Pentecostés 4 (A) - 28 de junio de 2020

June 28, 2020

En diciembre de 2019, el Doctor Li Wen-Liang, médico de China, envió un mensaje a varios hospitales alertando de una nueva enfermedad. El Dr. Li temía que se tratara de un virus respiratorio que, quince años antes, había matado a muchas personas. Cuando las autoridades del gobierno se enteraron de los mensajes del doctor, le llamaron fuertemente la atención por esparcir «rumores falsos». Esa enfermedad resultó ser el coronavirus, Covid-19, que ya ha infectado a millones de personas en todo el mundo y ha matado a cientos de miles. Cuando el gobierno de China finalmente ofreció una disculpa, ya era demasiado tarde: el virus se había esparcido por todo el mundo y miles habían muerto, incluyendo el Dr. Li, que contrajo el virus después de tratar a un paciente. Li Wen-Liang murió en febrero de 2020, a la edad de 33 años.

Obviamente el Dr. Li no era un profeta religioso; sin embargo, su historia guarda varias similitudes con los profetas de la Biblia, con los apóstoles de Jesucristo, e incluso con los profetas de nuestra época.

¿Qué significa ser un mensajero o a una mensajera de Dios? El capítulo diez de Mateo describe cómo Jesús llamó a doce de sus discípulos y les dio autoridad para curar a la gente enferma. También les dio instrucciones de ir «a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Jesús les indicó que no se prepararan demasiado: debían viajar sin dinero y sin equipaje; si los arrestaban y entregaban a las autoridades, no debían preocuparse por lo que habrían de decir: Dios les daría las palabras correctas. Jesús termina sus instrucciones diciendo: «El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió́».

Las palabras «profeta» y «apóstol» están relacionadas. «Profeta» se emplea en el Antiguo Testamento para describir a las personas que Dios enviaba con mensajes importantes para el pueblo de Israel, también para referirse a quienes otorgaba un entendimiento especial de la situación del contexto; los profetas declaraban ese mensaje al pueblo con valentía. Por su parte, «apóstol» se emplea en el Nuevo Testamento para describir a toda persona enviada por Jesucristo a predicar al mundo.

A veces imaginamos al profeta como un hombre barbudo, vestido con una túnica larga y una vara en su mano, llamando al pueblo al arrepentimiento. Algunos hasta los podrían ver ridículos. Sin embargo, si prestamos atención, notamos que, en general, no eran ellos los absurdos, sino los pueblos donde predicaron. ¡El mensaje del Dr. Li no era ridículo! Su mensaje estaba basado en la ciencia, en la lógica y en la experiencia. Si embargo, su alerta se dio en un gobierno capaz de silenciarlo.

Y algo similar podría decirse de los profetas de hoy. Cuando Martin Luther King declaró que la gente blanca de los Estados Unidos estaba oprimiendo a gente afroamericana, no estaba diciendo nada ridículo. Su mensaje era escandaloso, no porque fuera una mentira, sino porque era una verdad que mucha gente no quería escuchar.

La gente a veces se burla de los mensajeros de Dios y trata de silenciar su mensaje; pero tal vez la reacción más común es la de ignorarlos. En esta época de radio, televisión y redes sociales, vivimos rodeados de miles de voces. Todas compiten por nuestra atención y, en vez de oír a las que tienen los mensajes verdaderos e importantes, muchas veces atendemos las más ridículas, las más extremas, las que gritan más fuerte.

Dios envía mensajeras y mensajeros. Los envió en la época de Moisés, en la de Jesucristo, y los sigue enviando hoy. ¿Reconoces mensajes proféticos en las palabras de los maestros de la Iglesia? Y, de esos mensajes proféticos ¿cuáles no se quiere escuchar?

Uno de los mensajes importantes que oímos a menudo en la Iglesia tiene que ver con la manera en que tratamos a los demás, en especial, a los que son de una raza o de una nacionalidad diferente a la nuestra. ¿Has notado en el mundo la tendencia a reírse de los que son diferentes? ¿Has notado cómo algunos usan Facebook y WhatsApp para burlarse de la gente gay, de las personas de raza negra, de la gente gorda, de las mujeres y los extranjeros?

Los mensajes de odio que a veces leemos en las redes o vemos por la televisión pueden ser como un virus: pueden destruir vecindarios, ciudades y países enteros. Por eso muchos líderes de la iglesia están sonando la alarma tal vez de manera similar al Dr. Li. Debemos alertar a la gente de que los mensajes de odio y de burla que tanto circulan por las redes sociales son tan destructivos como el coronavirus. Nuestra Iglesia ha sido voz profética en estos escenarios, como cuando en 2014 la obispa primada de la Iglesia, Katharine Jefferts Schori, viajó a la Republica Dominicana, y junto con el obispo Julio Holguín aparecieron en la prensa y en la televisión pidiendo que se tratara a los hijos de haitianos con dignidad. El mensaje no era político: Era un mensaje inspirado en las enseñanzas de Jesús. Era un mensaje profético que muchos no querían escuchar. Era un mensaje que hablaba con valentía de una situación de injusticia.          

Algún día habrá una vacuna que destruirá al coronavirus. De manera similar, nosotros podemos destruir los comentarios de odio y de racismo con mensajes positivos. ¡Los mensajes de amor y compasión también pueden ser contagiosos!

¿Cuáles son algunos de los mensajes positivos que más han influenciado tu vida? De todas las enseñanzas de Jesús, ¿cuál es un mensaje que podrías compartir esta semana con tus amigos?

Hugo Olaiz es editor asociado de recursos latinos/hispanos para Forward Movement, una agencia de la Iglesia Episcopal.

 
 
 
 
 
 
 

Contacto: Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.
Editor, Sermones que Iluminan