Public Affairs

January 8, 2021

Mensaje a la Iglesia del obispo primado Curry: ¿Quiénes seremos?

 

El obispo primado de la Iglesia Episcopal, Michael Curry, ha dirigido el siguiente mensaje a la Iglesia.

El mensaje del Obispo Primado puede verse aquí.
Lo que sigue es una transcripción de sus palabras:

Y ahora en el nombre de nuestro Dios, amoroso, liberador y vivificador, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

En otro momento de crisis nacional, otro momento de peligro para nuestra nación, el 4 de marzo de 1865, Abraham Lincoln concluyó su segundo discurso inaugural con estas palabras:

Con malicia hacia nadie, con caridad para todos, con firmeza en lo justo, según Dios nos da para ver lo justo, esforcémonos en terminar la obra en la que estamos enfrascados:  vendar las heridas de la nación, cuidar de quien llevó la carga de la batalla, y por su viuda y su huérfano , y hacer todo lo que pueda lograr y preservar una paz justa y duradera, entre nosotros mismos y con todas las naciones.

Lincoln supo en ese momento, en el momento de una crisis nacional, un momento de gran peligro, que ese momento era un momento decisivo, cuando una nación, cuando un pueblo debe decidir quiénes seremos? ¿Qué clase de nación, qué clase de pueblo seremos? Cien años después, Martin Luther King enfrentó la misma realidad. ¿Quiénes seremos? El movimiento de derechos civiles estaba menguando. Las grandes victorias que se habían ganado, se habían ganado. Y, sin embargo, ahora las cuestiones de la pobreza y la desesperanza y disparidades económicas alzaban sobre la nación un fantasma imponente. Estábamos en guerra.

Estábamos en guerra en otro país, pero había guerra en nuestras calles. La nación estaba profundamente dividida. Ciudades que ardían. Había disturbios. Disturbios en convenciones nacionales de partidos políticos. El futuro de la nación estaba en duda, y fue entonces cuando el Dr. King se dio cuenta de que, en momentos de peligro, se debe tomar una decisión. Y tituló su último libro, ¿Adónde vamos: caos o comunidad? Creo como él creyó, como lo creyó Abraham Lincoln, como yo creo que ustedes creen, que debemos elegir la comunidad. El caos no es una opción. La comunidad es nuestra única esperanza.

La verdad es que el Dr. King habló a menudo de todo lo que hizo y por lo que laboró con el propósito de comprender lo más posible de la Amada Comunidad de Dios en esta tierra. Habló de la Amada Comunidad, de la Biblia, del Nuevo Testamento. Jesús habló del reino, o del reinado de Dios. Jesús nos enseñó a orar, a trabajar y a laborar por esa Amada Comunidad, ese reino del amor de Dios en nuestro tiempo y en nuestro mundo: venga tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Esas son las órdenes que nos da Jesús mismo.

Soy seguidor de Jesús de Nazaret porque creo que su forma de amar y su forma de vida es la forma de vida de todos nosotros. Creo que el amor desinteresado y sacrificado, el amor que busca el bien y el bienestar y la prosperidad de los demás, así como los de uno mismo, es el camino que puede llevarnos y guiarnos para hacer lo que es justo, hacer lo que es correcto, hacer lo que es misericordioso. Es el camino que puede conducirnos más allá del caos a la comunidad.

Ahora, sé muy bien que esto puede sonar ingenuo para algunos, idealista para otros, y lo entiendo. Y, sin embargo, quiero afirmar que el camino del amor que conduce a la amada comunidad es el único camino de esperanza para la humanidad. Piensen en la alternativa. La alternativa es el caos, no la comunidad. La alternativa es el abismo de la anarquía, del caos, del odio, del fanatismo, de la violencia, y esa alternativa es impensable. Hemos tenido visiones dantescas de esa alternativa. Lo vimos en Charlottesville hace apenas unos años cuando los neonazis marcharon por las calles de una ciudad estadounidense, coreando: «Los judíos no nos reemplazarán». Esa alternativa es impensable. Lo vimos en Minneapolis-St. Paul, donde un agente de la seguridad pública le plantó la rodilla en el cuello a otro ser humano, un hijo de Dios, tal como lo era, y apagó el aliento de vida que Dios le dio. La alternativa es impensable.

Y lo hemos visto este miércoles pasado, cuando un monumento a la democracia, el Capitolio de los Estados Unidos de América, fue profanado y violado con violencia por unos vándalos. Se perdieron vidas. Una nación resultó herida. La democracia misma estuvo amenazada. Mis hermanos y hermanas, esta forma de amor que Jesús nos enseñó cuando dijo: «Ama al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo». Esta forma de amor que Moisés enseñó incluso antes que Jesús. Esta forma de amor desinteresado y sacrificado, es la forma de redimir a una nación, de salvar un mundo. Es el camino de la esperanza para todos nosotros. Pero no cometan el error de pensar que hablo de un amor sentimental y emotivo.

Jesús habló del amor de manera más consecuente cuanto más se acercaba a la cruz. Este camino del amor es el camino del sacrificio, el camino del altruismo, el camino del altruismo que busca el bien del otro tanto como el propio. Y ese es el camino de la cruz, que es el camino de la vida. Y si no me creen, pregúntenle a otro apóstol del amor. No al Dr. King, no a Abraham Lincoln, pregúntenle al arzobispo Tutu. Pregúntenle a quien ha dado su vida por la causa del amor de Dios a la manera de Jesús. Pregúntenle; pregúntenle mentalmente a Nelson Mandela. Pregúntenles cómo es el amor. Ellos supieron que el camino del amor era el único camino que podía conducir a Sudáfrica de lo que podría haberse convertido en una sangrienta pesadilla y una guerra civil a la forma en que podría construirse una nación.

Y eso no fue sentimental. Recuerden la verdad y la reconciliación. Tuvieron que enfrentarse a verdades dolorosas. Tenían que hacer lo que era justo y misericordioso. Tenían que hacer lo que dijo el profeta Miqueas, que la motivación y la guía era el amor. El arzobispo Tutu dijo esto:

Amar, perdonar y reconciliarnos con nuestros enemigos o con nuestros seres queridos no se trata de fingir que las cosas son diferentes de lo que son. No se trata de darse palmaditas en la espalda o de hacerse de la vista gorda ante el mal. La verdadera reconciliación expone lo terrible del abuso, del dolor, de la verdad. Incluso a veces podría empeorar las cosas durante un tiempo. Es una empresa arriesgada, pero al final vale la pena, porque al final sólo una confrontación honesta con la realidad puede producir una auténtica recuperación. La reconciliación superficial solo trae recuperación superficial.

Este es el camino del amor que puede curar nuestras heridas, que puede curar nuestra tierra, que puede ayudarnos a convertirnos en una nación bajo el amparo de Dios, indivisible con libertad y justicia para todos. Entonces, les pediría que hicieran dos cosas. Les pido que hagan un compromiso, un compromiso renovado, que vivan el camino del amor como Jesús nos ha enseñado y que lo hagan comprometiéndose a salir y bendecir a alguien. Bendigan a alguien con quien no estén de acuerdo. Bendigan a alguien con quien estén de acuerdo. Pero salgan y bendigan a alguien ayudando a alguien en el camino. Salgan y bendigan a alguien escuchando su historia y su vida. Salgan y sean instrumentos de la paz de Dios, agentes del amor de Dios.

Y luego les pediría que oren. Oren por esta nación, pero oren con alguna  especificidad. Oren para que tengamos la sabiduría y el valor para amar.

Dios de gracia, Dios de gloria,
Danos presto tu poder;
a tu antigua Iglesia adorna
con un nuevo amanecer.
Danos luz y valentía,
en la hora del deber.
     - Harry Emerson Fosdick, trad. de Federico J. Pagura

Con malicia hacia nadie, con caridad para todos, con firmeza en lo justo, según Dios nos da para ver lo justo, esforcémonos en terminar la obra en la que estamos enfrascados:  vendar las heridas de la nación, cuidar de quien llevó la carga de la batalla, y por su viuda y su huérfano , y hacer todo lo que pueda lograr y preservar una paz justa y duradera, entre nosotros mismos y con todas las naciones.

Dios les ama. Dios les bendiga. Y que Dios nos sostenga a todos en esas poderosas manos de amor.

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Nancy Cox Davidge
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