Palabra a la Iglesia del obispo primado Michael Curry: ¿Qué haría el amor?

April 29, 2020

Una palabra a la Iglesia respecto a la rubrica del amor durante la pandemia del COVID-19, del obispo primado de la Iglesia Episcopal:

En medio de esta pandemia del COVID-19, ahora estamos en otro de esos momentos límite cuando se deben tomar decisiones importantes y significativas en todos los niveles de nuestra comunidad global para el bien y el bienestar de toda la familia humana. En este momento, les pediría que me permitieran compartir con ustedes una Palabra a la Iglesia: ¿Qué haría el amor?

Una palabra a la Iglesia
Estación de Pascua de 2020 A.D.

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«¿Qué haría el amor?»

Cristo llama del tumulto
de este mundo pecador,
Cada día su voz llama
«ven, Cristiano, a tu Señor»[1]

En todo el Libro de Oración Común hay rúbricas, esas palabras pequeñas o en cursiva que no siempre nos llaman la atención, que proporcionan dirección y orientación sobre cómo se debe llevar a cabo una liturgia o un oficio. Las rúbricas nos dicen qué se debe hacer y qué se puede hacer. Nos limitan y nos dan libertad. Nos exigen ejercer nuestro juicio. Y cuando estamos en nuestro mejor momento, ejercemos este juicio bajo la rúbrica de amor de Dios

Jesús nos dice cosas tales como: Ama a tus enemigos, bendice a los que te maldicen, haz a los demás como te gustaría que te hicieran a ti, como hiciste con el más pequeño de estos que son miembros de mi familia, a mí me lo has hecho, Padre, perdónalos, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el primer y grande mandamiento, y el segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Jesús deja muy en claro que el camino del amor desinteresado y sacrificado — amor que busca el bien y el bienestar de los demás así como el propio— ese amor es la rúbrica de la vida cristiana. 

En nada se ve más claramente este rúbrica del amor que en el capítulo veintiuno del Evangelio según Juan:

Cuando terminaron de desayunar [los discípulos], Jesús le preguntó a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» «Sí, Señor, tú sabes que te quiero», contestó Pedro.«Apacienta mis corderos», le dijo Jesús. Y volvió a preguntarle:«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».«Cuida de mis ovejas». Por tercera vez Jesús le preguntó: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?»  Así que le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». «Apacienta mis ovejas», le dijo Jesús. «De veras te aseguro que cuando eras más joven te vestías tú mismo e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras ir».  Esto dijo Jesús para dar a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Después de eso añadió: «¡Sígueme!». (Juan 21:15-19)

La muerte de Jesús había dejado a sus seguidores desorientados, inseguros y confundidos, temerosos de lo que sabían y ansiosos por lo que no sabían. Pensando que el movimiento probablemente estaba muerto, los discípulos regresaron a lo que sabían hacer. Intentaron volver a la normalidad. Se fueron a pescar

Se pasaron toda la noche pescando sin coger nada. La normalidad no habría de volver. Cuando llegó la mañana, Jesús apareció en la playa, vivo, resucitado de entre los muertos. Él les preguntó: «Muchachos, ¿han pescado algo?» Ellos le respondieron: «No». Entonces les dijo que echaran la red al otro lado de la barca. Lo hicieron, y pescaron más peces de los que podían manejar. Y luego, Jesús los invitó a desayunar.

Después de haber alimentado a sus discípulos, Jesús se volvió hacia Pedro y tres veces le preguntó: «¿Me amas?» Tres veces Peter dijo: «Sí». Y Jesús dijo: «Apacienta mis corderos», «Cuida mis ovejas», «Apacienta mis ovejas». En esto, Jesús le dijo a Pedro cómo se ve el amor. Ama a Dios amando a tus prójimos, a todos ellos. Ama a tus enemigos. Alimenta al hambriento. Bendice a la gente. Perdónalas. Y sé amable contigo mismo. Sígueme. Puedes cometer errores, puede que no lo hagas perfectamente. Pero hagas lo que hagas, hazlo con amor. La verdad es que Jesús le dio a Pedro una rúbrica para la nueva normalidad: la rúbrica de amor de Dios.

En la actualidad, al igual que Pedro y los discípulos, debemos discernir una nueva normalidad. El COVID-19 nos ha dejado desorientados, inseguros y confundidos, temerosos de lo que sabemos y ansiosos por lo que no sabemos. Nuestra vieja normalidad ha sido trastocada, y ansiamos su regreso.

No digo esto desde un pedestal. Lo entiendo. Hay una gran parte de mí que quiere volver a enero de 2020 cuando nunca había oído hablar del COVID-19, y cuando solo pensaba en Contagio como una película. Mirando retrospectivamente a través de lo que sé que son lentes empañados por la pérdida, me encuentro recordando enero de 2020 como una «edad de oro».

Pero, por supuesto, enero de 2020 no fue perfecto, ni de cerca. Y de todos modos, no puedo regresar. Ninguno de nosotros puede regresar. Debemos avanzar. Pero no sabemos con certeza cuál será la nueva normalidad. Afortunadamente, la rúbrica de amor de Dios nos muestra el camino. 

En su libro El sueño de Dios [The Dream of God] la difunta Verna Dozier, que fue una mentora para mí, escribió:

La idea del Reino de Dios nos llama a arriesgarnos. Siempre vemos a través de un cristal empañado, y de eso se trata la fe. Viviré lo mejor que pueda discernir hoy. Mañana puedo descubrir que estaba equivocada. Puesto que no vivo para tener razón, no me destruye el equivocarme. El Dios revelado en Jesús, a quien llamo el Cristo, es un Dios cuyo perdón va delante de mí y cuyo amor me sostiene, a mí y a todo el mundo creado. Ese Dios rompe todas las definiciones de nuestras mentes pequeñas, todas las limitaciones de nuestros tímidos esfuerzos, todas las barreras de nuestras instituciones.[2]

La idea del Reino de Dios ya se está realizando. La rúbrica de amor de Dios ya está en vigor. He observado a obispos, sacerdotes, diáconos y laicos de nuestra Iglesia siguiendo a Jesús en las prácticas que constituyen su forma de amor y haciendo cosas que nunca imaginamos. La creatividad y la asunción de riesgos, aplicadas con amor, son asombrosas.

Hemos estado ensayando, cometiendo errores, aprendiendo, reagrupándonos, intentando de nuevo. Lo he visto. La Semana Santa y la Pascua tuvieron lugar de una manera que ninguno de nosotros soñó posible. Leí en voz baja la Oración Matutina, la Oración Vespertina y las Completas en línea con ustedes. He visto los comedores de beneficencia, las despensas y otros ministerios dedicados a la alimentación haciendo cuidadosamente su trabajo de manera sana y segura. [He visto] reuniones informales, estudios bíblicos y pequeños grupos de discipulado llevados a cabo vía Zoom. He visto a esta Iglesia defender la primacía moral del amor. Lo he visto, incluso cuando las preocupaciones de salud pública reemplazan a todas las demás consideraciones, incluido el culto presencial. Eso es valor moral. Quién sabe, pero ese amor puede exigirnos más. Pero no teman, sólo recuerden lo que solían decir los viejos esclavos: caminen juntos, hijos, y no se cansen, porque hay una gran acampada en la Tierra Prometida. Nos hemos visto haciendo lo que nunca pensamos que haríamos o podríamos hacer, porque nos atrevimos a hacer lo que Jesús nos dice a todos que hagamos.

A medida que nuestras formas de vida en el mundo del COVID-19 continúan cambiando, somos llamados a seguir siendo creativos, a arriesgarnos, a amar. Somos llamados a preguntarnos: ¿Qué haría el amor desinteresado y sacrificado?

¿Qué haría el amor? El amor es la comunidad rezando junta, en formas antiguas y nuevas. El amor encuentra un camino en esta nueva normalidad para construir comunidades eclesiales en torno a estar en relación con Dios. El amor apoya a los cristianos en las prácticas espirituales. Oración, meditación, estudio. Cambien, aprendan, oren, adoren, bendigan, vayan, descansen.

¿Qué haría el amor? El amor nos llama a cuidar a nuestros prójimos, a nuestros enemigos. El amor nos llama a atender a los encarcelados, a los que no tienen hogar, a los pobres, a los niños, a los inmigrantes y refugiados. El amor nos llama a relacionarnos con aquellos con quienes discrepamos.

¿Qué haría el amor? El amor nos llama a ser amables con nosotros mismos, a perdonar nuestros propios errores, a tomarnos en serio el [descanso del] sabat. El amor nos llama a estar enamorados de Dios, a cultivar una relación amorosa con Dios, a pasar tiempo con Dios, a estar quietos y saber que Dios es Dios. 

Jesús dice, Simón, hijo de Juan, ¿me amas? 
Jesús dice, Michael, hijo de Dorothy y Kenneth, ¿me amas? 
Jesús te dice, ¿me amas? 

Jesús dice, sígueme y arriésgate a vivir la pregunta, ¿qué haría el amor?

Ésta, amigos míos, es la rúbrica de amor de Dios. Esta, amigos míos, es la genuina forma de vida de Dios.

En tristezas y alegrías,
Cristo, puedo oír tu voz,
Que reclama con instancia,
mi sincera devoción.

Cristo llama. Por tu gracia
hazme oír tu voz, Señor,
Que obediente a tu llamado,
Hoy te sirva con amor.[3]

Dios les ama, Dios les bendiga. Y que Dios nos sostenga a todos nosotros en esas todopoderosas manos de amor.

Amén.

 

+Michael

Rvdmo. Michael B. Curry
Obispo Presidente y Primado
de la Iglesia Episcopal

 

[1] Primera estrofa de «Cristo llama del tumulto» himno de Cecil Frances Alexander (1818-95) traducido al español por J. L. Santiago Cabrera. El original en inglés es el himno 550 de The Hymnal 1982.
[2] The Dream of God, Verna Dozier, Cowley Publications (1991), Seabury Classics (2006)
[3] 2ª. Y 3ª. estrofas de «Cristo llama del tumulto», versión al español del himno 550 de The Hymnal 1982, traducido por J. L. Santiago Cabrera.