De Muchos, Uno. Diálogos a través de la diferencia

“El diálogo con otros a través de la diferencia no es algo agradable de hacer. Es un ejercicio espiritual del amor en acción.”
- Obispo primado Michael Curry

¿Qué amas? ¿Qué has perdido? ¿Dónde te duele? ¿Qué sueñas?

«De muchos, Uno. Diálogos a través de la diferencia» es una campaña que invita a los episcopales y a nuestros vecinos a participar en la escucha personal y a compartir las muchas diferencias que nos separan.

Haciéndonos eco de la frase latina que aparece en el Gran Sello de EE. UU., «E Pluribus (de muchos) Unum (uno)»— y siguiendo los pasos de Jesús, confiamos en que la práctica espiritual del diálogo a través de las diferencias puede unirnos a todos en una diversa y más perfecta unión.


¿Cómo participo?


  1. Explora esta guía.
  2. Reflexiona personalmente sobre las cuatro preguntas.
  3. Mira los vídeos del obispo primado Michael Curry y de otros líderes que ejemplifican los diálogos breves e individuales basándose en las cuatro preguntas.
  4. Explora los materiales para aprender acerca del diálogo como una práctica espiritual, establece tus propios diálogos y reflexiona bien después.
  5. Inscríbete y establece un objetivo de diálogo.
  6. Sostén el diálogo.
  7. Ora por tu compañero/a después del diálogo.
  8. Repite con nuevos compañeros.
  9. Colabora con el espacio narrativo de «De muchos, uno» con un poema, una oración, una reflexión o una imagen inspirada en tu(s) diálogo (s), o con vídeos o audio destacados o con reflexiones (con el permiso de tu compañero/a).
  10. Participa en los empeños encaminados a aprender, escuchar y actuar. Y celebra la campaña durante la Pascua de 2021 en una reunión virtual de toda la Iglesia.

Las Cuatro Preguntas


¿Qué amas? ¿Qué valoras? ¿Qué te empeñas en proteger?

Gran parte de la acción y el pensamiento humanos no están impulsados ​​por el odio o la ira, sino por el impulso a proteger lo que amamos. Al preguntar y compartir «¿qué amas?», cada uno de nosotros tiene la oportunidad de nombrar y escuchar lo que más nos importa y por qué. Es difícil discutir cuando ambos partimos de lo que amamos.

¿Qué has perdido? ¿Qué te desvela en la noche? ¿Qué se ha perdido en tu comunidad? ¿Qué echas de menos?

Personas de todas clases han experimentado pérdidas: pérdida de dinero, trabajos, estatus, identidad nacional, identidad cultural, sensación de seguridad, conciencia de que son importantes, etc. Al preguntar y compartir «¿qué has perdido?», sentimos curiosidad por lo que cada uno de nosotros ha perdido, por lo que estamos de duelo y quizás por lo que nos esforzamos en recuperar.

¿Dónde te duele? ¿Dónde te ha herido la vida? ¿Qué te hace enojar? ¿Cómo o dónde sientes ese dolor o rabia?

Independientemente de nuestra raza, género o edad, de la manera en que votamos, de cuánto ganamos o dónde vivimos, todos sabemos lo que es el dolor. Al preguntar y compartir «¿dónde te duele?», sentimos curiosidad por saber cómo cada uno de nosotros ha sido herido por la vida, por otros y por las fuerzas sociales, en lugar de asumir que «otros» están bien y que sólo yo o mi grupo estamos sufriendo. Ofrecemos nuestras experiencias y aprendemos a brindarnos compasión unos a otros.

¿Qué sueñas? ¿Qué esperas para el futuro ... para ti, para tu comunidad, para nuestra nación?

Todo el mundo sueña con lo que para ellos es un mundo mejor, pero no puedes escuchar ni compartir esa visión muy a menudo. En cambio, las personas con frecuencia asumen que todos comparten su imagen ideal de la vida, la comunidad y la sociedad; o las personas miran al otro lado y suponen que algunos otros no pueden querer el mismo tipo de futuro que ellos. Al preguntar «¿qué sueñas?», nos hacemos receptivos a escuchar y compartir los sueños de los demás para nuestras familias, comunidades, la sociedad y para nosotros mismos.


¿En qué consiste?


Como individuos, podemos encontrar diálogos como estos que nos ayuden a «hacer partícipes a los demás, conociéndonos a nosotros mismos». Al compartir las diferencias en torno a preguntas sencillas, podemos ...

  • Reconocer las diferencias y divisiones en nuestras familias, comunidades y nación.
  • Estar abiertos a comprender y colaborar sin insistir en que somos iguales.
  • Practicar el desacuerdo sin faltar al respeto.
  • Vivir el Camino del Amor mientras BENDECIMOS escuchando, compartiendo y honrando la presencia de Dios en los demás y mientras VAMOS más allá de las fronteras de raza, clase, ideología, región, edad y experiencia.
  • Encontrar un lenguaje para nombrar lo que es esperanzador, estimulante y amoroso en nuestra vida diaria.
  • Aprender a crear un espacio amplio, respetuoso y acogedor para que otros compartan sus historias.
  • Advertir que Dios se muestra en los espacios entre nosotros.

Como Iglesia, podemos ofrecer una perspectiva fiel y una práctica probada para unir comunidades profundamente divididas en una unión diversa y más perfecta. Juntos podemos…

  • Contrarrestar la cultura actual de retribución, castigo y «distanciamiento» y, en cambio, respetar la diferencia, la curiosidad y la relación.
  • Reconstruir el tejido de familias y comunidades y de una nación fracturada por la pandemia, las consideraciones raciales y la política.
  • Practicar el ministerio de la reconciliación, es decir, la práctica espiritual de buscar una relación amorosa, liberadora y vivificadora con Dios y entre nosotros a través de las muchas fronteras que nos separan, y esforzándonos por reparar y transformar la injusticia y el quebrantamiento en nosotros mismos, en las comunidades, en las instituciones y en la sociedad.
  • Enseñar a escuchar conscientemente y  a «compartir historias» como parte de vivir el Camino del Amor.
  • Forjar la Amada Comunidad, donde todas las personas puedan experimentar la dignidad y la vida abundante y verse a sí mismas y a los demás como hijos amados de Dios, y donde el florecimiento de todas las personas (y de toda la creación) sea la esperanza de cada persona.
  • Inducir en individuos y grupos los empeños continuos que apoyan el aprendizaje y la participación a través de las diferencias.
  • Ser fieles a nuestros valores anglicanos fundamentales. Nuestra tradición nació del fuego del conflicto entre facciones religiosas e ideológicas. Los anglicanos tienen un llamado único a adaptarse, escuchar, mantener la tensión y salvar enconadas convicciones.