Propio 10 (A) – 2014

July 13, 2014

Según el evangelio de Mateo, “…aquel mismo día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del lago… Entonces se puso a hablarles de muchas cosas por medio de parábolas”. Jesús, el Maestro y pedagogo por excelencia, hace uso frecuentemente de comparaciones y parábolas, para llevar el mensaje, a quienes le siguen y le rodean, gente sencilla, muchos de ellos sin educación.

De la misma manera debe llegar nuestro mensaje a los demás, a los feligreses, miembros de nuestras comunidades, para que se entienda. Como hacia san Juan Bosco, sacerdote italiano. Una vez escrita su homilía o sermón, lo leía primero a su madre, una mujer sencilla, sin educación, incluso, que no sabía leer. Si ella lo entendía, entonces – decía el santo – lo entenderán los demás.

Así debe suceder con nuestro mensaje cuyo objetivo son las personas de nuestras comunidades, ansiosas del mensaje de la Palabra de Dios. El secreto de las parábolas es el secreto de la actividad y la persona de Jesús.

El evangelista Mateo, después de exponer la justicia del reino de Dios (capítulos 5 a 7), y la proclamación de este reino al mundo (capitulo 10), trata ahora Mateo de explicar, en un tercer momento, el misterio de reino (capítulo 13), un reino aparentemente sin grandeza y sin poder, cuyo crecimiento es lento y profundo y cuyo final será espléndido.

Los de “fuera” (los fariseos) no entienden la naturaleza del reino; tampoco lo entienden las multitudes, que siguen y escuchan a Jesús; por ello, es necesario que lo entiendan los discípulos. De allí que la segunda parte de este evangelio presenta a Jesús explicándolo en detalle. No es que su mensaje deba ser entendido por sus discípulos solamente, sino que ellos, entendiéndolo bien, lo pueden llevar a los demás en su trabajo apostólico. En otras palabras, el evangelio no es excluyente, no es solo para algunos, es para todos, igual que la totalidad de la Palabra de Dios.

La parábola de este domingo nos habla de un sembrador y de la semilla que siembra: “Un sembrador salió a sembrar”. Hay cuatro tipos de terrenos en los que cae la semilla: “Una parte de la semilla cayó en el camino…, otra cayó entre las piedras…, otra cayó entre espinos…y, finalmente… otra cayó en buena tierra…”. Los tres fracasos en la siembra, pues no hubo cosecha, son debidos a factores de destrucción en la sementera: pájaros, sol, espinos, frente a una buena cosecha, lo que indica que hubo pérdidas considerables. A pesar de esto, la buena cosecha debe animar a los discípulos. Los cuatro tipos de terreno donde fue sembrada la semilla, son otras tantas disposiciones o actitudes de egoísmo cerrado, entusiasmo superficial, obsesión por uno mismo y apertura al prójimo.

Analicemos cada uno de los terrenos y la parábola en general para que su mensaje y significado lleguen a todos por igual, sin exclusiones ni discriminación: de los versículos 18 al 23, Jesús explica por separado, el mensaje y significado de la parábola expuesta a la multitud. Y haciendo un corto paréntesis, a partir del versículo 13, Jesús da sus razones de por qué habla en parábolas: “Por eso les hablo por medio de parábolas, porque ellos miran, pero no ven; escuchan pero no oyen ni entienden”. Y siguiendo en el versículo 14, Jesús continúa diciendo: “Así, en el caso de ellos se cumple lo que dice el profeta Isaías: ‘Por más que escuchen, no entenderán, por más que miren, no verán’”.

Luego, Mateo presenta a Jesús explicando a sus discípulos el significado de la parábola: “Escuchen pues lo que quiere decir la parábola del sembrador: “Los que oyen el mensaje del reino y no lo entienden, son como la semilla que cayó en el camino; viene el maligno y les quita el mensaje sembrado en su corazón”. Aquí podríamos afirmar que se trata de personas superficiales, que gustan de participar con mucho entusiasmo, muy sensibles, y de poco compromiso con el mensaje del reino. Muy volátiles en su vida religiosa, llamados a cambiar de lugares de oración, en búsqueda permanente de eventos llenos de sentimiento, música, entre muchas cosas más. Caen fácilmente ante el compromiso del reino de Dios. Ante su fragilidad, ante su fe endeble, caen, como dice el evangelio, ante el maligno que les “arrebata el mensaje sembrado en su corazón”.

En los versículos 20 y 21, Mateo expone otra clase de terreno: “La semilla que cayó entre las piedras representa a los oyen el mensaje y lo reciben con gusto, pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes; cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, fallan”. El egoísmo cerrado, lleva a muchos a abandonar, e incluso, a no comprometerse, con el reino de Dios, que tiene muchas implicaciones, por eso abandonan “el barco”, huyen, se pierden, se alejan de todo lo que implica ser un discípulo del Señor.

Recordemos un poco parte de la primera lectura de este domingo, tomada del libro de Génesis, donde Rebeca esposa de Isaac, esperaba dos hijos, mellizos, que desde el vientre de su madre peleaban entre sí, escuchemos: “Pero como los mellizos peleaban dentro de su vientre, ella pensó: ‘Si esto va a seguir así, ¿Para qué seguir viviendo? Entonces fue a consultar el caso con el Señor…” Ante la menor dificultad de la vida, abandonamos el compromiso y dejamos todo a un lado.

“La semilla sembrada entre espinos representa a los que oyen el mensaje, pero los negocios de esta vida les preocupan demasiado y el amor a las riquezas los engaña. Todo esto ahoga el mensaje y no lo deja dar buen fruto en ellos”. Disposición de egoísmo cerrado, de avaricia y codicia, no acogen la palabra de Dios sembrada en ellos, no permiten que produzca el fruto deseado. Ya el Señor dice en otro momento: “No podéis servir a Dios y al dinero”, para darle más luz al mensaje de esta parábola del reino de Dios. Este mundo ofrece más cosas materiales que espirituales a quienes vivimos en él, por eso, debemos mantenernos alerta, para no caer y abandonar el compromiso del reino.

Y finalmente, Jesús expone a sus discípulos, y a nosotros, el mensaje y significado del último terreno. Allí leemos: “Pero al semilla sembrada en buena tierra representa a los que oyen el mensaje y lo entienden y dan una buena cosecha, como las espigas que dieron cien, sesenta o treinta granos por semilla”. Deberíamos ser todos los bautizados, los creyentes en Jesús, seguidores del él. Abriendo nuestros corazones, abrigando allí la semilla de la Palabra, dejándola germinar y producir el ciento por ciento. Cosa que podemos leer en la segunda lectura de este domingo tomada de san Pablo a los romanos: “Dios envió a su Hijo en condición débil como la del hombre pecador y como sacrificio por el pecado, para de esta manera condenar al pecado en esa misma condición débil. Lo hizo para que nosotros podamos cumplir con las justas exigencias de la ley…”

El mensaje del Reino es para la gente sencilla, a quienes Dios ha revelado el misterio del reino. No lo entienden, en cambio, los que tienen embotado el corazón. La Iglesia, todos los bautizados, somos responsables de la siembra de la semilla, de la Palabra de Dios y su reino.

 
 
 
 
 
 
 

Contacto: Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.
Editor, Sermones que Iluminan