Propio 7 (B) - 2018

June 24, 2018

En las lecturas de hoy Jesús hablaba sobre el Reino de Dios a las personas que lo seguían y a la misma vez, se lo explicaba en privado a sus discípulos. Escuchamos que, al anochecer de ese mismo día, Jesús les dice a sus discípulos que vayan al otro lado del Mar de Galilea. Podemos imaginar que, al hacer esta travesía de noche, las condiciones no son las mejores para viajar en barca. Aun así, Jesús tiene plena confianza, y se duerme en la popa de la barca, no importando el viento que comenzó a arreciar y las olas que los azotaban.  La barca en la que estaba Jesús iba seguida de otras barcas, todas vulnerables al peligro de la tormenta que se desató. La invitación de Jesús a seguirle no garantiza que la vida sea fácil ni cómoda, sin embargo, es una que tomamos por fe.

Una de las primeras preguntas que nos podríamos hacer sobre esta lectura es: ¿cuán prudente fue salir en una barca bajo condiciones no propicias para esa travesía, recordando que anochecía y que podía sobrevenir una tormenta? La lectura nos invita a reflexionar sobre momentos en nuestras vidas en que no hemos zarpado a un viaje, a una aventura, o a un cambio de vida por creer que las condiciones no eran propicias para dar ese paso y hacerlo. Muchas personas hemos tenido la experiencia de lanzarnos a lo desconocido porque decidimos que, si no ahora, entonces, ¿cuándo? No obstante, honestamente hablando, a veces no hacemos nada.

Es fácil permanecer en un mismo lugar y no dar los pasos necesarios para cruzar al otro lado del lago. El autor del evangelio de Marcos expone que lo opuesto a la fe es el miedo. Hay veces que el miedo, llevado a un extremo, puede paralizarnos y limitarnos a hacer el trabajo necesario para realizar el Reino de Dios en este mundo. Al no tomar algunos riesgos en nuestras vidas, no progresamos, ni desarrollamos nuestra fe. Esperamos condiciones y momentos idóneos, aunque sabemos que en realidad esas condiciones y los llamados momentos perfectos, no existen en la vida. Preferimos vivir cómodamente, aunque con miedo y no nos lanzamos a lo que podamos encontrar más allá. En la segunda carta a los corintios, el autor exhorta a la comunidad, y a nosotros y nosotras, a reconocer que: “ahora es el momento oportuno. ¡Ahora es el día de la salvación!”

En el mes de junio, las lecturas nos han informado sobre el llamado a seguir a Jesús. El camino con Jesús no es el más cómodo. Hacemos equivalencias falsas sobre la comodidad y la paz, o la comodidad y la fe, o la comodidad y la vida perfecta con Jesús. Pienso que podemos tener fe y encontrar la paz en nuestras vidas aun con las incomodidades que se nos presentan en el camino con Jesús. Es decir, al buscar la perfecta comodidad en nuestras vidas emprendemos la búsqueda de algo inalcanzable en este reino. Recordemos que aún no se ha alcanzado la realización del Reino de Dios. A la misma vez, tenemos mucho por cumplir para completar nuestro propio pacto bautismal con Dios de manera plena. Hasta que el Reino de Dios no llegue, tampoco podemos realizar plenamente nuestro pacto bautismal y continuaremos viviendo con esa incomodidad que es seguir a Jesús. Mientras que esta sea nuestra realidad, la incomodidad por Cristo será el ímpetu que nos dirige en nuestro caminar con Cristo, y en Cristo y por Cristo.

Pablo reafirma en la segunda carta a los corintios que seguir a Cristo no es fácil. Él dice: “en todo damos muestras de que somos siervos de Dios, soportando con mucha paciencia los sufrimientos, las necesidades, las dificultades, los azotes, las prisiones, los alborotos, el trabajo duro, los desvelos y el hambre. También lo demostramos por nuestra pureza de vida, por nuestro conocimiento de la verdad, por nuestra tolerancia y bondad, por la presencia del Espíritu Santo en nosotros, por nuestro amor sincero, por nuestro mensaje de verdad y por el poder de Dios en nosotros. Usamos las armas de la rectitud, tanto para el ataque como para la defensa.”

En el pacto bautismal que afirmamos como episcopales, tenemos una guía similar de servicio a Dios. Cumplir con nuestro pacto bautismal es como estar dentro de una barca en medio de una tormenta. Reconocemos que aún en nuestras propias tormentas, Jesús nos acompaña. Aunque estemos en medio de ellas, Jesús se encuentra con nosotros y tiene la potestad de traer la calma y la paz a nuestras vidas. Su calma y su paz sólo viene al aceptar la invitación de Jesús de pasar al otro lado con Él acompañándonos y sabiendo la posibilidad de que haya riegos y dificultades en el camino.

Cuando nos comprometemos a una vida cristiana y somos recibidos en el cuerpo de Cristo a través del Santo Bautismo, no sabemos a dónde nos llevará Jesús en nuestro caminar con Él, como discípulos, apóstoles y llevando las Buenas Nuevas. Esta es nuestra preparación para la realización del Reino de Dios y de la promesa de amor, paz, dignidad y justicia plena que nos da Jesús.

Las lecturas del libro del profeta Samuel que hemos escuchado durante el mes de junio reafirman que nuestro compromiso de fe con Dios a veces nos hace sentir incómodos e incómodas, hasta cierto punto, nos hace sentir vulnerables. Pero así se sintió Samuel, sin embargo, su respuesta a Dios fue: “habla, que tu siervo escucha.”

Hermanas y hermanos preguntémonos, si ahora no, ¿cuándo? Si no yo, ¿quién? Les invito a reflexionar que este sí es el momento más favorable para responder a la gracia y al llamado de Dios, para cruzar al otro lado con tormenta o sin ella y siempre sabiendo que Jesús será nuestro compañero en la travesía y más allá.

 
 
 
 
 
 
 

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