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Cámara de Obispos de la Iglesia Episcopal, julio de 2020: Una palabra sobre la protesta y la vigilancia policial

August 4, 2020

La Cámara de Obispos se reunió virtualmente los días 28 y 29 de julio de 2020. La siguiente declaración se aprobó el 29 de julio. Si bien la situación sobre actual en Portland ha cambiado, los obispos creen que es importante compartir su declaración sobre la protesta y la policía: 

        ¡Bendito sea el Señor! *
                    me ha demostrado la maravilla de su amor en
                               ciudad sitiada. —Salmo 31:21

Los obispos nos reunimos virtualmente el 28 y 29 de julio en medio de una serie de acontecimientos públicos sin precedentes en Estados Unidos: una pandemia persistente que causa un gran sufrimiento físico, emocional y económico; continuas protestas por el uso de la fuerza letal de parte de la policía, especialmente en comunidades de color; y una investigación creciente sobre la profundidad y el alcance del racismo sistémico en nuestra vida e historia nacional. Cualquiera de estos sucesos constituiría una interrupción importante en la vida nacional estadounidense. La confluencia de todos ellos ha cambiado realmente el mundo y ha dejado a algunos enojados y a otros esperanzados.

Si hay un evento, [ocurrido] durante el lapso de tiempo en que nos reunimos, que resume todas las ansiedades y aspiraciones de los obispos de EE.UU. en la Cámara, es la situación en Portland, Oregón, y en otras ciudades. Incluso mientras sesionamos, las protestas, en su mayoría no violentas, en estas ciudades continúan, al igual que el despliegue allí de agentes federales anónimos y sin identificaciones.

Los episcopales nos mantenemos en una tensión creativa con respecto a la autoridad civil. Somos los herederos de la tradición de una Iglesia establecida, y en consecuencia es nuestra inveterada costumbre honrar al gobierno legítimo. Al mismo tiempo, seguimos a Aquel que desafió a la autoridad civil de su época.

Los conflictos nacionales e internacionales del siglo XX nos han enseñado el valor de la protesta y la desobediencia civil. El movimiento de derechos civiles de mediados del siglo XX se edificó sobre principios sociales cristianos. En palabras del Dr. Martin Luther King, Jr., «La protesta que infringe la ley no es una desviación de la democracia; es absolutamente esencial a ella».

Ciertamente, compartimos y entendemos la preocupación por la protección de la vida y la propiedad. Lo que nos preocupa es la naturaleza sin precedentes de la respuesta federal a una protesta en gran medida pacífica. Las fuerzas federales desplegadas en Portland y en otros lugares no están identificadas y patrullan en autos de alquiler camuflados. Detienen y arrestan a los manifestantes sin causa probable [y] son específicamente indeseados y rechazados por las autoridades civiles electas de los sitios donde se han desplegado.

Como obispos, servimos como líderes cívicos y como pastores. Nos preocupa tanto la salud de nuestra clase política como el sufrimiento y la injusticia que vemos en nuestras calles. Nos comprometemos tanto a abogar porque se mantenga la no violencia de parte de los manifestantes en Estados Unidos, como por el regreso de la autoridad policial a las agencias locales que son conocidas de los representantes electos del pueblo y responden a ellas. El respeto al estado de derecho se aplica a ambas partes: los manifestantes deben respetar la vida y la propiedad; Las autoridades deben cumplir con el debido proceso.

Estados Unidos no es la primera nación en enfrentar estos desafíos, y no será la última. Pero la Iglesia no puede permanecer callada cuando vemos un abuso tan flagrante del poder civil desplegado contra los que defienden la justicia y la paz y protestan contra el racismo institucional sistémico. En palabras de Dietrich Bonhoeffer, un teólogo que dio su vida por defender a los que desafiaron al poder inmisericorde disfrazado de autoridad legal: «el cristianismo se levanta o cae por su protesta revolucionaria contra la violencia, la arbitrariedad y la soberbia del poder, y por su defensa de los débiles».

Que todos, en nuestro testimonio compartido del amor, la justicia y la reconciliación proclamados y encarnados en Jesucristo, hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para devolver las calles de todas nuestras ciudades a la paz de la ciudad celestial hacia la cual nos dirigimos. Y en este momento de desafíos y oportunidades únicos, que sigamos teniendo ante nosotros la visión del amor y la justicia que inspirara a Jesús y a todos sus seguidores desde su día hasta el nuestro.

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