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Hábitos de gracia, 13 de abril de 2020: una invitación para ti, del obispo primado Curry

April 13, 2020

Mientras aprendemos a ajustar nuestras vidas dada la realidad del coronavirus y atendemos la solicitud de hacer nuestra parte para frenar su propagación practicando el distanciamiento social, les invito a que se unan a mí cada semana para dedicar un momento a cultivar un «hábito de gracia».  Una nueva meditación se publicará todos los lunes hasta mayo. Estas meditaciones pueden verse en cualquier momento haciendo clic aquí.

 

13 de abril de 2020:  Todos pertenecen a esta familia de Dios

 

 

Parece que la tormenta ha pasado y el sol ha salido, al menos por un rato. Es el día después, por así decir, el lunes de la semana de Pascua. Jesús resucitó de entre los muertos. El milagro ha sucedido. Aleluya, Cristo ha resucitado. El Señor en verdad ha resucitado. Cuando serví como sacerdote en Winston-Salem, Carolina del Norte, en la década de 1970, quedé impuesto de una costumbre, antigua y venerable, que era parte de la tradición de la comunidad morava, de la que había un gran asentamiento allí en Winston-Salem. En el viejo Salem, cerca de la iglesia de Salem, cerca de la [llamada] Parcela de Dios, el cementerio moravo de allí, temprano en la mañana, antes de la salida del sol, la comunidad morava y otros amigos y simpatizantes se reúnen el Domingo de Pascua en la mañana antes de que salga el sol. Y allí tiene lugar el culto del amanecer de Pascua.

Comienza con estas palabras: “El Señor ha resucitado. Salve, salve, victorioso Señor y Salvador, has roto los lazos de la muerte” y comienza la música y la congregación desfila en procesión de la iglesia al cementerio, a la Parcela de Dios. Y cuando ves el cementerio moravo, no hay mausoleos. No hay diferencias. Son lápidas dignas, como en un cementerio militar. Todos tienen la misma lápida con su nombre y sus datos, pero no hay diferencia, ya que el cementerio en sí es un recordatorio de nuestra igualdad ante el Dios omnipotente que nos creó a todos.

No muchas horas antes de que Jesús sacrificara su vida, y solo unos días antes de que fuera resucitado de los muertos, dijo esto a sus discípulos reunidos: “El juicio de este mundo ha llegado ya, y el príncipe de este mundo va a ser expulsado. Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mi mismo”. Dios vino entre nosotros en la persona de Jesús para reconciliarnos con Dios y reconciliarnos unos con otros. Para ayudarnos y mostrarnos el camino para convertirnos en la familia humana de Dios y mostrarnos que esa es la misión de Dios. Ese es el sueño de Dios y esa es la intención de Dios, y la Pascua es un recordatorio de que, junto con nuestra ayuda y apoyo, se hará la voluntad de Dios.

Hace algunos años, el arzobispo Desmond Tutu dijo esto acerca de esa cita:

"Dios nos envió aquí para ayudarlo a realizar Su sueño de un mundo y una sociedad nuevos, amables, solidarios, compasivos, participativos. Dios dice ‘Cuando sea levantado de la tierra , atraeré a todos a mí mismo’. Por favor, ayúdenme a atraerlos a todos”.
Porque no hay forasteros ni extranjeros. Todos son íntimos, todos pertenecen, negros y blancos. Ricos y pobres. Jóvenes y viejos, hombres y mujeres, cultos e incultos, homosexuales y heterosexuales, todos pertenecen a esta familia de Dios. Esta familia humana, el pueblo del arco iris de Dios, y Dios no tiene a nadie más que a ti, a ti y a mí, para ayudarle a realizar Su sueño”.*

Aleluya. Cristo ha resucitado. El Señor en verdad ha resucitado. Amén.

 

 

*Citado en “The prodigal God”, en God at 2000, editado por Marcus Borg y Ross Mackenzie, Morehouse Publishing (2002). Usado con permiso.

 

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