Los refugiados enfrentan nuevos retos y los episcopales en Francia redoblan su respuesta

March 17, 2016

Este artículo es parte de una serie en proceso que explora la respuesta de la Iglesia Episcopal y sus asociados ecuménicos e interreligiosos a la crisis mundial de los refugiados. Otros artículos de esta serie se pueden encontrar aquí.

Un refugiado pasa, el 14 de marzo, frente a la iglesia de la zona del desmantelado campamento que llaman “la jungla”, en Calais, Francia. Foto de Pascal Rossignol/REUTERS.

Un refugiado pasa, el 14 de marzo, frente a la iglesia de la zona del desmantelado campamento que llaman “la jungla”, en Calais, Francia. Foto de Pascal Rossignol/REUTERS.

[Episcopal News Service] Cuando Regan du Closel visitó la infame “Jungla” de Calais en octubre, se quedó profundamente perturbada por las condiciones del improvisado campamento de refugiados. Después, al enterarse de más detalles sobre los refugiados —algunos de los cuales suelen arriesgar sus vidas con la esperanza de llegar un día al Reino Unido— resultaba claro que para ellos este albergue temporal, aunque miserable, era mejor que la mayoría de las alternativas.

Sobre todo, Closel se quedó impresionada por la fortaleza y dignidad de los refugiados como sobrevivientes.

Regan du Closel

Regan du Closel

De manera que cuando se difundió la noticia de que las autoridades francesas habían comenzado a desmantelar partes del campamento a principios de marzo, y que muchos de los 6.000 refugiados de La Jungla serían desahuciados, Closel supo que debía responder.

“El cierre parcial de la Jungla…es una fuente de tensión, angustia e incomprensión para muchos de los refugiados”, dijo Closel, miembro laica de la Catedral Americana en París, donde ella y Thomas Girty, otro feligrés, han organizado una respuesta compasiva y material a las necesidades de los refugiados que llegan a Francia luego de huir de la persecución y la guerra civil en sus países de origen.

Trabajadores demuelen improvisados albergues el 14 de marzo mientras los refugiados y la policía antimotines presencian el desmantelamiento parcial del campamento llamado “La Jungla” en Calais, Francia. Foto de Pascal Rossignol/REUTERS.

Trabajadores demuelen improvisados albergues el 14 de marzo mientras los refugiados y la policía antimotines presencian el desmantelamiento parcial del campamento llamado “La Jungla” en Calais, Francia. Foto de Pascal Rossignol/REUTERS.

“Como cristiana, a una le impacta con cuanta frecuencia Cristo mismo se refirió al forastero, al extranjero, al marginado, y cómo él mismo nació y creció en el camino del exilio”, dijo Closel. “¿No es nuestro papel como cristianos… ‘las manos y los pies de Cristo’… salir al encuentro de estas personas y hacer todo lo que podamos por devolverles su lugar bajo el sol?”

Para enterarse exactamente de lo que sucede y que más se necesita, Closel se mantiene en contacto regular con Christian Hogard, que ha vivido toda la vida en la zona de Calais y quien ha hecho su vocación ayudar a los refugiados desde 1999 cuando se abrió un centro de recepción de la Cruz Roja en el puerto de Calais, con el objeto primordial de albergar y procesar a los que escapaban del conflicto en los Balcanes.

“Al colaborar con cristianos, que trabajan directamente con el centro de información central sobre el terreno allí, tenemos una magnífica oportunidad de precisar donde se encuentra la mayor necesidad. [Él] es un hombre de incansable energía, de organización y de valor imperturbable”, dijo Closel.

 

Christian Hogard, el principal punto de contacto en Calais para [orquestar allí] la respuesta de la Catedral Americana de París, conversa, una mañana de diciembre, con dos voluntarios del grupo de apoyo SALAM en el campamento de Calais conocido como “La Jungla”. Foto de Regan du Closel.

Christian Hogard, el principal punto de contacto en Calais para [orquestar allí] la respuesta de la Catedral Americana de París, conversa, una mañana de diciembre, con dos voluntarios del grupo de apoyo SALAM en el campamento de Calais conocido como “La Jungla”. Foto de Regan du Closel.

Mientras arrasan las chozas y las tiendas de La Jungla, trasladan a unas 1.500 personas a un vecino campamento de contenedores de embarque del gobierno, explicó Closel. Otros 1.500 están siendo trasladados en autobuses a otro campamento distante unos 40 kilómetros por la costa del Canal de la Mancha en las afueras de Dunquerque, dirigido exclusivamente por organizaciones humanitarias. La gente allí vive en espartanas cabañas de madera.

“Para empujarlos a irse, la policía y los traficantes han incendiado muchos albergues improvisados y vehículos”, dijo ella.

Entre los vehículos que han sido destruidos está una furgoneta de primeros auxilios comprada con donaciones de feligreses y amigos de la Catedral Americana y bendecida por el obispo Pierre Whalon y la deana de la catedral Lucinda Laird, quienes visitaron La Jungla antes de Navidad.

En el nuevo campamento del gobierno, los refugiados están albergados por nacionalidad en los contenedores de embarques con literas, electricidad y calefacción, pero no tienen duchas y la única agua corriente es fría, explicó Closel.

El campamento de Dunquerque no tiene instalaciones de cocina y el gobierno francés dejará de proporcionar comidas a los refugiados, de manera que todo el alimento ha de ser financiado por donaciones y provisto por organizaciones no gubernamentales. Asimismo, sólo las donaciones voluntarias cubren el costo de los suministros médicos y del albergue y trasporte locales para el personal médico voluntario.

Closel y Girty, que dirige la misión y el servicio comunitario de la Catedral Americana, han organizado una campaña de emergencia de donaciones materiales para ayudar a los refugiados del campamento de Dunquerque, que culmina el Domingo de Ramos.

“Desde septiembre hemos estado abrumados no sólo por la inmensa generosidad y la participación de nuestra feligresía, sino también por el creciente interés de las congregaciones episcopales de Estados Unidos que quieren marcar una diferencia”, dijo Girty. “Algunos han contribuido directamente a las asociaciones con las que estamos colaborando o [lo han hecho] por conducto de nosotros. Las parroquias estadounidenses deben sentirse en libertad de llegar a nosotros aquí en la Catedral Americana. Confiamos en que la campaña actual durante esta semana que concluye el Domingo de Ramos tendrá una respuesta igualmente exitosa”.

La Catedral Americana en París, una parroquia de la Convocación de Iglesias Episcopales en Europa, dirige y apoya varios ministerios que están respondiendo a las necesidades de refugiados y de personas que buscan asilo en Francia.

El ministerio del Amor en una Caja, que dirige la laica episcopal Judy Nicault, ha distribuido, durante más de una década, regalos de Navidad para niños huérfanos y desfavorecidos en Europa. En 2015, Amor en una Caja entregó más de 3.000 regalos y centró parte de su esfuerzo en llegar a los niños y a los menores solos que vivían en La Jungla.

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La catedral respalda también a la Asociación de Solidaridad con las Minorías Orientales [Association d’Entraide aux Minorités d’Orient] que ayuda al gobierno francés a identificar candidatos con derecho al asilo. A través de ese programa, se imparten clases semanales de francés que ayudan a los refugiados a aclimatarse a sus nuevas vidas en París.

Whalon y el empresario iraquí Elish Yako fundaron la asociación en 2007. Aunque se ha dedicado en gran medida al reasentamiento de refugiados iraquíes cristianos, en los últimos tres años ha ayudado a muchas minorías sirias que escapan de la persecución.

La Iglesia Episcopal ayuda a los refugiados a reasentarse en Francia

Laird expresó su gratitud a Closel y Girty por su labor, y por dirigir la campaña de emergencia para responder a la crisis en Calais. “Es casi Semana Santa, y estamos andando el camino de la cruz, el camino del sufrimiento, con uno que tampoco tuvo un lugar donde reclinar la cabeza”, dijo ella. “¿Qué podría ser más claro. Seguir a Cristo no es cuestión de oficios en la iglesia; sino de encontrar a Cristo entre los más pequeños y perdidos, andar con los que sufren y los necesitados y acoger al forastero. La actual situación en Calais, Francia, y en el resto de Europa, nos llama a todos a acudir, y no sólo para ayudar directamente, sino para trabajar por la justicia y por la paz”.

Al igual que la Catedral Americana, otras parroquias y misiones episcopales a través de Europa, no ven su respuesta a la peor crisis de refugiados del mundo como una tarea a corto plazo.

Los episcopales en Bruselas, Múnich, Roma, Wiesbaden y otros lugares están atendiendo las necesidades de los refugiados tanto a través de programas de larga data como de nuevos ministerios que han estado evolucionando junto con la crisis.

En octubre pasado, la Convocación aprobó una resolución durante su convención anual en que les pide a los episcopales de Europa que participen en un período de renovado compromiso con su ministerio de acoger a los refugiados, de informar sobre los problemas, de trabajar ecuménicamente y de “abogar a favor de políticas justas y compasivas tanto en el ámbito nacional como en el internacional que fortalezcan la recepción y la integración de las nuevas poblaciones de migrantes en nuestro medio”.

Whalon dijo que ha sido “muy alentador ver cómo, en todas partes, nuestras 21 iglesias en Europa han respondido a la actual crisis de refugiados. Incluso nuestras [congregaciones] más pequeñas han estado recaudando fondos para auspiciar comidas, visitar los campamentos con artículos y alimentos y mostrar el amor de Cristo a todos con los que se encuentren”.

Las condiciones en el campamento de Calais con frecuencia se han descrito como miserables, dando lugar a que se le haya apodado “La Jungla”. Foto de Regan du Closel.

Las condiciones en el campamento de Calais con frecuencia se han descrito como miserables, dando lugar a que se le haya apodado “La Jungla”. Foto de Regan du Closel.

Con el desmantelamiento del campamento de Calais y los cierres de frontera entre Grecia y Macedonia, uno de los principales puntos de tránsito de los refugiados que entran en Europa, los retos distan de haberse terminado. Entre tanto, el temor de lo que el influjo de refugiados significará para la seguridad de Europa sólo parece intensificarse.

Closel reconoció las opiniones profundamente divididas a través de Europa. “Por una parte, existe el impulso entre los individuos a acoger y compartir, y hay ejemplos de esto en casi todas partes”, dijo ella. “Por la otra, existe rechazo basado en el temor, un temor grande y amorfo de perder la identidad cultural, un temor a las diferencias demasiado grande para que pueda salvarse fácilmente… un temor a que se deprecie el valor e la propiedad, a ser víctimas de un robo material y moral, un temor a la invasión, un temor a la islamización, un temor a que el apoyo del Estado no resulte suficiente. Y estos temores no están siendo abordados racional o constructivamente, de manera que sólo pueden enconarse y crecer. Muchos ojos en Francia están puestos en Donald Trump, un punto de referencia de adonde ese temor puede llevarnos”.

Pero cuanto más Closel llega a saber de los refugiados, tanto en Paris como en el campamento de Calais, ella ve a “supervivientes en el más amplio sentido, y sus dificultades les han dado una capacidad de resistencia que los que vivimos vidas tan relativamente cómodas sólo podemos imaginar”.

Closel se identifica como alguien que siempre ha estado en una encrucijada de culturas: considerada europea en Estados Unidos y no lo bastante francesa en Francia.

Nacida en Ginebra, Suiza, de padres norteamericanos, vivió en París de los 2 a los 8 años, y la bautizaron en la Catedral Americana. Durante los próximos 20 años residió en EE.UU. y regresó a Francia, donde ha vivido y trabajado durante los últimos 30 años.

“En muchos aspectos de mi vida, me he sentido como si estuviera mirando desde afuera”, expresó, lo cual me ha ayudado a identificarme con los refugiados, “que han sido arrojados a los caminos a su pesar, y que han hecho todo el trayecto hasta el norte de Francia en busca de la oportunidad de trabajar de nuevo, de usar sus destrezas y de hacerse de una vida, y que encuentran las puertas cerradas y el rechazo dondequiera que van”.

Las condiciones en el campamento de Calais con frecuencia se han descrito como miserables, dando lugar a que se le haya apodado “La Jungla”. Foto de Regan du Closel.

Las condiciones en el campamento de Calais con frecuencia se han descrito como miserables, dando lugar a que se le haya apodado “La Jungla”. Foto de Regan du Closel.

Es esta experiencia la que ha inspirado a Closel a asumir la misión de fomentar la ayuda y comprensión por los refugiados, “lo cual habla de mis profundos valores de comprensión y enriquecimiento intercultural, que le da a cada persona su lugar bajo el sol, y crea un terreno de juego más equitativo”.

Materiales para formación y respuesta

  • Las actualizaciones más recientes de la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo acerca de su respuesta a la crisis de los refugiados, así como los medios de hacer donaciones, pueden encontrarse aquí.
  • El Ministerio Episcopal de Migración, un servicio de reasentamiento de refugiados de la Iglesia Episcopal, trabaja con asociados locales para el reasentamiento, congregaciones y voluntarios individuales para acoger a refugiados en Estados Unidos provenientes de los lugares del mundo más afectados por la guerra.

– Matthew Davies es redactor y reportero de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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