Sermones que Iluminan

Jueves Santo – 17 de abril de 2025

April 17, 2025

LCR: Éxodo 12:1–4, (5–10),11–14; Salmo 116:1,10–17 LOC; 1 Corintios 11:23–26; San Juan 13:1–17,31b–35


Profundice en el viaje de la Semana Santa y la Pascua con la recopilación de sermones de este año. Cada sermón, perfecto para el uso congregacional, grupos pequeños o reflexión personal, incluye dos preguntas para iniciar un debate y una exploración significativos. Acceda a este recurso en sermonesqueiluminan.org.


El Jueves Santo nos sitúa en el umbral del misterio pascual. Es el inicio del Triduo Santo, los tres días que nos conducen desde la Última Cena hasta la cruz y, finalmente, a la resurrección gloriosa. Esta noche recordamos tres momentos fundamentales: el lavatorio de los pies, que nos muestra que el verdadero amor se expresa en el servicio humilde; la institución de la Eucaristía, el don de Cristo que nos alimenta y nos une en su cuerpo; y el mandamiento nuevo, que nos llama a vivir una vida transformada por el amor de Dios. Reflexionemos sobre estos tres signos y lo que significan para nuestra vida como discípulos de Cristo en la Iglesia Episcopal.

El amor que se inclina para servir.

El evangelio de Juan nos presenta una imagen poderosa: Jesús, el Maestro y Señor, se levanta de la mesa, se quita el manto, toma una toalla y empieza a lavar los pies de sus discípulos. Para entender la magnitud de este acto debemos recordar el contexto cultural. En aquel tiempo los caminos eran polvorientos y los pies de los viajeros quedaban sucios. Era costumbre que, al llegar a una casa, un siervo lavara los pies de los invitados. Era una tarea de los esclavos, no de los amos.

Por eso cuando Jesús se arrodilla y toma el papel de siervo los discípulos quedan desconcertados. Pedro, en su típica impulsividad, protesta: “Señor, ¿tú me lavas los pies?”. En otras palabras, Pedro no puede concebir que el Mesías, el Hijo de Dios, realice un acto tan humilde. Pero Jesús le responde: “Si no te lavo, no tienes parte conmigo”. Aquí Jesús, no sólo realiza un acto de humildad, sino que nos da una enseñanza sobre nuestra relación con Dios: necesitamos dejar que Cristo nos lave, nos purifique, nos transforme.

La humildad no es sólo servir a otros, sino permitir que Dios obre en nosotros; cosa que hasta hoy nos cuesta asimilar ya que siempre queremos ser nosotros quienes hacemos, no dejamos a Dios ser Dios en nuestras vidas. En la Iglesia Episcopal, cuando realizamos el lavatorio de los pies, no replicamos sólo una tradición simbólica. Se trata de una enseñanza viviente de que la verdadera grandeza en el Reino de Dios no se mide por la autoridad o el estatus, sino por la disposición a servir.

Valdría la pena preguntarnos: ¿Estoy dispuesto a dejar que Cristo me lave, que transforme mi corazón? ¿Cómo puedo practicar la humildad en mi vida diaria?

La mesa del amor: la institución de la Eucaristía.

El Jueves Santo también nos lleva al momento en que Jesús instituyó la Sagrada Eucaristía. En los otros evangelios y en la primera carta de Pablo a los Corintios encontramos las palabras de Jesús en la Última Cena: “Éste es mi cuerpo, que por ustedes es dado; hagan esto en memoria de mí”, “Éste es el cáliz de la nueva alianza en mi sangre, que por ustedess se derrama”. La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. En cada celebración Cristo se hace presente de una manera real y misteriosa. No es sólo un memorial, sino un encuentro con el Dios vivo.

Como episcopales creemos en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Cuando nos acercamos a la mesa del Señor, no lo hacemos porque somos perfectos, sino porque necesitamos su gracia. En este sacramento encontramos alimento para nuestra alma y la fuerza para vivir el mandamiento del amor.

En la Última Cena Jesús nos invita a compartir su mesa sin exclusión. La Eucaristía no es sólo un acto privado entre Dios y cada uno de nosotros, sino una comunión con el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Nos une a hermanos y hermanas de todas las razas, lenguas y naciones, recordándonos que el amor de Dios es para todos.

Valdría la pena preguntarnos: ¿Cómo puedo vivir la Eucaristía más plenamente en mi vida diaria? ¿Estoy permitiendo que este alimento espiritual me transforme para amar más y servir mejor?

Un Mandato para la Comunidad

Jesús les da un mandamiento nuevo: “Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros”. Este amor que Jesús nos pide no es cualquier amor. No es un amor basado en emociones pasajeras o en afinidades personales. Es un amor que imita el amor de Cristo: un amor que perdona, que sirve, que se sacrifica por el otro.

A menudo pensamos en el amor como algo sentimental o abstracto. Pero Jesús lo hace concreto: el amor es lavar los pies de los demás; el amor es compartir el pan con los necesitados y con aquellos que no opinan como nosotros; el amor es entregar la vida por los amigos, como hizo Jesús en la cruz. Como episcopales, este mandamiento nos desafía a vivir nuestra fe con un compromiso real con la justicia y la compasión. No podemos decir que amamos a Dios y al mismo tiempo ignorar el sufrimiento de los demás. Estamos llamados a ser una Iglesia que ama activamente, que busca la reconciliación, que abre las puertas a todos.

Valdría la pena preguntarnos: ¿Estoy amando como Cristo me ha amado? ¿A quién estoy llamado a servir y amar de manera más intencional?

A manera de resumen, estamos llamados a amar y servir. El Jueves Santo nos deja tres grandes signos: el lavatorio de los pies, que nos enseña la humildad y el servicio; la Eucaristía, que nos alimenta y nos une como Iglesia; y el mandamiento nuevo, que nos llama a amar como Cristo nos amó. Este día, cuando recordemos estos actos de Jesús, permitamos que su ejemplo nos transforme; que no sea sólo una conmemoración, sino un compromiso renovado con la vida cristiana.

Al salir de aquí, recordemos que somos enviados a amar y a servir. Que nuestras acciones sean testimonio del Cristo que se inclinó a lavar los pies de sus discípulos y que nos invita a hacer lo mismo.

El Rev. Franklin Morales, es el Canónigo para los Ministerios Latinos e Hispanos de la Diócesis Episcopal de Carolina del Norte, es Oriundo de Venezuela y ha estado sirviendo a su Diócesis por un año y seis meses.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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