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Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal: palabras de apertura del Obispo Primado

June 9, 2020

Lo que sigue es una transcripción de las palabras de apertura del obispo primado Michael Curry en el consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal que actualmente sesiona en una reunión virtual hasta el 11 de junio.

Consejo Ejecutivo
8 de junio de 2020
Palabras de apertura

En el contexto en el que nos encontramos, permítanme ofrecer algunas observaciones de apertura. Antes de hacer eso quiero dar las gracias al Secretario Barlowe y a la Oficina de la Convención General. Los miembros del Consejo pueden observar que se trata de un compromiso enorme el facilitar que nos podamos reunir de esta manera. Somos bendecidos y privilegiados de tener un equipo como ellos para hacer esto, y en su nombre les agradezco y doy gracias a Dios por ellos.

Permítanme también compartir un texto. Proviene del capítulo 40 de Isaías:

¿Acaso no lo sabes?
    ¿Acaso no te has enterado?
El Señor es el Dios eterno,
    creador de los confines de la tierra.
No se cansa ni se fatiga,
    y su inteligencia es insondable.
Él fortalece al cansado
    y acrecienta las fuerzas del débil.

Aun los jóvenes se cansan, se fatigan,
    y los muchachos tropiezan y caen;

 pero los que confían en el Señor
    renovarán sus fuerzas;
volarán como las águilas:
    correrán y no se fatigarán,
    caminarán y no se cansarán.

Cuando las cámaras se hayan ido, cuando la atención pública se haya desviado a otra parte, no debemos distraernos. El trabajo prosigue. La lucha continúa. Dios sigue siendo Dios. Y debemos mantener la fe. Estoy profundamente agradecido por el continuo testimonio, no solo de los episcopales, sino de personas de todas las religiones y de gente de buena voluntad y decoro en este tiempo en que vivimos. Pero debo decir que estoy particularmente agradecido de los miembros de esta Iglesia Episcopal, muchos de los cuales, obispos, clérigos y laicos, han salido a dar testimonio de Jesús y de su manera de amar, en protestas públicas, en acciones políticas y en la disposición a levantarse y hablar cuando podría ser más conveniente y cómodo permanecer en silencio.

Quiero señalar en particular a la gente de las diócesis de Georgia y Atlanta, a la luz de la muerte de Ahmaud Arbery. A la gente de la Diócesis de Kentucky, y el singular y discreto valor del obispo Terry White, a la luz de la muerte de Breonna Taylor. A la gente de la Diócesis de Minnesota, a la luz de la muerte de George Floyd. La gente de Washington, de la Diócesis de Washington y de la Iglesia de San Juan [St. John’s], en particular a la obispa Mariann Budde. Ella me recuerda el coraje de la reina Esther. A la gente de la Diócesis del Suroeste de Virginia, y a muchas de nuestras diócesis que ENS y otros [medios] han difundido de la manera en que han dado testimonio de Jesús, de sus enseñanzas, su ejemplo, su espíritu y su forma de amar en nuestras relaciones personales, en nuestras relaciones interpersonales, en lo social y en lo político. Quiero dar gracias a Dios por ellos.

Pero es importante recordar que las cámaras se irán. La atención pública se desviará a otra parte. Y no debemos distraernos. Dios sigue siendo Dios. El trabajo debe proseguir. La lucha debe continuar. Y debemos mantener la fe. Estas palabras de Isaías 40, si tengo el contexto correcto, provienen de un momento en que el pueblo de Dios había sido liberado. El Abraham Lincoln del mundo antiguo, también conocido como Ciro de Persia, liberó al pueblo judío de su cautiverio en Babilonia. Y luego fueron libres, por así decir, de volver a su patria. Al igual que la biografía de Nelson Mandela, fue un largo camino hacia la libertad. Y muchos se dieron por vencidos. Muchos no se fueron de Babilonia y simplemente se quedaron. Y un número más pequeño mantuvo el rumbo y siguió ese largo camino hacia la libertad.

La caminata de la libertad es siempre un recorrido largo y arduo, cargado de contratiempos, lleno de dificultades. Es esa caminata semejante a la que recorrió Jesús por la Vía Dolorosa, la Senda de los Dolores. Es ese trayecto, semejante a los que caminaron en Selma. Es esa caminata de los que tuvieron que recorrer el Sendero de las Lágrimas. Es el camino de aquellos que se levantaron y defendieron la libertad de cualquier hijo humano de Dios de cualquier tipo de cautividad que los oprimiera. Es un largo camino hacia la libertad, pero debemos recordar que aquellos que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas. Volarán como las águilas. Correrán y no se fatigarán. Y lo más importante, caminarán y no se cansarán. Cuando las cámaras se hayan ido, y la atención se haya desviado a otra parte, Dios sigue siendo Dios y nuestro trabajo prosigue. La lucha continúa. Y hermanas y hermanos, debemos mantener la fe.

En nuestra Convención General en 2015, tuvimos una especie de renovación del pacto, por así decirlo, al igual que Josué en Josué 24, cuando todas las tribus de Israel se reunieron junto al río para entrar en la tierra prometida. Fue una renovación del pacto de labor en el que esta Iglesia se ha comprometido durante años, la labor de la justicia y la reconciliación raciales. Volvimos a comprometernos de una manera más profunda con esa labor. Y dijimos que no íbamos a renunciar. Íbamos a mantener el rumbo. Asimismo, nos comprometimos con la obra de la evangelización, una forma particular de elevar a Jesús de Nazaret, sus enseñanzas, su ejemplo y su espíritu como el camino y el rostro de lo que es ser cristiano. Dijimos que íbamos a hacer ese obra y seguimos haciéndola. E incluso además de eso, sabiendo que nuestros brazos son cortos y nuestras manos pequeñas, nos comprometimos a hacer todo lo posible para salvar la creación de Dios, para salvar este mundo. Nos comprometimos a que esa sea la forma para todos nosotros de encarnar un movimiento de Jesús en nuestro tiempo, que se atrevería a presentar a Jesús de Nazaret como el rostro de lo que es ser cristiano, de lo que es seguir en el camino del amor de Dios.

Pero en nuestro tiempo, hemos visto falsas representaciones del cristianismo y el nacionalismo cristiano exhibiéndose donde todo el mundo las vea. Hemos visto el rostro flagrante de la brutalidad, de la brutalidad del racismo que a muy menudo es mucho más sutil, perniciosa, sistémica e institucional. Pero hemos visto su rostro brutal. Hemos presenciado desafíos fundamentales a los ideales de libertad, justicia y humana igualdad que son ideales fundamentales de Estados Unidos. A pesar de que Estados Unidos no siempre estuvo a la altura [de esos ideales], los ideales estaban ahí. Hemos presenciado desafíos fundamentales al tejido democrático de la sociedad estadounidense, algo que nunca pensé que viviría para ver. Hemos visto un virus despiadado, una plaga general, enfermedades y muertes y dificultades que en mayor o menor grado nos han tocado a todos, pero en particular a los más vulnerables entre nosotros. Y ha expuesto inequidades y males morales que no deberían existir en nuestro país o en nuestro mundo. Hemos visto un creciente peligro para la tierra misma. Y el fracaso de las naciones, incluida esta que amo, en defender a nuestra madre tierra. Gracias a Dios hay una niña en Escandinavia que está dispuesta a dar la cara. Cuando las cámaras se hayan ido, cuando la atención pública se haya desviado a otra parte, Dios seguirá siendo Dios y no debemos distraernos. El trabajo prosigue, la lucha continúa y debemos mantener la fe.

A principios de esta semana, me estaban entrevistando y he olvidado quién era el entrevistador, y me tomaron por sorpresa con una pregunta que en realidad no había previsto. El entrevistador dijo: «A la luz de todo esto, a la luz del hecho de que George Floyd era un hombre negro como Barack Obama, uno fue presidente de Estados Unidos y otro fue asesinado por un agente de Estados Unidos. A la luz de esa horrible paradoja de nuestra realidad, ¿qué le da a Ud. esperanza?» Y por un segundo, no tuve una respuesta, excepto que recuerdo que mi abuela solía decir: «Dios siempre tendrá un testigo. Dios siempre tendrá un testigo».

Y he visto algunos testigos. He visto testigos en esos manifestantes. La mayoría de ellos pacíficos, no violentos, ejerciendo su derecho constitucional a la libertad de reunión y a expresar sus preocupaciones. Los he visto. Pero más que eso, hemos protestado antes. Esta no es la primera vez que ha habido [protestas] ... Hubo protestas después de Ferguson. Hubo protestas después de Eric Garner. Hubo protestas después de Trayvon Martin. Ha habido protestas antes. Pero hay algo diferente respecto a ésta. Esta vez no se trata sólo de negros y de algunos blancos que protestan. Esta vez son los hijos del arco iris de Dios. Esta vez son blancos y negros y anglosajones y latinos. Es asombroso. Son homosexuales, son heterosexuales. Son Mitt Romney, un republicano. Esto es algo diferente. Y eso me da esperanza. Dios tiene un testigo y es multiétnico, es e pluribus unum. Son los hijos del arco iris de Dios que se unen para dar testimonio de que ya no queremos ser así. Queremos un mundo mejor. Queremos un Estados Unidos mejor. Que se levante el verdadero Estados Unidos. Que Estados Unidos sea realmente Estados Unidos. Una nación, sujeta a Dios, indivisible, con libertad y justicia, no para algunos, sino para todos.

Pero incluso si las multitudes y los manifestantes no estuvieran allí, incluso cuando las cámaras se hayan ido, incluso cuando la atención pública se haya desviado a otra parte, Dios seguirá siendo Dios, y nuestro trabajo prosigue. Nuestra lucha continúa. Y no renunciaremos. Nosotros, como Simón de Cirene en el Nuevo Testamento, cuando Jesús cayó bajo el peso de la cruz, recogió esa cruz, lo siguió y cargó la cruz.

Amén.

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Nancy Cox Davidge
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