Navidad 1 - 2017

December 31, 2017

“Dios todopoderoso, tú has derramado sobre nosotros la nueva luz de tu Verbo encarnado”.

La imagen de la luz se destaca en la liturgia de este domingo. En la colecta de apertura agradecemos a Dios que ha “derramado una nueva luz por medio de Jesucristo”. El profeta Isaías en la primera lectura, describe la salvación como una antorcha encendida. El evangelio de hoy nos muestra a Cristo como Verbo, Vida y Luz.

La temporada navideña es un tiempo que destaca el brillo y el color; lo confirman las miles de luces que adornan nuestros hogares, iglesias, ciudades y nuestros corazones. La imagen de luz que nos muestran las lecturas tiene que ver con la revelación de Dios a la humanidad por medio de su Hijo, Jesucristo. “Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad”.

Dios derrama sus dones espirituales a los que abren sus corazones y mentes a su profundo misterio. A pesar de nuestro razonamiento, dado por Dios, el misterio de la maravilla de Dios es inexplicable por el mero hecho de que Dios es Dios: Creador de lo visible e invisible, de lo conocido y desconocido. El evangelio de San Juan nos ofrece una serie de imágenes que nos ayudan a comprender la condición divina de Jesús. San Juan se refiere al Hijo de Dios como el Verbo o Palabra. La intención de San Juan es indicar que Jesucristo nos comunica el ser de Dios. “Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer”.

En el evangelio de hoy, escuchamos el primer verso del primer capítulo según San Juan. El evangelista afirma, sin lugar a duda, la preexistencia del Hijo de Dios antes de encarnarse en el seno de María. Comienza el evangelio de esa manera porque en esa época, al igual que hoy día, había muchas y diversas interpretaciones sobre la divinidad y la humanidad de Jesucristo. Algunas de esas interpretaciones se fundaban en conceptos filosóficos, que incluían entre otras ideas, que Jesús no era el Mesías, que no era humano y que no podía ser divino y humano a la misma vez. Podemos ver cómo nuestra condición humana trataba y trata de cualquier modo entender el misterio hecho Verbo, que es Dios encarnado en su hijo Jesucristo.

Al igual que en la época de San Juan, hoy día muchas personas entienden a Jesús de maneras diversas; así cómo lo conocieron con el vuelo de la imaginación durante su niñez, o como un Jesús revolucionario y renovador, y aún como un ser lejano de la realidad humana. El apóstol Pablo en la carta a los gálatas nos guía al decirnos que la ley y la tradición no son suficientes para entender la grandeza de Dios. “Antes de venir la fe, la ley nos tenía presos, esperando a que la fe fuera dada a conocer”.

En estos días de Navidad y de Año Nuevo continuamos celebrando según las tradiciones y costumbres recibidas a través de la historia. Las tradiciones navideñas son bellas en la medida en que nos ayudan a conectarnos con la razón principal de la celebración. En el caso de la Navidad, es importante recordar las palabras de Juan en su evangelio: “Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros”.

La celebración de la venida del Hijo de Dios a este mundo se expresa con gestos y detalles que hacen patente la venida de Cristo al mundo, llenándonos de luz, para de esa manera iluminar el mundo. Con esa luz en nuestros corazones, recibamos el nuevo año agradeciendo a Dios las muchas bendiciones recibidas. Roguemos a Dios que su amor y compasión infinita prodigue fortaleza y consuelo a los centenares de familias que perdieron a sus seres queridos a manos de personas obsesionadas con causar el mayor daño posible y por la facilidad con la que pueden hacerse a armas de alto calibre. Pidámosle fortaleza para cada persona y familia víctima de los desastres naturales, huracanes, terremotos e incendios devastadores ocurridos a lo largo de este año. Oremos todos por la paz del mundo.

San Pablo les dice a los gálatas que la llegada del Hijo de Dios al mundo es para concedernos “los derechos de hijos e hijas de Dios”. Que para nosotros y nosotras la conquista por el derecho a una vida digna de cada ser humano siga siendo en nuestro mundo actual, la meta de los que conocemos a Cristo como Mesías y Salvador. Isaías el profeta nos dice: “Por amor a ti, Sión, no me quedaré callado; por amor a ti, Jerusalén, no descansaré”. Quedarse callado no resuelve nada, desfallecer frente a lo que parece imposible de cambiar tampoco es una opción.

Entre nuestros propósitos de año nuevo consideremos ser luz y voz de los que la sociedad somete a la marginación y al abandono. Hemos recibido la luz de Cristo en el bautismo y nuestras obras reflejan el compromiso de colaborar con Jesús en la construcción del Reino de Dios. Es solo por el testimonio de la iglesia como comunidad de fe que Cristo seguirá siendo luz para el mundo. Cada bautizado y bautizada es trabajador del reino en medio de fuerzas adversas a la verdad y a la justicia. A lo largo de los siglos ha prevalecido la obra de Cristo en el mundo, y se mantendrá presente en los siglos venideros. “Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla”.

 En la mayoría de nuestras congregaciones tendremos celebraciones de acción de gracias por el año que termina y rogativas por el año que comienza. Al igual que aquellos que nos precedieron, nos disponemos a comenzar un nuevo año con la fe puesta en el Señor de la historia. Cristo ayer, Cristo hoy y Cristo siempre es el mensaje central del evangelio de hoy. Nuestra generación llevará a cabo su misión y nuevas generaciones de cristianos llegarán, pero nuestra misión es la misma que fue dada a Juan Bautista: “Juan no era la luz, sino uno enviado a dar testimonio de la luz”. Nosotros no somos la luz, nosotros somos los enviados y las enviadas a dar testimonio de la luz.

 
 
 
 
 
 
 

Contacto