Un grupo de Carolina del Norte explora su colaboración en Costa Rica

August 22, 2013
Un grupo exploratorio de la iglesia episcopal del Santo Consolador en Burlington, Carolina del Norte, visitó la Iglesia Episcopal de Costa Rica la semana del 5 de agosto en busca de una relación de compañerismo. Aquí Tom Lambeth y Morgan Kernodle posan con alumnos del Hogar Escuela en Barrio Cuba. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Un grupo exploratorio de la iglesia episcopal del Santo Consolador en Burlington, Carolina del Norte, visitó la Iglesia Episcopal de Costa Rica la semana del 5 de agosto en busca de una relación de compañerismo. Aquí Tom Lambeth y Morgan Kernodle posan con alumnos del Hogar Escuela en Barrio Cuba. Foto de Lynette Wilson para ENS.

[Episcopal News Service – San José, Costa Rica] Puede haber sido amor a primera vista.

Un martes por la mañana de hace poco, un sacerdote, una pediatra, un juez y una maestra entraron en el Hogar Escuela que tiene la Iglesia Episcopal de Costa Rica en la sección Barrio Cuba de esta ciudad de San José para encontrarse con 160 niños, de entre seis meses y 12 años de edad, uniformados con camisas y blusas a cuadros blancos y azules y pantalones y faldas azul marino.

“El programa comenzó aquí hace 50 años con 10 niños, y en cuestión de cuatro años había 40…”, explicó Héctor Monterroso, el obispo [episcopal] de Costa Rica, añadiendo que la escuela sirve fundamentalmente a hijos de madres solteras en uno de los barrios más pobres de San José, donde no es raro que haya vendedores de drogas por las esquinas.

“Los niños creen que esto es normal”, afirmó.

La escuela sirve como una suerte de oasis, con todas las cosas, desde un terreno de juego bajo techo —en Costa rica llueve nueve meses del año— hasta los colores con que están pintadas las paredes que alientan la tranquilidad y el aprendizaje. Al proporcionarles a los niños la mejor atención y ambiente posibles para jugar y para aprender, el personal de la escuela, que incluye a dos capellanes, espera prepararlos para un futuro más prometedor.

“Apoyamos a los niños con buena educación, nutrición, tecnología y valores. Brindándoles un lugar seguro y un ambiente diferente [a los niños], tal vez podamos romper el ciclo [de la pobreza]”, expresó Monterroso.

Exploración
La escuela de Barrio Cuba sería la primera de las dos escuelas que el grupo de la iglesia episcopal del Santo Consolador [Holy Comforter Episcopal Church] en  Burlington, Carolina del Norte, visitaría ese día. La segunda, ubicada en Heredia, una ciudad industrial densamente poblada al norte de San José, sigue el modelo de la primera y atiende a niños del Gaurarí, un área aún más pobre poblada principalmente por inmigrantes nicaragüenses.

“Este es un grupo exploratorio”, dijo la Dra. Shannon McQueen, la pediatra. “Para ver qué necesidades se ajustan a nuestros talentos”.

“Esperamos que [la asociación] llegue a ser diáfana”, dijo ella, añadiendo que el grupo le presentará un plan a la junta parroquial y a la iglesia y juntos decidirán el camino a seguir.

En enero, el Rdo. Adam Shoemaker, el rector de la iglesia, le propuso a la junta parroquial una asociación internacional; la junta estuvo de acuerdo y el grupo pasó la semana del 5 de agosto en Costa Rica explorando una relación de compañerismo parroquial.

Shoemaker sirvió como misionero del Cuerpo de Servicio de Jóvenes Adultos en el suburbio de Río de Janeiro que aparece en la película de 2002 Ciudad de Dios, antes de convertirse en un sacerdote parroquial.

“Este es el fruto del programa del YASC; que ha seguido actuando en mi corazón y en mi mente desde entonces”, dijo él en una entrevista con ENS en Costa Rica.

“Algunos podrían preguntar, ‘¿por qué irse tan lejos?’”, dijo Shoemaker, al tiempo de explicar que el servicio internacional “nos ayuda a valorar que somos parte de una Iglesia mayor y profundiza nuestra fe”.

La misión internacional funciona, añadió, también inspira el trabajo local del Santo Consolador, el cual incluye un programa de tutoría en la Escuela Primaria [Harvey R.] Newlin, una escuela elemental de bajo rendimiento que queda cerca.

En parte el deseo [de la iglesia] del Santo Consolador de asociarse con uno de los seis programas de la Iglesia en Costa Rica se inspira en la Iniciativa Galilea del obispo Michael Curry de Carolina del Norte, que reta a los miembros a salir a la comunidad y a la Comunión Anglicana, dijo Tom Lambeth, un juez que sirve en la junta parroquial y en el comité de misión y participación comunitaria de la iglesia.

Compañerismo
La Diócesis de Carolina del Norte y la Iglesia Episcopal de Costa Rica han estado en una relación de compañerismo desde 1995. Un coordinador de diócesis compañera sirve en Costa Rica para facilitar la relación y ocuparse de la planificación y los preparativos de viajes, y funciona como secretario de habla inglesa del obispo y su capellán durante las visitas pastorales, dijo Clarence Fox, miembro de la iglesia episcopal de San Albano [St. Alban’s Episcopal Church] en Davidson, Carolina del Norte, quien terminó recientemente su servicio como coordinador diocesano.

“El puesto es el de intermediario entre las dos diócesis, garantizando que Costa Rica entienda claramente lo que Carolina del Norte tiene en mente [y viceversa]”, dijo Fox.

Un grupo exploratorio de la iglesia episcopal del Santo Consolador en Burlington, Carolina del Norte, visitó la Iglesia Episcopal de Costa Rica la semana del 5 de agosto. De izquierda a derecha, Tom Lambeth, Clarence Fox (detrás), la Dra. Shannon McQueen, Morgan Kernodle, el Rdo. Adam Shoemaker y el obispo de Costa Rica Héctor Monterroso. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Un grupo exploratorio de la iglesia episcopal del Santo Consolador en Burlington, Carolina del Norte, visitó la Iglesia Episcopal de Costa Rica la semana del 5 de agosto. De izquierda a derecha, Tom Lambeth, Clarence Fox (detrás), la Dra. Shannon McQueen, Morgan Kernodle, el Rdo. Adam Shoemaker y el obispo de Costa Rica Héctor Monterroso. Foto de Lynette Wilson para ENS.

De la misma manera que el grupo exploratorio está abordando su asociación, la Iglesia en Costa Rica procura equiparar sus talentos y recursos con las necesidades de una comunidad.

A cada una de las 19 iglesias y misiones de la Iglesia Episcopal de Costa Rica se les insta a tener un plan basado en el triple plan estratégico de la Iglesia, que incluye expansión, educación cristiana/reflexión teológica y testimonio cristiano mediante la participación comunitaria, o la misión. Además de un plan, los sacerdotes bivocacionales deben tener un plan para financiarlo.

“Discutimos diferentes puntos de interés misional y luego discernimos la que puede ajustarse a nuestra labor”,  dijo Monterroso. “No es posible cerrar los ojos cuando estamos en medio de un problema”.

Hace medio siglo, la congregación de la iglesia episcopal del Buen Pastor en el centro de San José abrió los ojos a los problemas que los pobres enfrentaban en Barrio Cuba y decidió intervenir. La escuela, que desde entonces ha crecido hasta incluir su propia congregación, la iglesia episcopal de San Felipe y Santiago, funciona de 6 A.M. a 6 P.M. de lunes a viernes, para ajustarse a los horarios de los padres trabajadores. La matrícula mensual se paga en una escala proporcional que va de cero a $220. Lo que no se recauda en matrícula para llegar a los $400.000 del presupuesto de funcionamiento anual, se obtiene a través de subsidios del gobierno, subvenciones y donaciones, explicó Monterroso.

“Confiamos en Dios. No contamos con los recursos para funcionar cada año, tenemos que buscar los recursos para funcionar y todos los años los encontramos”, agregó.

El veinticinco por ciento de los 4,7 millones de habitantes de Costa Rica vive por debajo del nivel de la pobreza, en comparación con el 42,5 por ciento de los 5,8 millones de habitantes de la vecina Nicaragua. En promedio, un 50 por ciento de la población de América Central vive por debajo del nivel de la pobreza.

A diferencia de otros países centroamericanos que le quedan al norte —El Salvador, Honduras y Guatemala— Costa Rica no está plagada por la violencia pandilleril y el tráfico de drogas no ha alcanzado niveles significativos, afirmó Monterroso.

No obstante, el país no es inmune a la pobreza, las drogas y la violencia. Uno podría pasar por alto Gaurarí, si no sabe que existe. Pero detrás de un centro comercial en Heredia hay un área de casuchas y de viviendas del gobierno que albergan a un gran número de inmigrantes de la vecina Nicaragua: hay unos 400.000 nicaragüenses en Costa Rica.

Clarence Fox, a la izquierda, ex coordinador de asociación diocesana, habla acerca del papel de la iglesia episcopal de San Albano, en Davidson, Carolina del Norte, en la construcción del Hogar Escuela en Heredia, mientras Tom Lambeth, el obispo Héctor Monterroso y Sandra Cardona lo escuchan. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Clarence Fox, a la izquierda, ex coordinador de asociación diocesana, habla acerca del papel de la iglesia episcopal de San Albano, en Davidson, Carolina del Norte, en la construcción del Hogar Escuela en Heredia, mientras Tom Lambeth, el obispo Héctor Monterroso y Sandra Cardona lo escuchan. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Aprovechándose de sus éxitos en Barrio Cuba, Cristo Resucitado, una pujante congregación que se reúne en un apartamento a unos pocos kilómetros de distancia, abrió un segundo Hogar Escuela en Heredia, a principios de julio, para atender a niños y padres que viven en Gaurarí.

“Esta escuela es el resultado de prestar atención a las necesidades de la comunidad y de responder como lo haría un pastor. Han participado muchísimos pastores: el que donó el terreno —y luego donó una parcela mayor—, los que diseñaron la escuela, los que ayudaron a construir y a amueblar el edificio, y a supervisar su construcción, y los que han pintado estos murales”, dijo la obispa primada Katharine Jefferts Schori, durante la inauguración de la escuela el 29 de junio. “Esta escuela está preparada para recibir muchos corderos, para alimentarlos y formarlos en cuerpo, mente y espíritu. Necesitará del continuo pastoreo de maestros y cocineros y supervisores que ayudarán a mantenerla sana y encaminada hacia los delicados pastos”.

“Si esta escuela llega a ser el hogar o el albergue del que toma su nombre, llegará a la comunidad más amplia para alimentar y atender a los corderos y a las ovejas que viven en torno, incluidos algunos que nunca entrarán en este lugar. Ese pastoreo empieza con los primeros alumnos que vienen aquí…”.

Durante una visita a la escuela, Monterroso explicó que el hombre a quien la Iglesia le compró el terreno, luego de ver a la Obispa Primada en la televisión durante la [ceremonia] del desbroce del terreno y de haber  adquirido un mejor entendimiento del proyecto, le ofreció a la Iglesia un parcela un poco mayor en la acera de enfrente.

Algunos de los niños que asisten al Hogar Escuela provienen de Gaurarí, un área detrás de un centro comercial donde la gente ha construido casuchas de zinc. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Algunos de los niños que asisten al Hogar Escuela provienen de Gaurarí, un área detrás de un centro comercial donde la gente ha construido casuchas de zinc. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Muchos de los inmigrantes de Nicaragua se han instalado en casuchas, dijo Sandra Cardona, directora administrativa de ambas escuelas y esposa del obispo.

“Utilizamos el término ‘precario,’ para describirlas” dijo ella, en el sentido de los que viven precariamente. “Los preparamos para que salgan y busquen empleos. Les convencemos de que pueden hacer más por sí mismos y por sus hijos”.

El mayor reto que enfrenta el personal tocante a la Escuela de Heredia, dijo Cardona, es cambiar la mentalidad de pobreza de la madre.

“Aquí lo que hemos visto son muchas madres adolescentes, niñas criando niños, no hay oportunidades para ellos; sus madres no tuvieron oportunidades”, afirmó Carmona, añadiendo que ese es el porqué las escuelas funcionan tanto con las madres como con los hijos. “Los niños no tienen problemas, heredan los problemas”.

Los niños que asisten al Hogar Escuela en Barrio Cuba tienen en su mayoría madres que trabajan, pero ese programa, admitió Cardona, ha estado funcionando por casi medio siglo. La escuela de Heredia tiene ahora más de 35 alumnos, y también funciona de 6 A.M. a 6 P.M. de lunes a viernes.

Antes de la apertura de la escuela, la Iglesia, con la ayuda de la iglesia episcopal de San Albano en Davidson y otros grupos de misión, dirigía una escuela bíblica de vacaciones en un edificio contiguo a la estación de policía de Gaurarí. Con el 40 por ciento de la mano de obra provista por los grupos de misión, el proyecto escolar de $750.000 se construyó en el curso de tres años, explicó Monterroso.

Relaciones sólidas
El acuerdo de compañerismo entre Costa Rica y Carolina del Norte se basa en la relación y el intercambio, dijo el obispo.

La Diócesis de Carolina del Norte y la Iglesia Episcopal de Costa Rica enfocaron su relación de compañerismo de 18 años como un ejercicio de comprensión mutua. Un plan estratégico 2012-2015 aprobado por la Convención de la Diócesis de Costa Rica en 2011, compilado por el encargado de compañerismo y por un representante de la Diócesis de Carolina del Norte, evaluaba las necesidades físicas y espirituales  de cada una de las parroquias y misiones de la Iglesia en Costa Rica, y buscaba identificar las oportunidades para una asociación a largo plazo.

“En la Comunión Anglicana emprendemos importantes tareas que establecen y afirman ‘vínculos afectivos’ entre diferentes localidades geográficamente distantes y culturalmente diferentes dentro de la Iglesia”, dijo Anne E. Hodges-Copple, obispa sufragánea de Carolina del Norte en un mensaje electrónico a ENS. “Tales vínculos no existen de una manera meramente teológica o histórica. Son dones celestiales que somos invitados a promover de formas reales y tangibles. Los intercambios entre nuestras dos diócesis han creado genuinas relaciones, verdadero compañerismo, auténtico diálogo entre los individuos y entre estos, las juntas parroquiales y las parroquias.

“En otras palabras, estas relaciones adquirieron una naturaleza sacramental: signos externos y visibles de la gracia restauradora de Dios. Tales relaciones de compañerismo entre personas de diferentes orígenes culturales revelan que nuestra particularidad y diversidad es también parte de nuestra catolicidad”, agregó ella.

“Ser ‘católico’ es reconocer que mi particularidad debe servir para edificar el todo”, afirmó.

Para Hodges-Copple un “ejemplo particularmente convincente de beneficio mutuo” ha sido el empeño de mantener activas las juntas parroquiales de ambas diócesis.  “Los miembros de las juntas parroquiales que han participado en estos eventos han tenido su propio sentido de llamado y de propósito robustecido por el aprendizaje de la experiencia de otros”, dijo ella.

Un mural en el salón de multiusos del Hogar Escuela en Heredia muestra a todas las grandes religiones del mundo, haciendo obvio que la escuela está a disposición de todos. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Un mural en el salón de multiusos del Hogar Escuela en Heredia muestra a todas las grandes religiones del mundo, haciendo obvio que la escuela está a disposición de todos. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Costa Rica, al igual que el resto de América latina, es un país mayoritariamente catolicorromano, donde los laicos están acostumbrado al tipo de gobierno de estructura vertical, de manera que ha resultado útil para los laicos que se desempeñan en las juntas parroquiales aprender, de sus homólogos de Carolina del Norte, la manera que tienen éstas de funcionar, explicó Monterroso.

También ha sido útil para el clero costarricense dedicar un tiempo para aprender historia de la Iglesia Episcopal y estudiar inglés en Carolina del Norte, y al clero de Carolina del Norte para aprender español en Costa Rica, añadió el obispo.

Fue la búsqueda de una experiencia intercultural lo que hizo que Morgan Kernodle, maestra de sexto grado, quisiera formar parte del grupo exploratorio. Eso y el hecho de que muchos de sus alumnos son de América Latina, y cuando ella les dijo que iba a visitar Costa Rica se mostraron muy entusiasmados.

“Me sentía curiosa por lo que existía afuera, más allá de [las fronteras] de EE.UU., y tan pronto como mencionaron escuelas, me sentí convencida”, dijo. “Ayuda a poner las cosas en perspectiva; los estudiantes enfrentan problemas semejantes, padres solteros, los problemas son universales”.

En el transcurso de un almuerzo tarde, reflexionando sobre lo que el grupo había visto hasta ese momento, Lambeth, miembro de la junta parroquial y juez, aun pensaba en lo que había presenciado horas antes ese mismo día en Barrio Cuba.

“Me enamoré de esa escuela” afirmó.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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