Estudio Bíblico: Epifanía 1 (C) - 2013

January 13, 2013

Isaías 43:1-7

La lectura del Antiguo Testamento de hoy está tomada de una porción de Isaías que los estudiosos llaman el Segundo Isaías. Fue escrita cerca del final del exilio de los hebreos en Babilonia y está repleta de temas de alabanza doxológica de la soberanía de Dios, de esperanza y seguridad, de bienestar y promesa. El versículo 2 habla del poder de Dios sobre las aguas y es una reminiscencia de las aguas del Mar Rojo, aguas que los hebreos estuvieron obligados a pasar para dejar atrás su esclavitud en Egipto. ¡Estas aguas no les abrumaron más que lo hicieron las aguas del mar Rojo, ni ningún fuego los consumirá!

A través de este texto, Dios está hablando directamente al lector y nos asegura que él está con nosotros y nos recuerda que nos creó y nos redimió. Dios nos reunirá de todos los rincones de la tierra, de todos los lugares de exilio físico, espiritual o emocional, porque somos preciosos para él. “¡No temáis! !No temáis!” ¡Dios continúa diciéndonos que nos creó para su gloria!

Sí, este es un poderoso y salvífico Dios Creador, pero aún más, se trata de un Dios íntimo que nos llama por nuestro nombre y nos reclama como suyos. Se trata de un Dios que se manifiesta a través de una relación profunda con su pueblo.

  • ¿De qué lugar del exilio Dios te ha rescatado, o de qué lugar quiere Dios rescatarte? ¿Se trata de un exilio físico, espiritual o emocional?
  • ¿Cómo respondemos hoy al deseo de Dios de estar en relación con nosotros? ¿Cómo podemos vivir nuestras vidas hoy en día de una manera que refleje la gloria de Dios?

Salmo 29

Una vez más, en este domingo en que la Iglesia celebra el Bautismo del Señor, hay más imágenes de agua en nuestras lecturas bíblicas. El salmista está comparando a Dios con una tormenta de gran alcance, una imagen común para una teofanía. “Teofanías” son manifestaciones de Dios, uno de los medios con los cuales Dios entra directamente en las vidas y acontecimientos humanos. La mayoría de las teofanías llaman la atención de la gente, ya sea que Dios hable de una zarza ardiente, desde una tormenta, en un encuentro casual, una puesta de sol o mediante titulares. Independientemente de la forma en que vengan, las teofanías primero nos obligan a detenernos, a mirar y a escuchar, y por lo general requieren que respondamos.

  • ¿Se dan teofanías hoy? ¿Cómo son? ¿Has experimentado alguna vez una teofanía? ¿Cómo respondiste?

Hechos 8:14-17

A una primera lectura, parece que esta escritura es la única de hoy sin una referencia al agua. Pero lee un poco más de cerca. Los samaritanos habían sido bautizados, pero la manifestación del Espíritu Santo tan fuertemente ligada a la recepción del bautismo en la iglesia primitiva no estaba presente. Pedro y Juan tuvieron que venir y poner las manos sobre los samaritanos ya bautizados. ¿Nos están diciendo los Hechos que a veces se requiere un segundo lavado, un segundo toque?

El bautismo es un evento de una sola vez cuando una persona está unida a Cristo y a su Iglesia. A través de la inmersión en las aguas bautismales, estamos unidos a Cristo en su muerte y resurrección. El poder del pecado se ha roto, y recibimos una nueva identidad en Cristo. ¡No es necesario un segundo, tercero o cuarto bautismo!

Pero debido a nuestra tendencia a pecar, a vivir absortos en nosotros mismos en lugar de en vidas “absortas en Dios”, una clase de “segundo” bautismo pudiera ser necesario. Este “segundo toque” pudiera ser entendido como la conversión de nuestros corazones, un proceso que comienza con nuestro bautismo y no termina hasta la muerte cuando somos atraídos hacia el corazón mismo de Dios.

  • ¿Has experimentado una “conversión del corazón?” ¿Una teofanía te ha conducido a una experiencia más profunda de Dios, una que requiere una reevaluación de tus prioridades, tu manera de vivir en este mundo? ¿Cómo te acercas más al corazón de Dios?

Lucas 3:15-17, 21-22

Juan el Bautista se apresura a aclarar su identidad. La gente le había identificado erróneamente como el Mesías, el anhelado rey e Hijo de Dios que transformaría sus vidas y su mundo. No, dice Juan, sólo tengo agua – un mero símbolo de limpieza – mientras que el Mesías que ha de venir se manifestará mediante el Espíritu y el fuego.

La escena en los versículos 21-22 en el río Jordán es la primera manifestación de las tres personas en uno de la Trinidad: la voz de Dios el Padre que habla desde el cielo, Dios el Hijo que fue bautizado, y Dios el Espíritu que descendió sobre Jesús en forma de una paloma. Es aquí donde Dios el Padre no sólo proclama la identidad de Jesús al mundo, sino que también Dios el Espíritu Santo es enviado para capacitar a Jesús para el ministerio.

  • ¿Alguna vez hemos “mal identificado” a nuestro Mesías? ¿Ha proclamado Dios tu identidad? ¿Qué ministerio te ha facultado Dios a ejercer?

 
 
 
 
 
 
 

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