Una cumbre que moviliza a la comunidad para abordar la trata de personas

May 11, 2016


[Episcopal News Service] Doscientas cuarenta y cuatro millones de personas —igual a tres cuartas partes de la población de EE.UU.— viven fuera de sus países de origen, una cifra que incluye a 20 millones de refugiados y a 21 millones de víctimas de la trata de personas.

El sábado 7 de mayo, más de 120 individuos se reunieron en la iglesia episcopal de Santiago Apóstol [St. James’] en Elmhurst, Queens, NY, para escuchar testimonios de primera mano de trabajadores migrantes que resultaron víctimas de tratantes de personas, sobrevivieron [al trauma] y se han convertido en defensores de otras víctimas. Fue la segunda cumbre sobre trata de personas  que tiene lugar en la iglesia, la primera se celebró en 2014, y condujo a la creación de la Misión Asioamericana para Poner Fin a la Esclavitud Moderna, o AMEMS, por su sigla en inglés.

“Muchísimas de las víctimas de la trata no saben que lo han sido”, dijo Bernadette Ellorin, directora de AMEMS. “Saben que les han impuesto una situación dura, pero no la llaman trata”.

La gente emigra por diferentes razones: los refugiados sirios huyen de la guerra civil en su país; los iraquíes huyen del sectarismo violento y del Estado Islámico; y hondureños, salvadoreños y guatemaltecos huyen de la violencia de las pandillas que han convertido sus países en unos de los más violentos del mundo.

Otros migrantes, como los que vienen de Filipinas, abandonan su patria a un ritmo de 6.000 al día para trabajar en lugares como Hong Kong, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. De esos migrantes que salen de Filipinas, el 70 por ciento son mujeres que se ven favorecidas en un mercado laboral global determinado por vacantes en atención sanitaria, cuidado infantil y de ancianos y la industria hotelera.

La Oficina del Ministerio Asioamericano de la Iglesia Episcopal, la Alianza Nacional de Intereses Filipinos, AMEMS y otras entidades auspiciaron la cumbre de un día entero de duración, cuya finalidad es educar y crear una mayor conciencia en la comunidad respecto a la trata [o el tráfico] de mano de obra; brindar un espacio para oír testimonios de primera mano de sobrevivientes de la trata de personas e iniciar una red de apoyos basada en la comunidad para que los sobrevivientes de esta trata trabajen junto con AMEMS como promotores sociales y asociados.

Los participantes escucharon a Daisy Benin, que regresó recientemente a Nueva York donde ella ahora trabaja como niñera para una familia del Alto Este [Upper East Side] de Manhattan, luego de visitar a sus tres hijos en Filipinas por primera vez en más de seis años; a Janet Basilan, una de las muchas maestras víctimas de trata de personas en Estados Unidos; a María Elena Bolocon, que vino a Estados Unidos con una visa de negocios junto con la familia para la que trabajaba en Italia. En cada uno de los casos de estas mujeres, descubrieron que los contratos que habían suscritos, ya fuera con una familia, como en el caso de Bolocon, o con agencias de empleo en Filipinas, no se cumplieron.

Las mujeres no están solas

En todo el mundo, 21 millones de personas, entre ellas 11,4 millones de mujeres y niñas, son víctimas de la trata. Estados Unidos es un principal país de destino para hombres, mujeres y niños con quienes trafican con fines de explotación laboral y sexual. Queens, [en Nueva York] donde está localizada [la barriada de] Elmhurst, es el tercer condado más racialmente diverso de Estados Unidos, de cuya población el 22,8 por ciento se identifica como asiomericana y el 27,5 por ciento como latina. Este barrio se encuentra en el extremo occidental de Long Island y es el puerto de entrada  del tráfico marítimo y aéreo de la ciudad de Nueva York, lo cual lo convierte en un punto de ingreso de inmigrantes y en un foco de tratantes de personas.

Una de las necesidades inmediatas que AMEMS proporciona es apoyo legal a las víctimas. “Deben ajustar su estatus porque muchas de ellas son indocumentadas o se han visto forzadas a una situación de indocumentadas debido a lo que les sucedió”, dijo Ellorin.

La misión de AMEMS es crear un centro de información global — para [proporcionar] educación y concienciación al objeto de abordar la trata de personas y programas para apoyar y capacitar a las víctimas, incluida la ayuda legal y de inmigración, la remisión a albergues de mujeres y los empeños de promoción [o defensa] social concentrados en la situación de los inmigrantes. En noviembre de 2015, Santiago Apóstol recibió una subvención de Presencia Vital en la Ciudad de Nueva York en apoyo de AMEMS.

Durante la sesión vespertina de la cumbre, los participantes se reunieron en pequeños grupos para participar en talleres sobre apoyo y organización comunitaria; robo de jornales y trata de personas y clínica jurídica basada en derechos. Según la ley vigente en EE.UU., las víctimas de trata de personas pueden solicitar visas T de no inmigrantes y permanecer en el país mientras los tratantes de personas son investigados y juzgados. Sin embargo, como explicó Ellorin, los sobrevivientes de la trata de personas a veces resultan víctimas de abogados depredadores que se aprovechan de una situación que ya es vulnerable.

“Desafortunadamente, muchísimos abogados ven esto como una oportunidad de hacer dinero y deliberadamente la utilizan como pretexto para extraer más ganancias de los sobrevivientes, porque estos se encuentran desesperados por ajustar su estatus”, explicó ella, añadiendo que los abogados intencionalmente presentan mal los expedientes de manera que no los aprueben, exigiendo que las víctimas paguen de nuevo los costos de presentación. “Queremos ofrecerles instrucción legal, de manera que ellos puedan hacer la solicitud por sí mismos sin tener que recurrir a un abogado, disminuyendo así el riesgo de ser explotados”.

El Rdo. Fred Vergara, que como sacerdote estuvo a cargo de Santiago Apóstol y es el misionero de la Iglesia Episcopal para el Ministerio Asioamericano, se esforzó en crear conciencia tanto en la iglesia como en la comunidad cuando se percató de [la existencia de] trata de personas en la comunidad de su iglesia.

Episcopales de toda la nación han formado redes locales para crear conciencia de la existencia de la trata de personas y para buscar medios para ayudar a erradicarla. Los episcopales y anglicanos de todo el mundo se esfuerzan en crear conciencia y en instruir a la gente respecto a la trata de personas.

El  Error! Hyperlink reference not valid tiene una página en su cibersitio que contiene materiales para congregaciones y diócesis, incluyendo estadísticas, gráficas, declaraciones e información acerca de la legislación propuesta.

Este pasado febrero, durante un evento especial en las Naciones Unidas —al objeto de crear asociaciones más fuertes para coordinar mejor los esfuerzos para detener la trata de personas y erradicar la esclavitud moderna mediante el desarrollo sostenido—, la Iglesia Episcopal, que tiene  estatus consultivo en el Consejo Económico y Social de la ONU, presentó una declaración en que resumía las lecciones aprendidas respecto a las mejores prácticas extraídas de sus programas y ministerios locales, así como reflexiones sobre lo que debe hacerse para intensificar el empeño contra la esclavitud moderna.

La declaración mencionaba, por ejemplo, que alguna de la mejor labor que se ha realizado para crear conciencia de la trata de personas y para erradicarla ha sido en el ámbito local. Mencionaba específicamente una gira de 21 días en bicicleta para crear conciencia en la zona del Valle Central de California; los; empeños de algunos episcopales de Nueva Jersey de crear conciencia acerca de la trata de personas antes de la celebración del Súper Tazón [Super Bowl] 2014 que se celebró en ese estado; los esfuerzos de Mujeres Episcopales y de Empoderamiento de Mujeres Anglicanas de crear conciencia a través de la participación en los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, así como la labor de la Misión Asioamericana para Ponerle Fin a la Esclavitud Moderna.

Lynnaia Main, el enlace de la Iglesia Episcopal con las Naciones Unidas, asistió a la cumbre en Santiago Apóstol el 7 de mayo para escuchar testimonios de primera mano de los sobrevivientes de manera que ella pueda incluir sus perspectivas en el contexto de la ONU.

“Las suyas son las perspectivas que los que toman las decisiones en las Naciones Unidas deben oír”, dijo Main. “Ahí es donde tiene lugar la obra de justicia, escuchando a las personas que han estado realmente en esas situaciones y cuáles son sus necesidades y lo que creen que debe cambiar”.

La Asamblea General de la ONU, en vísperas de su 71ª. sesión, convocará una reunión plenaria de alto nivel, que tendrá lugar en Nueva York el 19 de septiembre,  para abordar los grandes movimientos de refugiados y migrantes. El objetivo de la reunión es juntar a los países detrás de un enfoque más humano y coordinado para abordar el gigantesco número de refugiados y migrantes.

— Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal New Service. Traducción de Vicente Echerri.

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