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Sermón del Jueves Santo del Obispo Presidente Michael Curry del oficio transmitido en vivo desde la iglesia de Santa María la Virgen, Nueva York

April 9, 2020

Lo que sigue es el texto del sermón del Jueves Santo del obispo primado Michael Curry desde la iglesia de Santa María la Virgen [St. Mary the Virgin], Nueva York, Nueva York. Este sermón fue grabado con antelación para incluirlo en el culto a distancia de la Iglesia el 9 de abril de 2020

Este sermón se puede ver en cualquier momento haciendo clic aquí.
El video aparece en la sección de "Semana Santa 2020" en la parte inferior de la página web. Busque dónde cambia el fondo de la página web de blanco a negro.

 

Iglesia de Santa María la Virgen
Jueves Santo
9 de abril de 2020

Michael B. Curry

 

Y ahora en el nombre de nuestro Dios, amoroso, liberador y vivificador, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Les saludo en el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y les traigo saludos en este Jueves Santo de sus hermanos y hermanas que constituyen la Iglesia Episcopal, dondequiera que estén. ¡Cómo desearía que pudiera estar con ustedes físicamente, pero estamos juntos en el espíritu, y es bueno reunirnos en nombre de Dios de cualquier manera!

Permítame ofrecerles un texto, un texto que proviene del Evangelio de Juan, la visión de Juan de lo que estaba sucediendo en esa última cena, esa cena donde Jesús celebró y conmemoró la primera Eucaristía: "Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre".

Esa noche, cuando lavó los pies de sus discípulos y dijo: “Como les he hecho a ustedes, así deben hacerlo los unos a los otros”. Esa noche, cuando compartió con ellos sus últimas reflexiones antes de sacrificar su vida en la cruz, en el capítulo 15 de Juan esto es lo que dijo: “Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto, separados de mí no pueden ustedes hacer nada”. Luego continúa diciendo: “Así como el Padre me ha amado, yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos dan mucho fruto. como el Padre me ha amado, yo también les he amado. Ahora permanezcan en mi amor ".

Varios capítulos del evangelio de Juan, del 13 al 17, están dedicados a que Juan reflexione y escuche profundamente lo que Jesús dijo, quiso decir e hizo en la Última Cena. Raymond Brown, en su comentario magistral sobre el Evangelio de Juan, dice que Juan ha diseñado esta Última Cena a la manera de la última voluntad testamentaria de un gran maestro, de un noble, de un gran espíritu del mundo antiguo. Tomó ese modelo y lo usó para amplificar a Jesús, dándoles a sus discípulos esas enseñanzas que puedan tranquilizarlos en días arduos y difíciles, esas enseñanzas que los conducirán y los orientarán y los ayudarán en el camino. Es en estos capítulos, del 13 al 17, sólo unas horas antes de encontrarse en ese huerto solitario para ser traicionado, solo horas antes de ser entregado a aquellos que lo tomarían prisionero, sólo horas antes de los juicios, sólo horas antes de la ejecución, sólo horas antes de su muerte. Si atienden detenidamente lo que Jesús les enseña, dos cosas se destacan.

Una, la clave de esta vida, de esta manera en que él enseña, es una relación profunda y orgánica, vital con él, con Jesús. Yo soy la vid ustedes son las ramas Como yo vivo, así deben vivir. Como yo amo, así deben amar. Dejen que mi vida viva en ustedes. Dejen que mi forma de vida sea vuestra forma de vida. Como nos enseñó Santa Teresa, sé tú mis manos, mis pies, mi corazón, mi vida en el mundo. Cuando la gente te vea, deja que me vean. Yo soy la vid; ustedes son las ramas. Coman mi cuerpo, tómenlo. Beban mi sangre, tómenla. Que mi vida infunda tu vida. Permanece en mí tanto como yo soy tú.

Pero luego continúa y dice algo más. Enfatiza esta relación con él como el camino hacia el corazón de Dios, para aquellos que seguirían sus caminos, pero luego dice algo en esta cena en el Evangelio de Juan. Dice: “Un nuevo mandamiento les doy”, no una nueva posibilidad, ni algunas sugerencias nuevas, ni un nuevo pensamiento filosófico. “Les doy un nuevo mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor”. Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos, y yo los he llamado mis amigos. Un nuevo mandamiento que se amen unos a otros. Mientras lava los pies de sus discípulos, amor. Mientras Judas se desliza fuera de la habitación para traicionarlo, amor. Lo que vas a hacer, hazlo pronto. Amor.

Cuando Pedro declara que lo defenderá y estará junto a él, Jesús conoce a Pedro bastante bien como para saber que no puede cumplir esa promesa, amor. Cuando sale de ese aposento alto y entra en el huerto y suda y reza: “Pasa de mí esta copa, pero no sea mi voluntad sino la tuya”, amor. Cuando Judas se acerca y lo besa, el beso de la traición, amor. Cuando los soldados lo sujetan por los brazos y se lo llevan arrestado, amor. Cuando lo arrojan a una celda de la cárcel, amor. Cuando lo llevan ante varios tribunales desde un Sanedrín a Herodes y de ida y vuelta, en juicios y audiencias, condenándolo por nada que él hubiera hecho, amor. Cuando Pilato se sienta en el pretorio, “¿Eres un rey? ¿Qué es la verdad?” “Mi reino no es de este mundo”, dice, amor. Y cuando los soldados se lo llevan bajo las órdenes del imperio para ser ejecutado, amor.

La vieja canción dice: "Oh, él nunca musitó ni una palabra, sólo amor". Cuando le martillan los clavos a través de las muñecas y las manos que sólo ayudaron y sanaron, amor. Cuando es alzado en una cruz, amor. Se desangra hasta morir, amor.

Padre, perdónalos.

Mujer, he ahí tu hijo.

Dios mío, Dios mío ¿por qué?

Hoy estrás conmigo en el Paraíso.

Tengo sed.

Consumado es.

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Amor.

Porque el Evangelio de Juan dice: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito. Para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Amor. Desinteresado, sacrificial, este es el camino, el camino de la cruz, el camino de Dios, el camino de la vida.

Hace algunos años, cuando era obispo de la Diócesis de Carolina del Norte, acompañé al obispo Rob O'Neill, obispo de Colorado, el entonces obispo de Colorado, a representar a la Iglesia Episcopal en la entronización del nuevo arzobispo de Burundi, en el este de África. Esto fue ya hace unos cuantos años. Burundi, en medio de Ruanda, Tanzania y el Congo, había conocido la misma violencia y guerra civil entre tutsis y hutus que se vivió en Ruanda. Fuimos poco después de que hubo un acuerdo de paz, un acuerdo de paz frágil, pero un acuerdo de paz. Volamos allí en [un gesto de] amistad entre nuestra Iglesia y la Iglesia de Burundi.

Salimos de Nairobi por aire hacia Bujumbura, la capital, nos acercamos a la ciudad de Bujumbura, una ciudad y un país que habían estado en guerra civil durante 10 años. Sobrevolamos la ciudad y, al acercamos, podía verse la ciudad abajo. Era un montón de escombros. Era como las lamentaciones del Antiguo Testamento, cuán desolada, una ciudad que alguna vez estuvo llena de gente. Cuando finalmente aterrizamos, nos encontramos allí con representantes de la diócesis y de la Iglesia, y nos llevaron a un hotel donde nos hospedamos. Al día siguiente tuvo lugar la gran celebración de los cristianos anglicanos y otros líderes religiosos y funcionarios del gobierno que asistieron a la instalación del nuevo arzobispo anglicano de Burundi. Los obispos de Burundi estaban representados en su Cámara de Obispos, los que una vez habían estado en la guerra civil entre tutsis y hutus, integraban la única Cámara de Obispos. En Cristo no hay este ni oeste. En Él, no hay sur ni norte, sino una gran hermandad de amor en toda la tierra.

Bueno, la ceremonia continuó y el nuevo obispo fue entronizado. Después de la ceremonia y de la maravillosa comida de la Unión de Madres, el Arzobispo nos llevó, al Obispo O'Neill y a mí, a hacer un recorrido por la capital. Subimos a una colina como si estuviéramos sentados en la eminencia que domina Jerusalén, sólo que ahora estábamos mirando a Bujumbura. “¡Qué solitaria se encuentra la ciudad que una vez estuvo llena de gente!”. El Arzobispo dijo algo que nunca he olvidado, señaló a la ciudad, en gran medida un montón de escombros, y dijo: “Este es el camino del hombre. Jesús nos ha enseñado otro camino. Debemos amarnos unos a otros, y así es como reconstruiremos nuestro país” .

Jesús tenía razón. Él tiene razón: “Un nuevo mandamiento que les doy, que se amen los unos a los otros. Como el Padre me ha amado, yo también los he amado. Porque Dios amó tanto al mundo que dio a Su hijo unigénito”, y este camino del amor es el camino de vida.

Dios les ama. Dios les bendiga. Que Dios nos sostenga a todos en esas todopoderosas manos de amor.

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Nancy Cox Davidge
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