolado aquí, y tú estás en agonía” (Lucas 16:25).

No es su riqueza lo que se interpone como obstáculo para la entrada de Divas en el paraíso. En el capítulo 13 del libro de Génesis escuchamos que Abrahán mismo era un hombre rico (Génesis 13:2). Abrahán no está diciendo que Divas cometió delitos durante su vida. Abrahán está diciendo que Divas vivía una vida egoísta. Divas vivía una vida centrada en sí mismo. Divas no tenía tiempo o lugar para sus prójimos ni para Dios. Si Divas hubiera usado su riqueza con amor y compasión, Lázaro podría dar la bienvenida a Divas al paraíso (Lucas 16:9). Pero, esa oportunidad ya pasó y Divas perdió el consuelo que Lázaro ahora estaba recibiendo (Lucas 16:20, 24-25).

Divas trata de justificar su falta de compasión, hablando de sus cinco hermanos. Da a entender que cuando él vivía, podría haber cambiado si alguien del cielo lo hubiera visitado. Posiblemente el regreso de Lázaro o de otra persona resucitada podría convencer a sus hermanos de la necesidad del arrepentimiento. Pero Abrahán también niega esta petición. Si una persona no puede ser compasiva teniendo al Antiguo Testamento y a un pobre en frente de su casa, la aparición de alguien resucitado no va a convencer a nadie a arrepentirse.

La parábola no dice que Divas, el rico, fuera deshonesto. La parábola implica que Divas era un hombre más o menos como los demás. Eso es el problema…la gente que está tan concentrada en sí mismo que no puede ver pasando su propia necesidad. Jesucristo está hablando de gente que diariamente ignora la pobreza, los hambrientos, los enfermos y carecen de compasión.

La ofensa de Divas no fue su riqueza. Divas faltó en el uso de su riqueza al no tener compasión de su prójimo. Jesucristo nos dice que la falta de compasión, cuando la voluntad de Dios es tan clara en el Antiguo Testamento, es pecado (Lucas 16:16, 31). Gracias a Dios que nuestro Salvador nos enseñó esta lección claramente en su ministerio durante su vida y por medio del Espíritu Santo diariamente en su Iglesia. Ahora hace falta que lo practiquemos.

 
 
 
 
 
 
 

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Christopher Sikkema