Navidad (III) - 2016

December 25, 2016

Si pudiéramos ofrecer una encuesta en la cual le preguntáramos a cien personas: “¿Qué significa para usted la navidad?”, es posible que recibiéramos cien respuestas distintas. La navidad tiene diferentes significados en diferentes contextos. Para muchos de nosotros la navidad significa participar en familia y en comunidad, de acuerdo a nuestras tradiciones navideñas. Tal vez signifique la mejor ocasión para dar y recibir regalos o saber que vienen días libres para pasar tiempo con la familia y los amigos, rodeados de música, alegría y el compartir alrededor del pesebre o del árbol iluminado.

Junto a lo anterior, para nosotros los cristianos, el adviento y la navidad es un tiempo para recordar el cumplimiento de las palabras del profeta Isaías que anunció que Dios visitaría a su pueblo. Que nacería para venir a vivir entre nosotros para la salvación del mundo. Ese pequeño bebé le traería esperanza a todo aquello que vivía bajo la opresión y cambiaría la historia de la humanidad.

El profeta Isaías habló sobre una gran luz que vendría a todo aquél que vivía en tinieblas. Esa gran luz disiparía toda oscuridad a su alrededor. El mensaje de la navidad puede ser muy sencillo: Dios amó tanto al mundo que nos dio a su único hijo para que todo aquél que creyera en él, tuviera vida eterna.

Cada año, cuando celebramos la navidad, celebramos el gran amor que Dios ha tenido, tiene y siempre tendrá por cada uno de nosotros. Nuestro gozo viene de la fe que tenemos en un Dios que nos llama sus amados hijos y sus amadas hijas. Un amor demostrado en el nacimiento del niño Jesús. Una esperanza que va más allá de nuestro entendimiento. Igual a la fe que tuvieron los israelitas que fueron liberados por la mano de Dios, así nosotros también que vivimos en tiempos de temor e incertidumbre, confiemos que Dios está con nosotros, que nos fortalece como individuos y como comunidad. Tengamos fe que llegará el día en el cual el amor reinará sobre el odio y la discordia, sobre la persecución y el destierro.

Es mucho lo que está sucediendo en nuestro mundo, y mucho lo que amenaza con quitarnos nuestra propia esperanza y la fe que tenemos como pueblo de Dios. Miles de personas están viviendo en la calle y muriéndose de hambre. Las divisiones políticas y el racismo han afectado drásticamente la forma en que vivimos y nos gobernamos. El conflicto y las guerras entre algunas naciones están destruyendo vidas, y lo peor de todo, parece que la apatía de los pueblos reina sobre todo lo demás.

Todo esto nos hace sentir como si la oscuridad nos hubiera tragado enteros. Nos sentimos perdidos, ahogados por el temor y la incertidumbre. Sin embargo, en estos momentos de oscuridad sofocante, la Palabra de Dios nos alienta como sucedió en épocas de historias semejantes a la nuestra.

Si leemos el libro del profeta Isaías, nos damos cuenta que su pueblo, que andaba en la oscuridad, parecida a la que muchos sentimos en estos momentos, vio una gran luz, una luz que brillaba para todos los que en esos tiempos vivían en tinieblas.

Hermanos y hermanas, a nosotros también se nos ha dado una gran luz que nos guiará y nos sacará de las tinieblas. Se nos ha dado un salvador, Jesús Nuestro Señor. En Él tenemos la luz resplandeciente de la esperanza que fortalece nuestra fe y alumbra nuestro camino en la oscuridad. Nuestro trabajo es asegurarnos que no se pierda la esperanza en nuestras vidas y en las vidas de los demás. No podemos permitir que el mundo se olvide que Jesús es nuestra luz y nuestra esperanza.

Aunque la navidad es un día en el que damos y recibimos regalos ofrecidos con amor y amistad, el mejor regalo es el regalo de amor que Dios nos ha dado. Centremos nuestra celebración en recibir y compartir ese regalo de amor en el niño recién nacido, Jesús el hijo amado, el que es nuestra luz y nuestra esperanza. Este es el significado de la navidad ya sea celebrada en familia, solos o reunidos en comunidad. No tenemos que dejar de lado la alegría que sentimos mientras decoramos el pesebre o el árbol de navidad, cuando cantamos los villancicos o mientras preparamos las comidas y los postres típicos de esta época de celebración y regocijo.

La navidad también nos ofrece la oportunidad de ser profetas en un mundo que necesita buenas noticias. El mundo necesita escuchar la historia de ese niño inocente que nació en un tiempo de caos donde los poderosos se aprovechaban de los vulnerables. Necesitamos compartir la historia de ese niño cuyos padres tuvieron que huir a una tierra extranjera escapando la persecución de un rey orgulloso, temeroso e inseguro que ordenó la muerte de miles y miles de niños inocentes.

Compartir la esperanza que Jesús nos trajo y nos sigue trayendo a cada uno de nosotros y a nuestra propia historia, es compartir la esperanza que nos une a figuras bíblicas que vivieron en las tinieblas y que por su fe fueron capaces de caminar a través de la oscuridad porque confiados, seguían la luz Cristo.

Es ahora y no más tarde que necesitamos la esperanza que solamente Jesús nos trae. Jesús es mucho más que un bebé en un pesebre envuelto en pañales. Jesús viene a nosotros en todo tiempo y en muchas formas. Nosotros debemos asegurarnos que haya espacio en nuestras vidas para recibirlo y para compartir con el mundo los regalos de fe y esperanza que nos trae.

Durante las últimas cuatro semanas de Adviento hemos esperado con gran expectativa la llegada de Jesús, Dios encarnado y Dios con nosotros, así como en aquellos siglos se esperaba la llegada de un nuevo rey. Pues, ¡Por fin ha llegado ese día tan esperado! Hoy nos llega la luz y la esperanza de un nuevo comenzar. Ha llegado nuestro rey, ¡Hoy comienza la navidad!

Jesús nace para nosotros. Nace en nuestro corazón cada vez que lo invitamos. Jesús está aquí con nosotros esperando que hagamos suficiente espacio en nuestras vidas y corazones para invitarlo de nuevo.

Nos podemos preguntar ¿hay suficiente espacio para Jesús en mí? Jesús quiere un lugar en nuestro corazón. Quiere poner al mundo de cabeza para que el amor reine sobre todo lo creado. ¿Le vamos a dar la bienvenida en nuestra vida y hogar? ¿hay espacio en nuestro corazón para el Rey de Reyes?

En esta navidad démosle la debida importancia a Cristo, Emanuel, Dios-con-nosotros. Llevemos su mensaje de amor y de esperanza a todos los rincones de este mundo. Démosle la debida importancia también a toda persona que encontremos a la vera del camino. Compartamos el amor, la luz y la esperanza que el niño Jesús infunde en nuestros corazones. Compartamos nuestra fe en la buena nueva de saber que la luz del amor divino siempre vencerá la oscuridad del mundo, porque una vez más, ¡nuestra esperanza ha nacido!

 
 
 
 
 
 
 

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Christopher Sikkema