La Iglesia Episcopal, la Iglesia Evangélica Luterana en América y la Iglesia de Suecia (Luterana) renuevan el compromiso de “unirse en el cuidado de la creación”.

October 17, 2019

El 24 de septiembre, luego de un evento interreligioso en Nueva York, Nueva York, para abordar el cambio climático, La Iglesia Episcopal, la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA) y la Iglesia de Suecia (Luterana) emitieron un comunicado delineando el llamado de las iglesias “a unirse en el cuidado de la creación”.

Esta declaración conjunta, firmada por el Obispo Presidente de La Iglesia Episcopal Michael B. Curry, la Obispa Presidente de ELCA Elizabeth A. Eaton y el Arzobispo de la Iglesia de Suecia (Luterana) Antje Jackelén, representa un compromiso renovado entre las tres denominaciones para trabajar juntos en el tema del cambio climático. Esta promesa comenzó en 2013 con la firma de una declaración conjunta al concluir el evento Sosteniendo la esperanza frente al cambio climático en Washington, D.C.

A continuación el texto de la declaración del 24 de septiembre:

Un llamado a unirse al cuidado de la creación
La Iglesia Episcopal, la Iglesia Evangélica Luterana en América y la Iglesia de Suecia (Luterana)

Durante varios años, La Iglesia Episcopal, la Iglesia Evangélica Luterana en América y la Iglesia de Suecia (Luterana) han respondido con creciente urgencia a los daños que se infligen a la Tierra, nuestro hogar común. La intensidad de los desafíos se hace cada vez más evidente, y el vínculo del cambio climático sin precedentes con la acción humana se basa ahora en una evidencia científica insuperable. En las sociedades humanas, estos cambios climáticos agravan las injusticias sociales, afectando desproporcionadamente a los más vulnerables entre nosotros con inseguridades de alimentos, medios de subsistencia y espacio vital. Sin embargo, las cargas no son soportadas solo por los humanos: la aceleración en la desaparición de especies de plantas y animales subraya las luchas entrelazadas de toda la vida en la Tierra, y la explotación destructiva de los recursos deja un planeta disminuido para siempre.

Mientras observamos la Estación de la Creación, renovamos el llamado para que nuestras iglesias trabajen juntas por el bien de la Tierra y construyan colaboraciones siempre que sea posible, tanto con otras comunidades de fe como con diversos agentes en nuestra sociedad civil. Ahora es el momento de que la ciencia, la política, los negocios, la cultura y la religión, todo lo que es una expresión de dignidad humana, aborden juntos este tema crítico para nuestro tiempo.

Reclamamos los recursos profundos de nuestra fe cristiana para este trabajo. Adoramos a un Dios que creó todo lo que existe, que se regocija en su florecimiento y bendice su diversidad. Seguimos a Jesucristo, él mismo uno de nosotros “criaturas de la tierra”, que al morir entró profundamente en el sufrimiento mortal y que al resucitar da esperanza para la renovación y restauración de todo lo que Dios ha hecho. Estamos inspirados por el Espíritu divino, íntimamente presente en toda la creación, que nos da la fuerza, la sabiduría y la perseverancia para unirnos en la obra del “aquí y ahora” de Dios para sanar el quebrantamiento de nuestro hogar dolorido.

Reconocemos que estas afirmaciones centrales de nuestra fe no han guiado a nuestras iglesias como deberían. Hemos tardado en reconocer la urgencia de esta crisis, adormecidos por tradiciones de honrar la vida humana a expensas de otra vida, y lentos por completo para integrar el cuidado de la creación en el camino del amor a Dios y al prójimo. Nos hemos apartado de nuestro propio papel en la degradación del medio ambiente, aferrándonos lo más posible a estilos de vida de desperdicios insostenibles y al uso excesivo, incluso mientras otros sufren de falta de necesidades. Además, las culturas mayoritarias han ignorado las ideas de los hermanos indígenas entre nosotros, que con demasiada frecuencia se ven profundamente afectados por el cambio climático, aun cuando tienen prácticas espirituales y sabiduría que pueden ayudar al pueblo de Dios a caminar por un curso más sostenible y más amoroso.

Afirmamos que, con la guía de Dios, podemos mejorar para hacer frente a esta cuestión crítica de nuestro tiempo. Reconocemos la extrema urgencia de este momento no a través de las lentes de la desesperación, sino a través de las lentes de la esperanza y la determinación. Es fundamental para nuestro santo llamado guardar como un tesoro la Tierra y cuidarla como nuestro hogar común. Este compromiso no compite con nuestro trabajo por la justicia social dentro de las comunidades humanas, sino que lo rodea.

Específicamente, nos comprometemos a trabajar juntos para permitir que los compromisos comunes y los diferentes contextos de nuestras iglesias desafíen, inspiren, complementen y fortalezcan el testimonio de los demás.

  1. Abogaremos por políticas y regulaciones nacionales e internacionales que permitan la transición a sociedades resistentes a la neutralidad del carbono de manera atenta a las muchas dimensiones de la justicia climática.
  2. Continuaremos con los esfuerzos de educación y promoción que atiendan a los más vulnerables, cuyas necesidades deben anteponerse a las de los más privilegiados.
  3. Sensibilizaremos a nuestras iglesias promoviendo el uso de recursos de educación, religiosos y acción disponibles a nivel local, regional, nacional y global.
  4. Buscaremos una comprensión más profunda, a través de la oración y la escucha de experiencias en nuestras propias comunidades y con otros, sobre las formas en que puede abordarse el consumo excesivo y sobre los diversos impactos del cambio climático.
  5. Crearemos múltiples colaboraciones: mediante el apoyo y la cooperación con nuestras comuniones internacionales, mediante el diálogo interreligioso y la promoción compartida, a través de organizaciones nacionales e internacionales y con todos los demás que tratan de abordar el cambio climático.
     

La Iglesia Evangélica Luterana en América Obispa Presidente Elizabeth A. Eaton
La Iglesia de Suecia (Luterana) Arzobispo Antje Jackelén
El Obispo Presidente de La Iglesia Episcopal Michael B. Curry

 

La traducción al sueco está aquí.