Llamados a una Misión Común: 15 años de asociación episcopal-luterana

December 12, 2016

[Episcopal News Service] La mayor parte del tiempo, la Rda. Miriam Schmidt no piensa en las diferencias en su congregación unificada de episcopales y luteranos. Miembros de ambas denominaciones —y de otras en la pequeña comunidad de Big Sky, Montana— trabajan juntos por una causa común, compartiendo el culto, las comidas y los ministerios.

Pero existen algunas dificultades, reconoce Schmidt. Entre ellas, la elección de los himnos preferidos—y con la misma letra y música— por ambos grupos.

La iglesia de Todos los Santos [All Saints] se encuentra entre otras 65 comunidades de culto de todo el país en que luteranos y episcopales están asociados. Estas congregaciones y ministerios universitarios están viviendo el Llamado a la Misión Común, un acuerdo entre la Iglesia Episcopal y la Iglesia Evangélica Luterana en América para estar en plena comunión, compartir el liderazgo del clero y funcionar como congregaciones mixtas.

Casi la totalidad de las más de 20 personas entrevistadas para una serie de relatos conmemorativos de este 15º. Aniversario del Llamado a la Misión Común elogiaron los beneficios de trabajar juntos: desde compartir los recursos, especialmente en lugares pequeños, hasta ser un modelo de la unidad y la colaboración. Unas congregaciones fusionadas en Baltimore han creado un ministerio dinámico y activo de “luterpales” que se proponen servir a la barriada. Un programa de capellanía universitaria en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) es un lugar de santuario y comunidad para los estudiantes. Y en Alaska, una comunidad integrada (ellos mismos se llaman lutepiscos) es la única presencia del protestantismo tradicional en más de 300 kilómetros.

Todos los Santos en Big Sky está creciendo en número, dijo Laura T. Sacchi, miembro por mucho tiempo, y lo más importante que la gente está creciendo espiritualmente en tanto aprende acerca de diferentes tradiciones.

Tuvieron que trabajar juntos para resolver como hacer concesiones y renuncias, “como hacer que todo el mundo se sienta acogido e incluido”. Esos buenos hábitos han transmitido y configurado a una iglesia comprometida con la hospitalidad y que acoge por igual al forastero y al vecino.

Este sentido de acogida encuentra eco en la iglesia luterana-episcopal de la Epifanía [Epiphany Lutheran-Episcopal Church] en Alaska, donde no cierran las puertas. Quieren que el edificio permanezca abierto para cualquiera, un forastero necesitado, otra denominación en procura de un espacio de culto, un visitante que ande en busca de un hogar de fe.

“Siempre nos han conocido como la iglesia del pueblo donde todo el mundo es invitado a venir a adorar”, dijo la Rda. Christian Mauntel, pastora luterana en La Epifanía. Su iglesia estaba a la vanguardia, convirtiéndose en un ministerio conjunto a fines de los años 70. El Llamado a la Misión Común vino a confirmar lo que los feligreses han creído desde hace mucho: que están mejor juntos.

“Lo que era ‘tenemos que’ [una aspiración] ahora se ha convertido en motivo de orgullo”, dijo Mauntel. Ella cree que la pequeña congregación es un vivo ejemplo del aspecto que tendrán muchas iglesias en el futuro: fuerte liderazgo laico y ministerio colaborativo con otras tradiciones.

“Tratamos de hacer que la gente sienta el amor de Dios cuando entran por la puerta. No les preguntamos quiénes son o por cuánto tiempo han estado aquí o a qué denominación pertenecen. Tratamos a todos los que vienen aquí como hijos amados de Dios”.

En la historia de la Cristiandad y el surgimiento de las denominaciones, a veces las personas y las iglesias pierden de vista lo que les une, dice la Rda. Margaret Rose, subdirectora de relaciones ecuménicas e interreligiosas de la Iglesia Episcopal.

“Nuestras divisiones —no nuestras diferencias— son parte de la naturaleza polarizadora de la cultura actual. Nos impiden trabajar juntos por un mundo mejor’, dijo Rose. “ Estoy muy consciente de que nuestras diferencias son parte de la riqueza singular que nos permite entender ‘al otro’ y a nosotros mismos”.

Nuestra labor como cristianos, dijo Rose, es “revelar la unidad de la Iglesia que ya está allí”. Eso exige forjar relaciones con personas que tienen diferentes tradiciones religiosas, “llegar a conocerse mutuamente en los niveles más profundos de quienes somos y ser transformados por eso”.

En un nivel práctico, este compromiso se define en la forma de compartir el espacio, el culto, el ministerio y la misión. “Es un enorme, caótico y maravilloso desorden”, afirmó Rose.

Las iteraciones locales de asociaciones entre luteranos y episcopales asumen todas las formas: desde congregaciones conjuntas y fusionadas hasta dos entidades legalmente separadas comprometidas a trabajar como una sola. Algunas congregaciones tienen juntas parroquiales y consejos y están bajo la jurisdicción tanto del obispo episcopal como del obispo luterano. Otras caen bajo la autoridad episcopal de una denominación, pero trabajan estrechamente con la otra.

En el nivel denominacional, el Llamado a la Misión Común ha provocado creciente colaboración y debate. Los funcionarios ecuménicos con frecuencia trabajan juntos para encontrar intereses comunes y maneras de intensificarse mutuamente el ministerio. Por ejemplo, la oficina de Rose está a punto de enviarles a las diócesis Descubrir el islam [Discover Islam] una serie de DVDs y un currículo creado por la IELA y la Sociedad Islámica de América del Nortel La Iglesia Episcopal y la IELA comparten un empleado de tiempo completo en la Oficina de Relaciones Internacionales. Esa oficina también produjo, con sus homólogas en Canadá, un devocional de Adviento gratuito este año.

Las dos denominaciones colaboran y coordinan temas sociales, dijo Kathyrn Johnson, directora de relaciones ecuménicas e interreligiosas de la IELA.

Servicios Luteranos de Inmigración trabaja con la Iglesia Episcopal, explicó ella. Y la IELA se siente “agradecida por la mayor atención prestada por la Iglesia Episcopal a algunos de los temas de justicia para los pueblos nativos. En verdad apreciamos el liderazgo de la Iglesia Episcopal en [la reserva india de] Roca Enhiesta (la polémica propuesta de construir un oleoducto a través de sus tierras sagradas)”.

Aun con el progreso de los últimos 15 años, hay aún un tremendo trabajo por hacer. Los ministerios en Alaska, Montana, Maryland y Massachusetts todos hablan de retos de gobernabilidad. La Epifanía en Alaska todavía no tiene constitución y estatutos debido a las conflictivas exigencias de las estructuras denominacionales. En Maryland, están tratando de manejar el seguro: una denominación no le extenderá la cobertura del seguro al liderazgo de la otra. La programación que proporciona o una diócesis o un sínodo tiene que ser adaptada para una audiencia multidenominacional en el MIT. Y en Montana, Schmidt siempre está sopesando la manera de promover actividades denominacionales.

“¿Abogo por la [Agencia de] Ayuda Luterana o por la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo?¿Cómo elegir?”, preguntó ella. “Quiero conservar nuestros lazos denominacionales, pero solo hay una cierta cantidad de energía que una congregación tiene para la misión y la proyección comunitaria”.

Johnson dijo que ella espera que puede realizarse más trabajo de formación, particularmente con los seminarios. “Deberíamos de enseñarnos unos a otros acerca de nuestras tradiciones”, dijo ella. “En este momento de gran desafío para la viabilidad de los seminarios como instituciones, no hemos mirado a este problema con tanta atención como me habría gustado que lo hubiéramos hecho”.

El Rdo. Tom Ferguson, rector de la iglesia episcopal de San Juan [St. John’s] en Sandwich, Massachusetts, recuerda los primeros tiempos del acuerdo. Él se había incorporado al personal de la Iglesia Episcopal sólo unos meses después de que el Llamado a la Misión Común entrará oficialmente en vigor el 1 de enero de 2001. Hubo dos retos en los primeros años: el práctico de determinar la política a seguir y el más ambiguo de limar las desavenencias y encontrar medios de poner a todo el mundo de acuerdo, incluso a los que se habían opuesto enérgicamente al acuerdo.

En la actualidad, la mayoría está de acuerdo en teoría respecto a la importancia de la misión común, pero muchos de los cambios estructurales siguen sin resolverse, dijo Ferguson.

Ahora que el acuerdo ha estado vigente durante 15 años, es hora probablemente de reevaluarlo y reinventarlo, afirmó. La Iglesia ha cambiado de lo que era entonces. Si bien ambas denominaciones siguen decayendo en número de fieles —como la mayoría de las tradiciones principales— es obvio que las estructuras eclesiásticas necesitan cambiar, añadió.

“Tal vez el propósito del acuerdo fue llevarnos donde debemos estar en los próximos años”, dijo Ferguson. “Ahora es el momento de vivir la visión y libertad increíbles que el acuerdo original brindó. Deberíamos preguntarnos: ¿qué otras asociaciones ecuménicas podemos buscar? ¿Por qué debemos hacer juntos nuestra labor?”

Jesús vino a establecer el reino de los cielos, no denominaciones, añadió Ferguson. Yo he servido en una congregación luterana y he servido en una iglesia episcopal, y he predicado el mismo evangelio en ambos lugares. Estoy más interesado en la manera de ser cristiano y de encontrar un terreno común”.

– Richelle Thompson es subdirectora y gerente editorial de Forward Movement. Traducción de Vicente Echerri.

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