Cuaresma 1 (C) – 9 de marzo de 2025
March 09, 2025
LCR: Deuteronomio 26:1-11; Salmo 91:1-2,9-16; Romanos 10:8b-13; San Lucas 4:1-13.

La Iglesia se reúne en este primer domingo de la estación de Cuaresma ofreciendo a los creyentes la seguridad de que, los que confían en Dios, pueden vencer cualquier tentación que aparezca en esta vida. También nos recuerda que, aunque somos frágiles ante las astucias del maligno, la fidelidad de Dios permanece para siempre. El propósito de la Cuaresma es ayudar a los cristianos a tomar conciencia de la importancia de la vida cristiana y lograr un crecimiento espiritual que muestre el amor de Dios a muchos que aún no han decidido seguir el camino de la verdad.
Podemos afirmar, basándonos en la lectura del Evangelio de Lucas, que la fidelidad de Jesús llena al mundo de esperanza. Jesús venció donde muchos han fallado, dándonos poder para resistir. Jesús, nuestro ejemplo en la prueba, enfrentó la tentación en el desierto, confiando en la Palabra de Dios, demostrando a la Iglesia de hoy que la Escritura es nuestra arma en momentos de debilidad. Las lecturas asignadas para este primer domingo de la Cuaresma nos guían en un camino de reconocimiento, confianza y fidelidad. También nos invitan a reflexionar sobre cómo Dios ha estado presente en nuestras vidas, cómo responde a nuestras necesidades y cómo nos llama a vivir en respuesta a su amor y gracia. Estamos llamados a vivir confiados en su fidelidad.
El libro de Deuteronomio nos invita a reconocer las bendiciones de Dios bajo el mandato de presentar las primicias de nuestras vidas como un acto de adoración y gratitud. Este acto no es simplemente un ritual, sino una declaración profunda de que todo lo que somos y tenemos viene de Dios: “Todo es tuyo, Señor, y de lo que es tuyo te damos”. La Iglesia, tiene la oportunidad de recordar que el Señor nos ha sacado de la esclavitud del pecado y que somos redimidos y sostenidos por un Dios fiel y amoroso. Siempre es bueno detenernos y preguntarnos si estamos ofreciendo lo mejor de nuestras vidas a Dios en reconocimiento de su gracia y cuidado paternal.
La porción del Evangelio de Lucas, en su capítulo 4, llama la atención de la Iglesia a pensar en el impacto que tiene la tentación en el cristiano de hoy. La Iglesia invita a todos sus fieles a hacer una “parada santa” en estos 40 días cuaresmales y pensar qué nos está diciendo Dios que hagamos o dejemos de hacer. Es un llamado a buscar la fortaleza en la Palabra de Dios, sabiendo que cada vez que el enemigo aparece usa su astucia con la intención de frustrar el plan de Dios para la humanidad. Si el enemigo puso a prueba a Jesús, ¿qué no hará también con sus seguidores, con la Iglesia y sus líderes?
De ahí que el Salmo 91 se presenta como un refugio en tiempos de prueba, como un recordatorio de que no estamos solos. Muchas veces queremos confiar en nuestras propias fuerzas y enfrentar las tormentas por nuestra cuenta, lo que a menudo dificulta resolver situaciones complicadas. Dios promete estar con su Iglesia en la angustia, librarnos y mostrarnos su salvación.
El apóstol Pablo, por su parte, nos enseña que la salvación está al alcance de todos: no se trata de obras complicadas, sino de una fe genuina: “Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación”. Este pasaje también nos recuerda la universalidad del evangelio: Dios no hace distinción entre personas. Su gracia está disponible para todos aquellos que lo busquen con fe. Porque la promesa es para todos, Dios no deja en vergüenza a los que confían en él. La fe es una expresión práctica de lo que creemos en el corazón; es el testimonio de vida y conducta que define la vida del creyente, demostrando con hechos qué lugar ocupa realmente el Señor en nuestras vidas.
Este primer domingo de Cuaresma confirma que Jesús es un ejemplo de fidelidad. El relato de la tentación en el desierto nos muestra a Jesús enfrentando pruebas reales, pero confiando plenamente en la Palabra de Dios. Aunque Satanás intentó desviar a Jesús ofreciéndole poder y soluciones rápidas, Jesús respondió con fidelidad y verdad. Luchar contra la tentación no es fácil, pero es posible. Hay que mantenerse en la Palabra de Dios. Ésta fue la forma que usó Jesús para combatir los ataques de Satanás.
La tentación es el impulso que nos invita a hacer algo que parece sencillo pero que tiene grandes consecuencias. El cristiano debe tener mucho cuidado. Los pecados pequeños conducen más tarde a grandes consecuencias. Las tentaciones son el enfrentamiento del reino de las tinieblas contra el reino de la luz con el propósito único de destruir los planes de Dios. El enemigo es astuto, y la tentación llega cuando estamos espiritualmente hambrientos, débiles, necesitados o incluso en momentos de bienestar.
Pero la Palabra de Dios nos dice que no seremos tentados más allá de lo que podemos soportar. La Iglesia nos recuerda en su predicación que Dios sabe que el ser humano puede vencer cualquier tentación; sólo hace falta una fe genuina, crecimiento espiritual y la fortaleza de la gracia de Dios.
La buena noticia es que Jesús venció la tentación para darnos el ejemplo de que nosotros también, amparados en el poder de Dios, podemos vencer cualquier tentación. Estamos llamados a declarar que el maligno ya no tiene ninguna autoridad sobre los hijos de Dios. Reconozcamos sus bendiciones con gratitud, refugiémonos en Dios cuando enfrentemos pruebas, vivamos nuestra fe proclamando a Jesús como Señor y sigamos el ejemplo de Jesús resistiendo las tentaciones con la fuerza de la Palabra de Dios.
La victoria de Jesús es también nuestra victoria. El Reino de Dios está cerca y debemos compartir esta Buena Noticia. Que esta reflexión nos inspire a vivir confiando en el Dios fiel que nunca nos abandona. Amén.
Marivel Milien, presbítera, ejerce su ministerio en una congregación hispana en la Diócesis Southeast, Florida, donde vive con su esposo, el Reverendo P. Smith Milien. Tienen tres hijos y es oriunda de la República Dominicana.
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