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Sermón de Pascua del obispo primado Michael Curry del oficio transmitido en vivo desde la Catedral Nacional de Washington

April 12, 2020

Lo que sigue es el texto del sermón de Pascua del obispo primado Michael Curry  desde la Catedral Nacional de  Washington. Este sermón fue grabado con antelación para incluirlo en la transmisión en vivo del oficio de culto de la Catedral el 12 de abril de 2020

 

Día de Pascua, 12 de abril de 2020
Catedral Nacional de Washington
Rvdmo. Michael B. Curry

¡Es Pascua de todos modos!

Y ahora en el nombre de nuestro Dios, amoroso, liberador y vivificador, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Hay un antiguo himno de Pascua que dice:

“Ya la batalla terminó.
Cristo la muerte derrotó.
Canto de triunfo comenzó.
¡Aleluya!”

La Biblia, en el evangelio de Juan, capítulo 20, versículo 1, dice esto:
El primer día de la semana, muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro…

I

Es Domingo de Pascua.
Pero no lo parece. No huele como tal. Realmente no se percibe como tal. 
Pero es Pascua de todos modos.

Las iglesias están vacías.
No se ven lirios ni hay olor a lirios.
No hay niños vestidos con ropa nueva para el Día de Pascua
Cuando yo era niño recuerdo que todas las mujeres venían a la iglesia en Pascua con sombreros, blancos y rosados, adornados con flores y con frutas.
Nada de eso hay hoy.

Cuando eso sucedía, en esos tiempos,
Era Pascua.
Y lo sabíamos.

Y cantaríamos.
“El Señor resucitó”

Cantaríamos,
“¡Salve día feliz! Bendito y santo por siempre”.

Cantaríamos,
“Bienvenido el día de la resurrección”

Cantaríamos,
“Porque él vive, triunfaré mañana.”

Cantaríamos,
“Ya la batalla terminó.
Cristo la muerte derrotó.
Canto de triunfo comenzó.
¡Aleluya!”

Cantaríamos y aclamaríamos:
“¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! ¡El Señor en verdad ha resucitado! ¡Aleluya!”

Es Pascua.
Pero no lo parece.
No se siente como tal.
Ni siquiera huele como tal.
¡Pero es Pascua de todos modos!

Cierto, no hay conejito de Pascua en los centros comerciales..
Cierto, no hay cruces ahora adornadas con hermosas flores por los niños de la Escuela Dominical.
No hay bebés que lloran en las iglesias, ni niños inquietos, ni viejos y jóvenes que se apretujan en los asientos.

Los bancos están vacíos.
La iglesia está silenciosa.
Incluso las trompetas de los grandes órganos, si es que resuenan, rebotan en los muros de los templos vacíos.
Porque hay enfermedad y adversidad en la tierra, hay muerte y destrucción, hay tristeza y miedo y ansiedad. Como solían decir los viejos esclavos, hay lloro y lamento.
¡Pero es Pascua de todos modos!

II

Piensen por un momento.
Esa primera Pascua. Fue Pascua, pero nadie lo sabía.

La Biblia dice que temprano en la mañana, María Magdalena se levantó y fue a la tumba cuando aún estaba oscuro. Estaba oscuro y no estaba exactamente segura de cómo llegar allí, pero fue de todos modos. No sabía que había de cierto en los rumores sobre los soldados, que habían sido apostados para proteger la tumba y evitar que alguien hiciera algo, no sabía si eso era verdad. Sabía que habían rodado una piedra frente a la entrada de la tumba. Pero ella se levantó y fue de todos modos.

El Evangelio de Lucas dice que María de Magdala y varias otras mujeres eran mujeres acomodadas, que en realidad ayudaron a financiar y pagar las cuentas, por así decir, de ese movimiento de Jesús. Jesús la había tocado a ella y a sus vidas y ella nunca lo olvidó. Ella lo amaba. Ellas lo amaban. En realidad estaban viviendo el amor que él les había enseñado porque lo habían oído. Habían oído lo que él enseñaba.

Ellas le había oído decir, "Bienaventurados los pobres en espíritu".

Ellas le había oído decir, "Bienaventurados los pacificadores".

Ellas lo habían oído.

Ellas le habían oído decir, "Bienaventurados los que padecen hambre y sed, para que la justicia equitativa de Dios pueda prevalecer en todo el mundo"

Ellas le habían oído decir, "Haz a los demás lo que quieras que los demás hagan contigo".

Ellas le habían oído decir, "Amen a sus enemigos. Bendigan a quienes les maldicen".

Ellas le habían oído decir, "Les doy un nuevo mandamiento, que se amen unos a otros".

 

Y María y esas mujeres seguidoras de Jesús estaban allí cuando estaba muriendo en la cruz y lo vieron amar, incluso en la muerte.

 

Probablemente le oyeron decir, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".

Probablemente le oyeron clamar, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado".

Y luego lo oyeron cerciorarse de que cuidaban a su madre, "Mujer, he aquí a tu hijo, he aquí a tu madre”.

Lo oyeron cuando le dijo a ese ladrón revolucionario que estaba a su lado: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Le habían oído exclamar "Tengo sed. Consumado es. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

 

Ellas lo habían escuchado.

Aprendieron de él y vieron en él, como dice ese viejo himno: "Un amor que no los dejaría”. “Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo. Este es el camino a la vida".

Ellas habían escuchado. Ellas habían asimilado.
 

Y entonces María y esas mujeres se levantaron en medio de la noche, sin saber con certeza qué estaba pasando, sólo haciendo lo que hace el amor. El amor no puede cambiar el hecho de la muerte, pero el amor puede vivir a través de ella y así vencer la muerte. De manera que se levantaron y fueron a la tumba solo para hacer lo que hace el amor. No entendían lo que pasaba. Simplemente hicieron lo que hace el amor. Fueron a cerciorarse, como la gente solía decir, “Cerciorarse de que Jesús tuviera un entierro apropiado”. Fueron a ungir su cuerpo y a cerciorarse de que el sudario de lino aún estuviera limpio y darle uno nuevo si fuera necesario. Fueron a la tumba esa mañana, solo para hacer lo que hace el amor.

Ellas no lo sabían. Realmente no sabían que la Pascua había tenido lugar. Él había sido resucitado de los muertos. Estaba vivo, renovado, transformado, no como un muerto viviente. Estaba vivo, renovado, era el comienzo de la nueva creación. Estaba vivo, pero ellas no lo sabían.

Era Pascua, pero no lo parecía.
No olía como tal.
No se percibía como tal.
Pero era Pascua de todos modos.

III

Sigan conmigo. Lo sorprendente fue que realmente era Pascua. Jesús realmente estaba vivo. Dios había estado de alguna manera tras bastidores todo el tiempo, obrando a través del caos. Simplemente no lo sabían.

Todo lo que María sabía era que Jesús estaba muerto. Ella sabía dónde estaba enterrado. Ella sabía que la piedra estaba allí. Ella sabía que podría haber guardias allí. Ella sólo sabía dónde estaba enterrado y se levantó para hacer lo que hace el amor. Y cuando llegó allí, descubrió que la tumba estaba vacía. Habían movido la piedra. Los soldados no estaban allí. Lo que María no sabía, era que la Pascua había tenido lugar de todos modos, a pesar de lo que sus ojos podían ver, sus oídos podían oír, su nariz podía oler, sus manos podían tocar. La Pascua había tenido lugar de todos modos, y tal vez ese es el camino de Dios, que de alguna manera, detrás de bambalinas, de modos que quizás no entendamos plenamente en el momento, Dios está allí. Y no solo allí, sino de alguna manera obrando incluso en medio del desastre.

El salmista en las escrituras hebreas, Isaías, dice: "Ciertamente, Dios, tú eres un Dios que se esconde".

En el siglo XVIII, William Cowper, poeta cristiano e himnógrafo, lo expresó así:

Dios se mueve de un modo misterioso.
Sus prodigios al realizar.
Con sus plantas huella la tormenta
Y camina sobre el mar.

Sencillamente, este parece ser el camino de Dios.

Uno de mis poemas favoritos del siglo XIX es de James Russell Lowell, que participó activamente en el movimiento para terminar con la esclavitud y en los movimientos para corregir graves errores, que se mantuvo firme cuando todo parecía estar en contra, y quien escribió un poema en el que dijo

La verdad puede estar siempre en el cadalso
La  mentira puede estar siempre en el trono,
Pero ese cadalso influye en el futuro
Y detrás de lo ignoto borroso
Se alza Dios en medio de las sombras
Velando por lo suyo

La Pascua había tenido lugar. María no lo sabía, pero hizo lo que el amor hace de todos modos. Se levantó, fue a la tumba para hacer lo que hace el amor. Y aunque ella y las otras mujeres no lo sabían en ese momento, porque estaban actuando movidas por su amor a Jesús, su confianza en él, incluso cuando no lo entendieran, encontraron sus vidas alineadas con la vida misma de Dios. El Dios que dice la Biblia que es amor. Y al hacerlo, descubrieron la fe, la esperanza y, finalmente, María realmente vería a Jesús vivo, resucitado de entre los muertos.

El difunto Howard Thurman fue posiblemente uno de los grandes maestros espirituales, por así decir, del siglo XX. Fue un asesor cercano, entre bastidores, del Dr. Martin Luther King. Y fueron en gran medida Howard Thurman y el difunto rabino Abraham Joshua Heschel, quienes, entre bastidores, fueron consejeros espirituales y discretos de King en algunos de sus momentos más sombríos. Thurman escribió un libro titulado Jesús y los desheredados [Jesus and the Disinherited]. El Dr. King llevaba consigo un ejemplar de ese libro adonde quiera que iba. En ese libro, [Thurman] cuenta una experiencia de cuando él era un niñito que crecía en la Florida segregada, que crecía pobre en una comunidad rural.

Cuando llegó el cometa Halley, la gente no entendía lo que era este cometa y qué significaba, y la gente estaba asustada, ansiosa, sin saber qué hacer. La tienda en la calle donde creció Thurman vendía píldoras de cometas que supuestamente lo inmunizarían a uno del cometa. Pero la mayoría de la gente estaba atemorizada. Una noche tarde, Thurman estaba en la cama y su madre vino y lo sacó de la cama y le preguntó si quería ver el cometa en el cielo. Entonces se levantó y salió con su madre, miró hacia el cielo oscuro y vio este cometa ardiendo en lasa alturas. Y él le dijo: “Mamá, ¿vamos a morir?” Y ella simplemente le contestó: “Dios cuidará de nosotros”.

Más tarde él escribió:

“¡Oh, madre mía de corazón sencillo, en un glorioso momento pones tu corazón en la máxima afirmación del espíritu humano! Muchas cosas he visto desde esa noche. En incontables ocasiones he aprendido que la vida es dura, tan dura como el acero del crisol; pero a medida que han pasado los años, el poder majestuoso de las radiantes palabras de mi madre ha vuelto una y otra vez, superando su canto rítmico en mi propio espíritu. Aquí están la fe y la conciencia que vencen el miedo y transforman el miedo en el poder de luchar, lograr y no ceder ”.*

Puede que no parezca Pascua.
Puede que no huela a Pascua.
Puede que ni siquiera parezca Pascua,
Pero es Pascua de todos modos.

Y confiando en eso, podemos lograrlo.
Una cancioncilla lo expresa de este modo.

(cantando)

Él tiene todo el mundo en sus manos,
Él tiene todo el mundo en sus manos,
Él tiene todo el mundo en sus manos,
Él tiene todo el mundo en sus manos.

Dios les ama. Dios les bendiga. Que Dios nos sostenga a todos en esas todopoderosas manos de amor. Es Pascua. Amén.

 

 

 

*Jesus and the Disinherited por Howard Thurman
Copyright © 1976 Howard Thurman
Reimpreso con permiso de Beacon Press, Boston Massachusetts

 

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