Reading Camp lleva la alfabetización al mundo

August 28, 2012



La maestra camerunesa Evelyn Andom trabaja de voluntaria este verano en el programa experimental del Campamento de Lectura en Tiko. Foto de Carolyn Hockey

[Episcopal News Service] Aproximadamente mil millones de personas ven el mundo de una manera diferente. Según estadísticas de las Naciones Unidas, el 17 por ciento de la población mundial, mayores de 15 años, cargan con el analfabetismo, y no  podrían leer este artículo [en ninguna lengua].

Para los líderes y voluntarios de Reading Camp [Campamento de Lectura], un ministerio de la  Diócesis Episcopal de Lexington que se ha convertido en un empeño mundial, el analfabetismo – definido por la ONU como la incapacidad de leer y escribir un mensaje sencillo en cualquier idioma— no es una opción. Educar y capacitar a la próxima generación, inculcándole confianza en sí misma y creando nuevas oportunidades se encuentran entre los principales objetivos del programa.

El Rdo. Joseph Ngijoe y su esposa Clemence, de la Iglesia Anglicana en Camerún, tenían el sueño de crear una alianza internacional para ayudar a los niños que luchan por leer y escribir en ese país de África Occidental, donde 1 de cada 4 personas, de una población de 20 millones, es analfabeta.

Unas amistades que se forjaron en 2009 —mientras estudiaban en la Escuela de Teología Eclesiástica del Pacífico en Berkeley, California— allanaron el camino para que el sueño de los Ngijoe se convirtiera en realidad. El Campamento de Lectura Camerún [Reading Camp Cameroon] se fundó a mediados de junio de este año con un programa experimental de una semana en Tiko, y reunió a embajadores de la Iglesia Episcopal provenientes de Estados Unidos con un equipo de maestros cameruneses, todos voluntarios.

Clemence Ngijoe describió el programa como una herramienta creativa y vital para romper el círculo de la pobreza y de la ignorancia.

“Sabemos que la ignorancia constituye un bloqueo para el desarrollo social y que la lectura es la base del conocimiento. Una persona que no sabe leer es como una persona ciega y está limitada en todos los aspectos de la vida”, le dijo ella al Servicio de Prensa Episcopal (ENS). “La lectura propaga amor, cuidado y bendiciones en la familia, en la escuela, en la comunidad y en el mundo. Es un ministerio del amor de Dios, de la compasión y del autodescubrimiento”.

Reading Camp, apuntó Ngijoe, también es parte integrante del cumplimiento del segundo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de lograr la educación primaria universal.

“Un niño bien educado contribuirá inmensamente con la sociedad”, dijo ella. “Reading Camp ayuda a los niños no sólo a aprender, sino también a desarrollar confianza en sí mismos”.

Alrededor de 45 niños, de 8 a 11 años de edad, llegan para otra jornada en el Campamento de Lectura Camerún . Foto de Petero Sabune

Los tres embajadores laicos, procedentes de las diócesis de Atlanta, Lexington y Ohio, se unieron a los Ngijoe y a más de 20 maestros locales para impartir el programa a unos 45 campistas en Camerún, la mayoría con edades entre los 8 y los 11 años.

Joanne Ratliff, profesora titular en lengua y alfabetización de la Universidad de Georgia, la definió como una de las experiencias más espirituales de su vida.

Ella dijo que los maestros y los niños que participaron en el campamento “fueron una bendición para mí a nivel profesional y personal… Los niños me alegraron el alma al demostrarme su deseo de aprender. Todos vinieron con un corazón abierto y una mente abierta”.

En contraste con Estados Unidos, muchas escuelas camerunesas tienen “hasta el cuádruple de alumnos en aulas con bancos de madera, un pizarrón y tiza, y poco más”, explicó Ratliff. “El edificio de la escuela donde trabajamos lo definieron como una escuela buena, pero probablemente habría sido condenada en EE.UU.”.

Veintiún maestros se presentaron todos los días sin paga durante sus vacaciones escolares, dijo Ratliff. “Trabajaban con los niños toda la mañana y luego venían y trabajaban conmigo durante otra hora. Nunca escuché una sola queja. De hecho, su gratitud resultaba abrumadora”.

Beauty se aparecía todos los días con su libro bajo el brazo. Ella quería leer, pero era demasiado pequeña para incorporarse al programa de este año. Tal vez el año próximo. Foto de Petero Sabune

Carolyn Hockey, de 19 años y procedente de Cleveland, en la Diócesis de Ohio, dijo que el Campamento de Lectura Camerún resultó tan exitoso que otros niños del barrió “intentaron colarse en el campamento, al ver lo mucho que todos se divertían y lo mucho que estaban aprendiendo”.

Hockey pasó cinco años como voluntaria y consejera en campamentos en Lexington, y ayudó a inaugurar el primer Reading Camp en la Diócesis de Ohio, en su parroquia de la iglesia episcopal de San Pablo [St. Paul’s] en Cleveland Heights. Dijo, además, que se sentía “más conectada con Dios cuando estaba en el Campamento de Lectura.

“No es sólo un programa de alfabetización. Se trata de desarrollar la confianza en sí mismos que los más jóvenes necesitan, en particular los que están esforzándose con la lectura. Adquirir confianza para intentarlo es la mitad del esfuerzo de leer para muchísimos niños”, dijo Hockey, que está pasando el verano en Camerún antes de comenzar a estudiar ciencias políticas y religión en el colegio universitario de Wooster [College of Wooster] en Ohio.

“Otra cosa bella del Reading Camp es que enriquece las vidas de todos los que participan”, agregó.

Allissa Ferguson, de 25 años se mostró de acuerdo. “Participar en el Campamento de Lectura me da esperanzas”, afirmó. “He visto la transformación que se opera en los niños y eso me recuerda que Dios sí se mueve en el mundo. Yo también he sentido la transformación en mi propia vida. Al principio no me daba cuenta de su importancia, pero ahora, después de varios años, veo que el Campamento de Lectura es como ‘una experiencia cumbre’, como esas que se mencionan en la Biblia”.

Oriunda de Nashville, Tennessee, Ferguson comenzó a trabajar de voluntaria para Reading Camp cuando aún estudiaba en la Universidad de Kentucky, en la Diócesis de Lexington. Participó en el ministerio de campamento de la Universidad, y se unió a la Iglesia Episcopal siendo estudiante de primer año.

Ferguson dijo que la experiencia “crea un espacio para el Espíritu Santo y me prepara para mantenerme optimista aunque me sienta frustrada. Los niños mismos son una enorme inspiración para mí. Su difícil labor me demuestra que lo que hacemos realmente funciona y que todo es posible”.

Uno de los 45 niños, de 8 a 11 años de edad, que asistieron al Campamento de Lectura Camerún. Foto de Carolyn Hockey

Reading Camp, agregó Ferguson, representa también un nuevo comienzo. “No sólo enseñamos lectura; creamos un espacio seguro y amoroso para que [los niños] se desarrollen y luego les damos los instrumentos para hacerlo. Se trata de una transformación que pueden llevar con ellos por el resto de sus vidas”.

Hockey describió a los maestros cameruneses y a los voluntarios del campamento como soñadores, resaltando que ya están hablando de expandir el campamento para incluir cinco diferentes semanas el año próximo.

“Si alguien puede hacerlo son ellos. Están tan motivados”, subrayó Hockey.

El Rdo. Petero Sabune, funcionario encargado de los compañerismos de la Iglesia Episcopal en África, visitó Camerún para ver el programa Reading Camp en acción.

“Ver, oír y experimentar la alegría del equipo en Camerún fue pasmoso. Es casi un milagro”, afirmó. “Ver a los niños que vienen y a los adultos que los reciben para [enseñarles a] leer era lo que todos esperábamos diariamente. Leer y que le lean [a uno] es algo celestial. Me imagino que el cielo es donde uno tiene todos los libros y todo el tiempo”.

El trayecto que condujo al Campamento de Lectura Camerún comenzó en 2002 cuando Stacy Sauls, el anterior obispo de Lexington y ahora jefe de operaciones de la Iglesia Episcopal, “concibió un programa que reuniera los recursos de la diócesis… para abordar algunos de los problemas más apremiantes de la región: analfabetismo, pobreza, [así como] el malestar y la desesperanza generales que los acompañan”, dijo a ENS Allison Duvall, directora ejecutiva de Reading Camp.

Según un estudio federal publicado en 2009, se calcula que unos 32 millones de adultos —uno de cada siete— en Estados Unidos tienen tan pocas habilidades de lectoescritura que serían incapaces de entender las instrucciones de un frasco de pastillas.

Fijar un nivel “básico inferior” de alfabetización en el tercer y cuarto grados puede ayudar a frenar o a revertir esas cifras.

Duvall explicó que los voluntarios de Reading Camp se comunican con los sistemas escolares, les piden a los maestros que elijan a estudiantes conflictivos que estén por lo menos un grado por debajo de su nivel de lectura para que asistan al programa.

Ella dijo que, durante el campamento, cada niño recibe más de 15 horas de instrucción de lectoescritura remedial personalizada en pequeños grupos o de uno en uno con maestros o voluntarios preparados.

Además de reafirmar sus capacidades de lectura, los niños “disfrutan por las tardes de actividades que están estructuradas para crearles confianza, conciencia de sí mismos y para desarrollarles caracteres fuertes, mientras incorporan estrategias para la vida cotidiana y aprendizaje interdisciplinario”, añadió Duvall. “Los campistas aprenden a nadar, a montar a caballo, a descender por la pared de un risco —y estos éxitos transforman su enfoque de aprender a leer”.

Para 2008, Reading Camp se había establecido en ocho sitios diferentes de la Diócesis de Lexington, así como en Iowa, Ohio, Virginia y Sudáfrica.

El programa de Sudáfrica, que se inauguró en Grahamstown en 2007 se mantiene pujante cinco años más tarde y los líderes locales hablan de extender Reading Camp  a las otras diócesis de la Iglesia Anglicana en África del Sur.

Uno de los problemas más apremiantes, dijo Duvall, ha sido crear un modelo de desarrollo sostenible, “que ayudaría a otros a iniciar sus propios campamentos de lectura sin menoscabo de la financiación o la calidad de los programas de la Diócesis de Lexington”.

En respuesta se creó la Red del Campamento de Lectura [Reading Camp Network] para apoyar la expansión y desarrollo del ministerio a través de Estados Unidos y en el resto del mundo, abundó Duvall.

Las iglesias y organizaciones que desean iniciar un programa de alfabetización basado en el modelo de Reading Camp pueden unirse ahora a la red y tener acceso a los materiales de capacitación.

Ya tenga lugar en Lexington, Cleveland, Sudáfrica o Camerún, los voluntarios de Reading Camp describen la experiencia como transformadora para todos los participantes, niños y voluntarios por igual.

Abbey Clough, una joven adulta voluntaria en el campamento de lectura de Pine Mountain que funcionó a fines de julio en Kentucky, dijo que había sido un vehículo para su propio “discernimiento vocacional”… derribó algunas barreras emocionales que yo había levantado”.

Agregó que los niños habían abierto su corazón y que los voluntarios habían llegado a ser como hermanos y hermanas.

Clough, de 19 años y miembro de la iglesia episcopal de San Pablo [St. Paul’s], en Cleveland Heights, se refirió a dos ex campistas que ahora son voluntarios de un campamento de lectura como consejeros juveniles. “No eran capaces de repetir el alfabeto o de escribir sus nombres hace cuatro años”, contó ella. “Ahora son consejeros juveniles que ya no viven con barreras emocionales. Eran tan herméticos cuando vinieron aquí por primera vez. Ahora cuidan a los otros niños. [Eso] es un ejemplo concreto… del efecto que el Reading Camp tiene en las personas… Esos dos han enternecido los corazones de los que hemos estado aquí durante los últimos cuatro años. Hemos puesto tanto empeño en ellos”.

Clough es una de los muchos jóvenes adultos que brindan su tiempo como consejeros en un campamento de lectura cada año, con frecuencia costeando sus propios gastos para incorporarse a uno de los programas.

El Rdo. Chris Arnold, rector de la iglesia de Santa María [St. Mary’s] en Middlesboro, Diócesis de Lexington, y en su primer año como voluntario en el campamento de lectura de Pine Mountain, dijo que una y otra vez, “la Escritura muestra a Dios abriéndole los ojos a la gente a mejores posibilidades, futuros más brillantes, la tierra prometida y el Reino. El campamento de lectura revela el método de Dios de ayudar a las personas a descubrir nuevas posibilidades y disfrutes inéditos”.

Entre tanto, Clemence Ngijoe, de Camerún, se siente agradecida de que el campamento se haya desarrollado a partir de su éxito en Estados Unidos para ampliar el programa en todo el mundo. Ella dijo que valora profundamente las amistades que se han forjado “dentro de nuestras comunidades y lejos” a través del programa.

“Ahora formamos una familia internacional muy grande”, agregó. “Esto nos ha enseñado una vez más acerca de la noción de Ubuntu (un concepto africano que significa ‘soy lo que soy debido a quienes somos todos’) y la unidad pese a nuestras diferencias culturales o geográficas”.

– Matthew Davies es redactor y reportero del Servicio de Prensa Episcopal. Traducido por Vicente Echerri.

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