Las naciones y la comunidad interreligiosa reafirman su compromiso de reducir las emisiones de carbono

November 20, 2016
Greenpeace monta una protesta frente a la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2016 (COP22) en Marrakech, Marruecos, el 18 de noviembre de 2016. Foto de Youssef Boudlal/REUTERS.

Greenpeace monta una protesta frente a la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2016 (COP22) en Marrakech, Marruecos, el 18 de noviembre de 2016. Foto de Youssef Boudlal/REUTERS.

[Episcopal News ServiceLas naciones del mundo se reunieron del 7 al 18 de noviembre en Marrakech, Marruecos, para puntualizar los detalles del Acuerdo de París, en un giro hacia la aplicación y las medidas sobre el clima y el desarrollo sostenible.

“Nuestro clima se calienta a un ritmo alarmante y sin precedentes y tenemos una urgente necesidad de responder”, dice  la Proclamación de la Iniciativa de Marrakech sobre Nuestro Clima y el Desarrollo Sostenible , emitida al final de la 22ª. Conferencia de las Partes (COP22), a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

“Acogemos con beneplácito el Acuerdo de París… su rápida entrada en vigor, con sus ambiciosos objetivos, su naturaleza inclusiva y su reflexión sobre la equidad y las responsabilidades comunes pero diferenciadas y las respectivas capacidades, a la luz de diferentes circunstancias nacionales, y afirmamos nuestro compromiso con su plena aplicación”.

En diciembre de 2015, gobiernos y funcionarios del mundo se reunieron en Francia a fin de llegar a un histórico acuerdo para reducir emisiones de carbón y frenar el calentamiento global. Desde entonces, 111 países, entre ellos Estados Unidos han suscrito el Acuerdo de París, el cual entró en vigor el 4 de noviembre.

El acuerdo llama a los países del mundo a limitar las emisiones de carbono, lo cual exigirá una disminución de la dependencia de los combustibles fósiles a favor de fuentes de energía renovable, y para los países desarrollados, responsables por la mayoría de las emisiones [de carbono] tanto históricamente como al presente, comprometerse con $100.000 millones de ayuda anual a los países en desarrollo para 2020.

La proclamación exige una firme solidaridad con aquellos países más vulnerables a los impactos del cambio climático; a que todas las partes fortalezcan y apoyen los empeños para erradicar la pobreza, garantizar la seguridad alimentaria y asumir medidas restrictivas para enfrentar los desafíos del cambio climático en la agricultura; salvar la brecha entre las trayectorias de las emisiones actuales y las vías necesarias para cumplir los objetivos de temperatura a largo plazo del Acuerdo de París y por un aumento en el volumen, flujo y acceso a las finanzas para proyectos climatológicos, junto con capacidad y tecnología mejoradas de los países desarrollados a los países en desarrollo.

“La Proclamación de Marrakech declara un ‘impulso irreversible respecto al clima’, nosotros ahora oramos y discernimos nuestra manera de participar en este impulso”, dijo el obispo de California Marc Andrus, que asistió a la conferencia de Naciones Unidas sobre el Clima en Marrakech como delegado episcopal en representación del obispo primado Michael Curry.

“La Iglesia Episcopal tiene una postura ecuménica e interreligiosa que nos impele a laborar por el establecimiento de dinámicas relaciones con otras denominaciones cristianas y con otras religiones —de nuevo podemos preguntar lo que esta serie de relaciones, diversa, complicada y cada vez más integrada, ofrece a la iniciativa climática”.

Una declaración interreligiosa sobre el clima firmada por cerca de 300 líderes religiosos procedentes de 50 países se le presentó el 16 de noviembre a un miembro del Equipo de Apoyo para el Cambio Climático del Secretario General de la ONU. La declaración interreligiosa pide que las naciones manejen justamente la transición a una economía de bajas emisiones de carbono e insta a los gobiernos a transferir billones de dólares de inversiones en combustibles fósiles a fuentes de energía renovable, objetivos en sintonía con el Acuerdo de París y los Objetivos del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Estados Unidos es la mayor economía del mundo y la segunda mayor emisora de gases de efecto invernadero, los cuales atrapan el calor en la atmósfera y hacen al planeta más caliente.

La elección del 8 de noviembre de Donald J. Trump como próximo presidente de EE.UU. ensombreció la conferencia sobre el clima, ya que él ha prometido retirar a EE.UU. del Acuerdo de París y limitar el compromiso del país de reducir su dependencia de combustibles fósiles. El presidente electo ha calificado el cambio climático provocado por causas humanas un “fraude”.

“En la última semana, el pulso general de la reunión de la COP fue de shock, incredulidad, pena y angustia cuando se dieron a conocer los resultados de las elecciones en EE.UU. Se caracterizó por un espíritu sombrío, incluso de lágrimas, al tiempo que muchos sentían que la ardua tarea que habían estado haciendo se acababa de ir por la borda”, dijo Lynnaia Main, funcionaria de asociaciones globales de la Iglesia Episcopal y su enlace con Naciones Unidas, quien también asistió a la conferencia en nombre del Obispo Primado.

El estado de ánimo, no obstante, empezó a cambiar al comienzo de la segunda semana, dijo ella, “empezamos a oír señales de esperanza y de reafirmación de la voluntad de permanecer juntos y de llevar adelante la iniciativa sobre el clima”.

Por ejemplo, dijo Main, los grupos de carácter religioso que asistían a la conferencia se comprometieron a continuar su trabajo, concentrados en los gobiernos municipales y estatales y en el nivel global; mientras mantenemos nuestro empeño con el gobierno de EE.UU.

“Estos actores más pequeños tienen la posibilidad e hacer grandes avances en la reducción de emisiones y, como promotores,  pueden canalizar este potencial instando a las estructuras locales a desempeñar su parte en los empeños internacionales del clima”, dijo Jayce Hafner, analista de política nacional de la Iglesia Episcopal radicada en Washington D.C. y miembro de la delegación de Curry.

El 16 de noviembre, un grupo de grandes corporaciones e inversores llamó al presidente Barack Obama y al presidente electo Trump, a continuar las políticas e inversiones en la reducción de [las emisiones] de carbono y seguir comprometidos con el Acuerdo de París.

El 18 de noviembre, Trump anunció [los nombres] de tres miembros de su gabinete, conocidos todos ellos por negar el cambio climático. Ese mismo día, algunos de los países más pobres del mundo reafirmaron sus promesas de avanzar hacia las energías renovables para responder al 100 por ciento de sus necesidades energéticas.

Por su parte, la Iglesia Episcopal participa en [iniciativas] en defensa del medio ambiente y de la justicia climática partiendo de resoluciones aprobadas por la Convención General de la Iglesia Episcopal y su Consejo Ejecutivo, los cuales en 2008 aprobaron el respaldo a los objetivos a largo plazo de la Iglesia de eliminar las emisiones de carbono.

La Convención General de  2015 aprobó la legislación para crear  un equipo de trabajo sobre el cambio climático, el cual proporcionaría recursos que las parroquias pueden usar para que sus iglesias se tornen “verdes” y educar a sus miembros en lo que puedan hacer para abordar el cambio climático en sus vidas diarias.

“Así como la Iglesia Episcopal se movilizó en los primeros años de este siglo para abrazar y llevar adelante los objetivos de Naciones Unidas para reducir la extrema pobreza a nivel mundial, así también podemos trabajar en asociación con organizaciones no gubernamentales y organismos gubernamentales para crear un mundo sostenible”, dijo Andrus, en la clausura de la conferencia del clima en Marrakech.

“La Iglesia Episcopal tiene enormes recursos —destacándose entre ellos lo que [el sobreviviente del Holocausto y cineasta] Pierre Sauvage llamó ‘las armas del espíritu’:  la oración y nuestros valores espirituales, los sacramentos, las Escrituras, el Cuerpo de los fieles y el Espíritu Santo. Todas estas realidades espirituales conforman y respaldan nuestra acción en el mundo: las finanzas, la defensa social, el ‘enverdecimiento de la Iglesia’, la resistencia, la solidaridad y la protesta”.

Muchas iglesias episcopales han instalado paneles solares. Y este año, la Escuela de Teología Eclesiástica del Pacífico instaló el mayor sistema de paneles solares de cualquier institución teológica en el país.

La Diócesis de Dakota del Norte está trabajando en un proyecto de sostenibilidad de energía en sus siete ministerios y congregaciones nativos, incluida la reserva sioux de Roca Enhiesta [Standing Rock], cerca de donde ha habido manifestantes durante más de seis meses que se oponen a la construcción del llamado Oleoducto para el Acceso a las Dakotas cerca de los suministros de agua y las tierras sagradas de la tribu. Andrus participó recientemente con más de 540 clérigos y líderes laicos en un día de solidaridad y testimonio con la nación sioux de Roca Enhiesta cerca de Cannon Ball, Dakota del Norte.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

 

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