Día de Todos los Santos (C) - 2013

November 1, 2013

Recordamos en este día a los que por sus méritos y dedicación al evangelio de Cristo, son llamados santos. Algunos de ellos, han sido oficialmente canonizados como beatos y santos, según las normas y procedimientos legales de la Iglesia. Sin embargo, hay muchos que aunque no están en el santoral, son también santos; entre ellos, hermanos y hermanas que conocimos y amamos en nuestras congregaciones por su entrega al servicio de los demás en el nombre de Cristo.

Las lecturas de este día, nos ayudan a entender los propósitos que Dios tiene para cada persona y en la medida que cada uno entiende esos propósitos y los lleva a cumplimiento en el día a día, hacemos realidad la construcción de un mundo más justo y más humano.

La primera lectura nos habla de la revelación que Dios dio a conocer a Daniel por medio de un sueño. Las revelaciones por medio de sueños y visiones son muy comunes en la biblia. Recordemos a José, esposo de María, que por medio de un sueño entendió que Dios le había llamado a ser el padre adoptivo de nuestro Señor Jesucristo. De igual manera Daniel, un joven escogido por Dios, recibe una revelación por medio de un sueño. Así lo cuenta el mismo Daniel: “Yo veía en mi sueño que los cuatro vientos soplaban y agitaban las aguas del gran mar. De repente, cuatro enormes monstruos, diferentes uno del otro, salieron del mar” (Daniel 7:2-3).

En el sueño de Daniel hay varias figuras: vientos que soplan, aguas agitadas y cuatro monstruos que emergen del agua. No cabe duda que cada figura tiene un significado y Daniel en el mismo sueño quiere saberlo. El significado del sueño es el siguiente: “Estos cuatro monstruos son cuatro reyes que dominarán el mundo. Pero después el reino será entregado al pueblo del Dios altísimo, y será suyo por toda la eternidad” (Daniel 7:17-18). En la explicación del sueño es importante destacar que hay un pueblo que tiene la misión de extender el reino de Dios por la eternidad.

La profecía de Daniel sobre el reino de Dios nos ilumina de tal manera, que cuando nuestro Señor Jesucristo nos habla del reino de Dios en su predicación, sabemos que ese reino se inicia con él. La instauración del reino de Dios es un proceso en el que “los monstruos” de este mundo van a desaparecer. El “monstruo” del hambre que devora a millones de personas en el mundo, el “monstruo” de la violencia, que aniquila inocentes en nuestras calles, “el monstruo” del fanatismo religioso que juzga y condena a los que no se ajustan a rígidas leyes carentes de compasión y segregan a los seres humanos en buenos y malos.

El apóstol Pablo, en su carta a los efesios, reitera la llegada de ese reino y los creyentes son sus constructores. El apóstol indica: “Pido que Dios les ilumine la mente, para que sepan cuál es la esperanza a la que han sido llamados, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da al pueblo santo, y cuán grande y sin límites es su poder, el cual actúa en nosotros los creyentes” (Efesios 11:18-19). La carta a los efesios habla de un reino de plenitud para la Iglesia por medio de Jesucristo.

La carta magna de los creyentes, cuya misión es la construcción del reino de Dios, es el mensaje de las bienaventuranzas. Hoy las leemos en el evangelio de Lucas y cada bienaventuranza es una declaración del sacrificio que implica construir un mundo mejor. El mundo no las entiende porque contradicen las aspiraciones de poder, control y fama que promueve una sociedad basada en la competencia.

“Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, pues quedarán satisfechos. Dichosos ustedes los que ahora lloran, pues después reirán. Dichosos ustedes cuando la gente los odie, cuando los expulsen, cuando los insulten y cuando desprecien su nombre como cosa mala, por causa del Hijo del hombre. Alégrense mucho, llénense de gozo en ese día, porque ustedes recibirán un gran premio en el cielo; pues también así maltrataron los antepasados de esa gente a los profetas” (Lucas 6:21-23).

Los santos son también llamados bienaventurados y bienaventuradas porque vivieron en carne propia cada una de las bienaventuranzas. Padecieron los rigores del sacrificio por la causa del evangelio, pero de sus mentes y de sus corazones nunca se pudo borrar la imagen del reino de Dios.

La instauración del reino de Dios es el fruto del sacrificio de cristianos de varias generaciones que en su tiempo no descansaron en su afán de alcanzar un mundo mejor según los preceptos del evangelio. Bien decía Francisco de Asís: “Haciendo día a día las cosas posibles, terminaremos haciendo las cosas imposibles”. La construcción del reino de Dios parece imposible, pero con la fe y confianza que Dios mismo nos guía en el camino, el proyecto del reino de Dios es posible.

En el evangelio de hoy sobresale la frase del Señor que dice: “Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra; y si alguien te quita la capa, déjale que se lleve también tu camisa” (Lucas 6:29). Algunos piensan que ofrecer la otra mejilla es señal de sometimiento del cristiano frente a la violencia. Otros abogan por responder con la misma violencia, en otras palabras, “ojo por ojo, diente por diente”. Sin embargo, el Señor nos propone responder de una forma totalmente opuesta a la violencia.

La muerte de tantos inocentes por el uso indebido de las armas de fuego es motivo de alarmante preocupación en nuestra sociedad. Por un lado están los que proponen la restricción al mercado de armas y otros que defienden el derecho a portar armas. La solución no es poner más armas a disposición de los ciudadanos, sino que los ciudadanos trabajemos unidos en la construcción de una sociedad sin violencia. El evangelio de hoy es mensaje que debemos guardar en nuestros corazones; los cristianos creemos que la paz entre los pueblos es posible, que hay caminos que conducen a la paz y nuestras ciudades pueden verse libres de la violencia si en cada hogar se siembran valores de respeto mutuo y se practica la comunicación en el seno de la familia.

Nuestros jóvenes y niños buscan héroes en las figuras del espectáculo. Son figuras confeccionadas por los medios de comunicación social. Se destaca la belleza física y el estilo atrevido de vivir y de vestir. Hoy se habla muy poco de los hombres y mujeres que viven al servicio de los demás por amor a Cristo. Son los santos y santas de nuestro tiempo.

La santidad no es una condición reservada para ciertos individuos. Dios nos creó con el potencial necesario para desarrollar cualidades espirituales que nos permiten alcanzar proyectos que generan cambios en la sociedad. No se estudia para ser santo, se alcanza la santidad siendo fieles a la vocación o llamada que Dios nos ha hecho. Un padre ejemplar es un santo, una madre entregada es una santa, una hija que responde con amor al sacrificio de sus padres es también santa. Los miembros de la Iglesia que tienen clara la misión de atraer a otros a Cristo son santos y santas, porque entienden que el mensaje cristiano no es algo exclusivo para ellos, sino que lo comparten y buscan colaboradores en la empresa de construir el reino de Dios. Que este día de Todos los Santos sea pues de inspiración cristiana para imitar a los que por fe se entregaron a Cristo en la oración y el servicio a los demás.

 
 
 
 
 
 
 

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Christopher Sikkema