Propio 18 (A) – 2014

September 7, 2014

Ser cristiano implica COMPROMISO. Quizás alguien podría tener otra opinión, pero ser y vivir como un buen cristiano es algo, a veces, un poco complicado, pues debemos aceptar cosas que no nos gustan, compartir y convivir con personas que tienen otras costumbres a las nuestras, tolerar a alguien que habla mucho; en fin, ser y vivir la vida como un auténtico cristiano conlleva a ser diferente.

El compromiso más grande que tenemos es corregir al hermano/a que está actuando de manera equivocada. Eso implica que debemos ser como VIGILANTES; estar siempre prestos a ayudar al hermano/a con amor. No con reclamos, sino con mucho amor y con palabras que no hieran; más bien que edifiquen. Ser un vigilante de mi congregación me puede traer dificultad si no ejecuto bien mi función de mediador/a.

Sin lugar a equivocarme puedo decir que en todas las congregaciones podemos encontrar situaciones que ameritan que tanto el sacerdote como los miembros presten atención. Quizás nos estamos introduciendo en un terreno muy delicado, pero la Palabra de Dios es clara y precisa. Estamos llamados a fortalecer al hermano/a que está débil en su fe, pues el no desempeñar nuestra función adecuadamente, se nos tomará en cuenta.

Jesús nos dice a través del evangelio de san Mateo: “Les aseguro que todo lo que ustedes aten en este mundo será atado en el cielo, y todo lo que desaten en este mundo, también quedará desatado en el cielo” (Mateo 18: 18). Dios nos ha llamado con un propósito específico y a cada uno se le ha dado un ministerio, dones y talentos.

No todos estamos llamados a ser reconciliadores; no obstante, debemos de tratar de hacer siempre lo mejor por los demás; y, más aún, por nuestros hermanos en la fe. Hacerle ver a una persona que está equivocada y que debe cambiar su actitud es algo que nos corresponde a todos. Si la persona en cuestión no le presta atención o se reniega al cambio, usted ya ha cumplido con lo que el Señor espera que haga, y la persona involucrada, tendrá que responderle a Dios directamente.

El apóstol Pablo nos recuerda hoy en su carta a los Romanos que: “No tengan deuda con nadie, aparte de la deuda de amor que tienen unos con otros; pues el que ama a su prójimo ya ha cumplido todo lo que la ley ordena” (Romanos 13:8), y nos manda a que nos revistamos del Señor Jesucristo como una armadura.

Algo muy importante que debemos de tomar en cuenta es que necesitamos un arma que es muy eficaz: LA ORACION. No olvidemos orar cada día por todos: por nosotros mismos, en primer lugar, ya que a veces queremos corregir al hermano/a y no nos damos cuenta de que tenemos que cambiar cierta actitud que no nos hace bien ni a nosotros ni a los demás.

Oremos por la o las personas que en este momento están atravesando por una situación difícil en cuanto a su relación con la familia o con algún hermano/a en la fe. Nuestro Señor Jesucristo nos dice: “Esto les digo: si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo se lo dará. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:19). Entonces, ¡Jesús nos está hablando de algo que cuesta tanto! EL PERDÓN.

Es difícil, pero no imposible hermanos/as. No nos vayamos a dormir sin antes haber perdonado a quien nos ha ofendido. Por cosas sin importancia muchas familias y amigos se han dividido, han dejado de hablarse durante años, y hasta han muerto sin haber perdonado.

La naturaleza de Dios es el amor y por amor nuestro nació en un establo, sufrió el calvario y la muerte de cruz, resucito y ascendió a los cielos. Como el Padre amoroso y protector que es, quiere que todos sus hijos e hijas vivamos en armonía y respetándonos unos a otros.

Pablo siempre nos recuerda el mandamiento que dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Romanos 13:9c). Si en nosotros hay amor, de seguro que no haremos mal al prójimo. Pero antes de concluir queremos hacer una pregunta que debemos llevar a casa como tarea de la semana. ¿Cuántas veces debemos perdonar?

 
 
 
 
 
 
 

Contacto: Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.
Editor, Sermones que Iluminan