Sermón del Obispo Michael Curry de la Eucaristía transmitida en vivo desde la Catedral Nacional de Washington

March 16, 2020

El siguiente texto es sermón del Obispo Presidente Michael Curry de la eucaristía transmitida en vivo desde la Catedral Nacional en Washington el 15 de marzo de 2020.

Se puede ver el servicio bajo pedido aquí.

Catedral Nacional de Washington
Tercer Domingo de Cuaresma
15 de marzo de 2020

Cristo me ama bien lo sé
Michael B. Curry

“Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”.

—Juan 13:34,35

Y ahora en el nombre de nuestro Dios, amoroso, liberador y vivificador, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

En la última cena, tal como se registra en Juan 13, Jesús dijo esto apenas horas antes de que fuera arrestado y finalmente ejecutado. “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”

Cuando yo era un niñito, me aprendí un canto en la Escuela Dominical que muchos de ustedes probablemente se aprendieron también. Decía, de la manera más sencilla:

Cristo me ama, bien lo sé, pues la Biblia me hace ver
Que los niños son de Aquel, quien es nuestro amigo fiel.
Cristo me ama. Cristo me ama.
Cristo me ama, la Biblia dice así.

A veces las cosas más profundas e importantes llegan en los paquetes más sencillos, no simplistas, no necesariamente fáciles de realizar, pero sencillos. A veces tal vez en consonancia con el himno de los cuáqueros sacudidos del siglo XIX, Este un don para ser simple. Este es un don para ser libre. Y tengo que admitir, tengo que decir la verdad de que me ha dado por lavarme las manos con jabón y agua más frecuentemente y por más largos períodos de tiempo de lo que lo hubiera hecho nunca antes. Alguien dijo, si sólo cantas la Doxología,  “A Dios el Padre celestial…” y la cantas completa eso sería unos 20 segundos. Y alguien dijo que bastaba enseñar a los niños a cantar el “happy birthday” y que eso toma unos 20 segundos. Bien, estamos haciendo eso, pero tengo que admitir que hay una parte de mí que es un poquito escéptica.

Ciertamente, algo mucho más científico, algo mucho más sofisticado de lo que nuestras madres nos enseñaron, será parte de la respuesta. Y si bien las vacunas y el tratamiento eficaz y los diversos cambios sociales son todos ellos partes de la ecuación, el jabón realmente ayuda. El jabón realmente mata y desarma a los gérmenes. Los antiguos supieron esto hace miles de años. Estaba leyendo un artículo a principios de esta semana acerca del jabón y este artículo decía “lavarse con jabón y agua es una manera efectiva de destruir y desalojar muchos microbios, incluido el nuevo coronavirus. A nivel molecular, el jabón, desintegra las cosas. A nivel de la sociedad, bien puede llegar a cohesionarlas”.

Este un don para ser simple. Este es un don para ser libre. Ello bien puede ocurrir cuando oímos la palabra amor que suena simplista o simplemente sentimental, pero he aquí de nuevo, [la primera carta de] Juan, capítulo 4, versículos 7 y 8. “Amados, amémonos unos a otros porque el amor es de Dios y los que aman son nacidos de Dios y conocen a Dios porque Dios es amor”. El Dios que hizo este mundo, el Dios que nos hizo a cada uno de nosotros es amor. Hemos sido hechos por la mano de Dios, por la mano del amor,  y estamos destinados a vivir en el amor.

“Este mandamiento nuevo les doy” dijo Jesús. “que se amen los unos a los otros como yo les he amado”. Amy Jill Levine, profesora de Nuevo Testamento de la Escuela de Teología del Seminario de Vanderbilt, en su comentario a este texto, preguntaba, ¿qué, pues, es nuevo? ¿De qué manera éste es un nuevo mandamiento? El mandamiento a amar tiene sus orígenes en las Escrituras hebreas.

Cuando Jesús le dijo a un doctor de la Ley, en la ocasión registrada en Mateo 22, en que el maestro de la Ley le preguntó, “¿cuál es mandamiento más importante de la ley?” Jesús regresó a lo que Moisés había enseñado tanto en Deuteronomio como en Levítico, juntó esas dos [fuentes] y dijo: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con toda tu fuerza y ​​amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y luego Jesús agregó a estos dos, amor a Dios, amor al prójimo, y mientras estamos en eso, amor a uno mismo, de eso depende toda la ley y los profetas. No había nada nuevo en eso, pero la profesora Levine procede a explicar que lo nuevo era cuando Jesús dijo: “ámense como yo los he amado”. En otras palabras, su amor por ellos estaba destinado a extenderse a su amor mutuo y, de hecho, a extenderse a su amor por todos los demás y a extenderse a un amor que infectaría al mundo.

El obispo Jake Owensby de Luisiana Occidental, en un texto publicado en su blog esta semana que tituló Ser contagioso, escribió sobre tal vez la necesidad de que seamos contagiosos con el amor, contagiosos con la curación, contagiosos con la ayuda. Creo que tiene razón. El tipo de amor que busca el bien y el bien y el bienestar de los demás es el tipo de amor que Jesús nos enseñó.

Ese es el amor de Jesús yendo a la cruz. No sacrificó su vida por nada que pudiera sacar de ella. Lo hizo por el bien y el bienestar de los demás. Lo hizo para mostrarnos cómo es el amor. No egocéntrico, no egoísta, sino en realidad procurando el bien y el bienestar de los demás tanto como el propio, el de los demás. Eso es amor.

Juan 3:16 lo dice muy bien. Dios amó tanto al mundo que dio a su hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna. Más tarde, en la última cena, Jesús les dijo a sus discípulos que nadie tiene mayor amor que el de aquel que da su vida por sus amigos. Ese tipo de amor debe ser contagioso, y ese tipo de amor contagioso puede cambiar el mundo. Lucharemos contra este contagio particular y todos nuestros contagios y divisiones sociales preexistentes mediante el trabajo disciplinado del amor. Me encanta trabajar mediante el personal sanitario, me encanta trabajar a través de los líderes, me encanta trabajar a través de cada uno de nosotros que podemos ayudar y curar tal vez en pequeña medida, pero al sumarlos se logra una gran diferencia. Tal vez incluso algo tan pequeño como adorar voluntariamente a Dios en línea, en lugar de hacerlo en forma presencial, especialmente si eso puede ayudar a otra persona. Cristo me ama, bien lo sé.

Hace unos días, Tim Parks, escritor y traductor que vive en Milán, escribió un artículo realmente hermoso y útil y creo que regenerativo en The New York Times. Fue a principios de esta semana. El título de la columna de opinión fue Esta es la vida bajo la cuarentena en Milán, Italia, y esto es lo que dijo. “En solo dos semanas, todas las certezas habituales han desaparecido. Ha sido un ejercicio espiritual de renuncia. ¿Pagaste boletos de temporada en el metro? Ahora te das cuenta de que viajar en metro es la forma más segura de contraer la enfermedad. ¿Tienes una suscripción al gimnasio? El gimnasio está cerrado, al igual que el cine; tus entradas para conciertos y partidos de fútbol son inútiles. Tus hijos no pueden ir a la escuela o a la universidad. Incluso la misa está cancelada. Se les pide a todos que piensen, no por sí mismos, sino también por la comunidad.

 “Milán es una ciudad fragmentada. Hay todo tipo de grupos étnicos: chinos, árabes, hispanos, filipinos, indios, cualquier número de rumanos y eslavos, italianos de todas las regiones, pero inevitablemente el virus está creando una nueva conciencia. Una conciencia de que todos compartimos el mismo espacio físico: Milán, Italia. Realmente vivimos aquí. Nos hundimos o nadamos juntos. Tal vez incluso podamos llegar a conocernos aunque sin darnos la mano. Quizás haya un nuevo espíritu de unidad ".

Quizás el amor realmente sea el camino. El amor de Dios y nuestro amor vivido el uno por el otro. El amor puede sanar y ayudar cuando nada más puede hacerlo. El amor puede elevar y liberar cuando nada más lo hará. Casi puedo escuchar a Mahalia Jackson de hace muchos años cantando esta letra:

Si puedo cumplir con mi deber como cristiano,
Si puedo devolver la belleza a un mundo forjado
Si puedo difundir el mensaje de amor que el Maestro enseñó
Entonces mi vida no será en vano

Si puedo ayudar a alguien mientras paso
Entonces mi vida no será en vano.

A principios de la década de 1990, mi padre, que era sacerdote, sufrió un derrame cerebral grave y masivo. Había salido a palear la nieve, algo que los médicos y todos el mundo le dijeron que no hiciera, pero lo hizo de todos modos. Era medio día y afortunadamente uno de los vecinos lo vio y llamó a la sala de emergencias. Lo llevaron al hospital y lo operaron de inmediato. Nuestra familia acudió de todas partes de donde estábamos y llegamos al anochecer o a primera hora de la mañana siguiente. La cirugía había hecho lo que podía hacer, y estábamos en medio de ese período de incertidumbre. Estuvo en la unidad de terapia intensiva durante mucho tiempo, y en esas unidades, por lo general, sólo puede haber dos personas de visita a la vez.

En un momento, entré en el cuarto con mi tía Carrie, que era una de sus hermanas, más cercana a él en edad, además de que los dos eran muy afines. Así que entramos en la habitación y estábamos de pie allí hablando con él. Aún tenía los ojos cerrados y toda la maquinaria de salud y ayuda haciendo lo suyo. Tía Carrie le levantó la sábana, dejándoles las piernas al descubierto que luego le comenzó a frotar. Recuerdo haberle preguntado, “¿por qué le frotas las piernas?” Ella no respondió de inmediato, y comenzó a cantar mientras le frotaba las piernas. Cantaba algunos de esos viejos himnos.

Sublime gracia del Señor,
Que a un pecador salvó.
Fui ciego mas hoy veo yo,
Perdido y él me halló.

Ella cantaba estos himnos:

En Jesucristo mártir de paz.
En horas negras de tempestad.
Hallan las almas dulce solaz…

Ella estaba cantando viejo himnos, Oh, Maestro, déjame andar contigo. Viejos himnos.

Bálsamo de amor hay en Galaad que alivia el dolor.
Bálsamo de amor hay en Galaad que sana al pecador.

Y luego, en algún momento, respondió a mi pregunta, ¿por qué le estás frotando las piernas? Yo sabía por qué estaba cantando. Me dijo: “¿Notaste alguna vez que tu papá caminaba cojeando?” Recuerdo haberle dicho: “Sí, lo recuerdo. En broma solía llamarse a sí mismo algunas veces Hopalong Cassidy”. Y ella me dijo: “bueno, cuando tu papá era un niñito, tuvo polio. Todas las noches, mamá entraba, le frotaba las piernas y se las envolvía y, mientras lo hacía, cantaba esos himnos”. Él llegó a abrir los ojos en algún momento mientras ella cantaba, y sospecho que le afloraron algunos recuerdos profundos. Tía Carrie sonaba como su madre y eso lo despertó. Uno de las himnos que cantó ese día fue este:

[El obispo Curry canta]

Cristo me ama, bien lo sé, pues la Biblia me hace ver
Que los niños son de Aquel, quien es nuestro amigo fiel.
Cristo me ama. Cristo me ama.
Cristo me ama, la Biblia dice así.

Dios les ama. Dios les bendiga y que Dios nos sostenga a todos nosotros, a todos nosotros, en esas manos todopoderosas del amor.