Fiesta del Santo Nombre - 2015

January 1, 2015

Hoy es el primer día del año 2015 y conmemoramos el día del santo nombre. Comenzamos este nuevo año, con el deseo, la oración y el compromiso, siempre presente, por la paz. Podemos contemplar con la mirada de Dios, llena de ternura y misericordia, la humanidad.

Así personas, familias, pueblos, culturas, razas, religiones, habitamos en un mismo mundo. Existen muchas diferencias, pero hay algo profundo que nos une: somos miembros de la misma familia humana, y porque creemos, somos familia de hermanos e hijos de Dios.

El libro de Números nos ofrece la forma perfecta de cómo debemos invocar a Dios y recibir la bendición y la paz en este nuevo año: “El señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz” (Números 6:24-26).

Esta triple invocación del nombre divino confiere eficacia a la bendición de los sacerdotes de Aarón, pero en realidad es el Señor el que bendice a través de sus mediadores. Esto lo expresa el final del texto, diciendo: “Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré” (Números 6:27).

Esta forma especial de bendición, usando el nombre divino, nos invita también a cantar con el salmista diciendo: “Señor, soberano nuestro, ¡tu nombre domina en toda la tierra!, ¡tu gloria se extiende más allá del cielo!” (Salmo 8:1). Hace énfasis en el nombre. En el lenguaje bíblico, es mucho más que el vocablo que se emplea para llamar o designar a una persona; es más bien la persona misma, que se hace presente y se revela dando a conocer su nombre, su identidad, su naturaleza.

Este salmo es también un himno o canto de alabanza al Dios, que nos ha concedido el dominio de todas la cosas creadas. Así lo expresa: “Con la alabanza de los pequeños, de los niñitos de pecho, has construido una fortaleza por causa de tus enemigos, para acabar con rebeldes y adversarios” (Salmo 8:2).

En esta forma especial de invocar el nombre del Señor para que nos bendiga, acogemos hoy las preocupaciones y esperanzas, las frustraciones y logros, los dolores y alegrías de toda la humanidad, representada en tantos rostros que nos son familiares.

Se ha llegado a considerar, que por mediación de este texto, fue adquiriendo la bendición un valor profético, incluso, muchos padres de la antigüedad, han visto en esta fórmula, el anuncio de la auténtica bendición que vino a ser la venida de Jesús, nuestra paz.

Así lo expresa el profeta Isaías: “Porque nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo, al cual se le ha concedido el poder de gobernar. Y les darán estos nombres: “Admirable en sus planes, Dios invencible, padre eterno, príncipe de la paz” (Isaías 9:6).

En estos días recordamos el nacimiento del Príncipe que nos trae la paz basada en la justicia, el amor a Dios y a los hermanos. La contemplación del Príncipe de la paz en el portal de Belén nos invita a implorar también su bendición, en caso contrario, convertiremos nuestro planeta en un estado total de dolor y angustia.

Pero la paz no es solo un bello sueño sino una tarea constante en la que todos debemos colaborar. Como cristianos sabemos que la paz de Dios necesita mediaciones humanas, por esta razón, se nos propone que pongamos en práctica la tolerancia y el respeto a los demás como instrumentos importantes para poder conquistarla.

Este día orientado hacia la paz y teniendo como base evangélica la sagrada familia de Nazaret, Jesús, María, y José, se nos hace muy propicio pensar también en la constitución de la familia humana.

Siguiendo este orden, el evangelio de san Lucas nos da a conocer todo lo concerniente al recién nacido, diciendo: “Y todos los que lo oyeron se admiraban de lo que decían los Pastores. María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente” (Lucas 2:18-19).

La presencia de Jesús, que quiere decir salvador, y de María como madre y mujer, pueden iluminar acontecimientos nuevos para el fortalecimiento de la familia y de la paz en este año 2015.

Desde el comienzo de la vida salvadora de Jesús está la presencia de María. A veces olvidamos algo tan claro como que María es ante todo una mujer. La mujer no tiene sólo una función de maternidad biológica, significa mucho más, es el cuidado de la vida.

Quizá la falta de paz en nuestro mundo tiene mucho que ver con la postergación del elemento femenino. No se trata ya de sexos si no de géneros. Por eso hoy se habla de una feminización de la cultura para la construcción de la paz.

La mujer se ha convertido en una herramienta saludable para nuestro mundo. Ella es la que sufre principalmente la pobreza y la guerra. Y ella es la clave para un desarrollo verdaderamente humano. Reconocer y apoyar la dignidad y papel de la mujer y de lo femenino es también para nosotros los cristianos hacer memoria de María.

Es realmente conmovedor y significativo, en este día del santo nombre, de que sea una mujer, María, la persona elegida por Lucas para tipificar la actitud creyente. En el pueblo de la ley una mujer jamás habría sido elegida modelo de observancia. Pero esta ha sido una elección exclusiva de Dios.

Por medio de María se nos muestra el camino para la paz y la felicidad, acogemos la buena noticia del nacimiento del Salvador, le damos cabida dentro de nosotros, dejándonos llenar por ella. De esta manera, habremos empezando a hacer nuestra la salvación de Jesús, cuya expresión serán la paz y la felicidad.

Así, por boca de unos pastores, el texto de hoy nos informa de la buena noticia del nacimiento de un Salvador. Y por el hecho de ser unos extranjeros quienes dan la noticia hace de la salvación de Jesús un acontecimiento universal.

En la segunda lectura, el apóstol Pablo hablando a los Filipenses nos pide que imitemos a Jesús humilde, diciendo: “Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo, el cual: aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, sino que renunció a lo que era suyo y tomó la naturaleza de siervo” (Filipenses 2:5-7).

En esta especie de himno, Pablo hace como si tratara de una declaración de fe, mostrándonos cuáles fueron las disposiciones de Jesús y considera que deben ser las mismas también para nosotros, que proclamamos ser sus seguidores.

“Se humilló”, escribe Pablo. La humillación de Cristo llega hasta la muerte. La muerte en la cruz era lo más humillante que podía imaginarse. Pero después de esta vendrá la exaltación que culmina con su reconocimiento como señor por todos los seres del universo.

Que el señor Jesús, exaltado sobre todo nombre en el cielo y en la tierra, nos ayude como familia de Dios, a unirnos a la gran familia mundial, para que mediante la fe y la oración, construyamos y obtengamos el don precioso de la paz y la felicidad deseada.

 
 
 
 
 
 
 

Contacto: Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.
Editor, Sermones que Iluminan