Propio 22 (B) – 2015

October 4, 2015

La historia que vemos en este pasaje y las que veremos en los próximos tres domingos forman parte del ciclo de historias que el evangelista Marcos nos presenta como parte de su estructura narrativa, para reiterarnos que lo central del misterio del reino de Dios es la cruz. Por esto, Jesús predice su pasión, muerte y resurrección tres veces a lo largo de esta narrativa invitando a sus discípulos a seguirlo por de este difícil camino.

Es importante remarcar que el tema del divorcio, entre otros temas, como la situación de la aceptación de los niños y la posesión de las riquezas fue una de las cuestiones que la comunidad Marcos indaga para la realización de un discipulado auténtico y efectivo. Para Marcos, este camino del discipulado, es claramente el camino hacia el reino.

En esta historia que acabamos de escuchar, los fariseos siguen con insistencia insólita, buscando constantemente tenderle una trampa a Jesús. Ven a Jesús como un hereje y como un falso maestro, que se la pasa quebrantando las leyes que le han sido inculcadas al pueblo de Israel a través de los siglos.

La pregunta que le hacen a Jesús: “¿Está bien permitir que un hombre se divorcie de su esposa?” (v2) no es en sí una pregunta superficial, es una pregunta que había sido debatida entre la comunidad religiosa de su época. El divorcio fue un tema bastante disputado en el judaísmo antiguo.

Los fariseos por ejemplo debatían sobre las circunstancias y procedimientos por los cuales un hombre se podía separar de su esposa. Los esenos prohibían a un hombre que volviera a casarse mientras su esposa estuviera viva, y los sacerdotes, de acuerdo al libro del Levítico (Levítico 21:7), no podían casarse con una mujer divorciada. La ley romana, permitía a la mujer con ciudadanía romana, divorciarse de su esposo, un derecho que la mujer judía no tenía.

La intención de los fariseos, más que buscar que Jesús tuviera un posicionamiento crítico respecto al divorcio, era tenderle una trampa probablemente para que asumiera la misma posición que Juan el Bautista tuvo con respecto a Herodes y así tener carta abierta para condenarlo.

Recordemos que una de las razones por las que a Juan el Bautista le cortan la cabeza es porque acusa a Herodes de estar en una unión ilícita con la mujer de su propio hermano Filipo (Marcos 6:18).

Pero Jesús sabiamente le da un giro a la conversación evitando cualquier posicionamiento legal al respecto, y devolviendo la pregunta a los fariseos sobre lo que Moisés había ordenado, sabiendo de antemano que se basarían en el libro del Deuteronomio (Deuteronomio 24:1-4). Los fariseos admiten que la ley de Moisés permitía al marido escribir una certificado de divorcio y por tanto separarse de su mujer. Este certificado se remitía a unas simple líneas: “Tú, fulana de tal, eres libre de casarte con cualquier hombre”.

Lo que los fariseos omiten en esta respuesta, al parafrasear lo que está escrito en el libro del Deuteronomio, es la entrega de este certificado a la mujer. Pero, ¿por qué era tan importante la entrega de un certificado de divorcio a la mujer en cuestión?

Un documento de este tipo, en la Palestina del primer siglo, era principalmente un medio de estabilidad económica para la mujer, podría proporcionar a una mujer divorciada con una defensa contra los rumores de adulterio y calumnias en su contra. Para las mujeres en esa cultura agrícola, su supervivencia dependía de ser miembro de una familia, pues raramente tenían propiedades.

Una mujer posiblemente con hijos, sin marido y sin los medios para explicar el motivo de haber estado soltera, podría dejarla expuesta a grandes riesgos. El intento original en la ley de Moisés expresada en el libro del Deuteronomio, sobre el certificado de divorcio, pretendía mitigar ese riesgo, pero al parecer los fariseos al responderle a Jesús encuentran que la entrega de este certificado no merece una explicación profunda y, por ende, no vale la pena destacarlo.

Los pobres y oprimidos estaban a la merced de los escribas y fariseos que imponían cargas legales tremendas sobre ellos y por supuesto, nunca levantaban un dedo para aliviarlos. Les eran negados todos los derechos civiles fundamentales.

La situación parece no haber cambiado en nuestra época. Aun cuando en nuestros países las mujeres han logrado una gran independencia económica, el divorcio todavía mantiene un impacto económico negativo sobre ellas y sus dependientes, especialmente sobre los niños. Estas mujeres, junto con los niños, continúan siendo los miembros más vulnerables de nuestra sociedad. Nuestras leyes de divorcio y la ineficacia para hacer cumplir las regulaciones de manutención de los hijos, muchas veces han tenido como resultado el aumento dramático en los niveles de pobreza de estas madres.

No está fuera de contexto que en este pasaje Jesús mencione a los niños y se irrite y enfurezca cuando no son tratados con dignidad, pues el reino de Dios les pertenece a ellos.

Por ende, los comentarios de Jesús sobre los niños y el divorcio están totalmente entrelazados, pues Jesús se preocupa por los miembros más vulnerables de la sociedad y por aquellos que carecen de poder y son relegados al margen de esta sociedad.

Pero las buenas noticias en esta historia es que Jesús no se adhiere a las leyes humanas. Jesús no recurre a la ley de Moisés, pues esta ley no es un mandamiento instaurado por Dios. Jesús expresa la intención de Dios en el momento de la creación. Utilizando el relato del libro del Génesis (Génesis 1:27, 2:24) Jesús no habla de la subordinación ni de la sumisión de la mujer al hombre. La ley de Moisés no está sobre la voluntad de Dios para con su pueblo. La voluntad de Dios se ha manifestado y continúa manifestándose en la creación. Y en esta creación, Dios ha formado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza.

El objetivo de Jesús al tocar un tema tan difícil, es simplemente mostrarnos que lo que Dios quiere para nosotros es que en nuestras relaciones mantengamos esa imparcialidad que Dios muestra al principio de la creación. Nadie, ni las leyes humanas tienen el derecho de imponer una voluntad de unos sobre los otros, viendo a nuestros semejantes como simples objetos.

Podemos pues preguntarnos, ¿cómo podemos mostrar esta imparcialidad que Dios nos expresa al principio de la creación?

Las acciones de Jesús a lo largo de esta historia enfatizan el tema central del evangelista Marcos que las características del reino de Dios invierten las jerarquías  las expectativas del poder.

Esta es la labor del discípulo, esto es lo que profesamos en nuestro pacto bautismal, luchar por la justicia y respetar la dignidad de todo ser humano (Libro de Oración Común p.225).

Y nuestra labor, si realmente queremos ser discípulos de Jesús y seguirlo a través de este difícil camino, es entender que la cruz es central en la realización de este reino. Solo dando la vida por los demás y respetando la dignidad de todo ser humano, podremos poco a poco ser partícipes y co-creadores de este reino de Dios.

 
 
 
 
 
 
 

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