La reconciliación: esencia de la respuesta de los cristianos paquistaníes a la persecución

June 1, 2016


[Episcopal News Service] El atentado suicida del Día de Pascua en el parque de Gulshan-e-Iqbal en Lahore, Pakistán, que mató por lo menos a 72 cristianos y musulmanes e hirió a más de 300, conmovió a toda la región.

Pero el ataque del 27 de marzo no disuadió a la episcopal Caroline Carson de salir de la Diócesis of Luisiana para Pakistán al día siguiente en un viaje ya programado a invitación del obispo Samuel Azariah, moderador de la Iglesia de Pakistán.

Caroline Carson, episcopal de la Diócesis de Luisiana, enciende una vela en memoria de las 72 personas que murieron en el ataque terrorista del Día de Pascua en el parque de Gulshan-e-Iqbal en Lahore, Pakistán. Foto/Diócesis de Raiwind.

Caroline Carson, episcopal de la Diócesis de Luisiana, enciende una vela en memoria de las 72 personas que murieron en el ataque terrorista del Día de Pascua en el parque de Gulshan-e-Iqbal en Lahore, Pakistán. Foto/Diócesis de Raiwind.

“Por un momento pensé no ir, pero… sentí que poder hacer una buena conexión era una oportunidad inapreciable… enfrentar los miedos de la sociedad, quebrantada por los estereotipos, generar buena voluntad y ver más allá de la cubierta de los libros”, dijo Carson, diputada laica a la Convención General y directora de actividades corales en la Universidad de Nueva Orleáns. “Yo también me sentí muy llamada a estar allí, aun más después del atentado. Los cristianos paquistaníes han sufrido tantos atentados. Quería ser portadora personalmente del mensaje que nosotros también deseamos su paz y su seguridad. Quería extender y hacer presentes mensajes de amistad”.

Durante la Convención General de la Iglesia Episcopal en junio de 2015, Azariah le pidió a Carson que visitara su Diócesis de Raiwind con sede en Lahore, para enseñar música, ofrecer en las escuelas algunas de sus presentaciones de Embajadora del Sistema Solar de la NASA y aprender acerca de la Iglesia de Pakistán. “Si bien yo hice todas esas cosas, mi visita adquirió un foco de atención adicional a la luz del reciente atentado y del hecho que yo era norteamericana y que había ido a Pakistán en contra de todas las advertencias de viajar del Departamento de Estado de EE.UU. en un momento en que se habían intensificado las preocupaciones”, afirmó.

Cuando Carson llegó a Lahore, Azariah ya había tenido una reunión con los líderes cristianos de la localidad y convocó a una reunión de líderes interreligiosos “para discutir cómo enfrentar los recientes acciones terroristas, cómo avanzar y cómo sentar una pauta activa que trascendiera las palabras.

“La Iglesia de Pakistán había entrado inmediatamente en acción”, dijo ella. Ellos más bien se pondrían en peligro y arriesgarían sus vidas por hacer algo bueno que sentarse inactivos en un rincón, abatidos por el miedo”.

En ese espíritu, los líderes religiosos locales decidieron que una vigilia interreligiosa de oración en el parque de Gulshan-e-Iqbal tendría lugar el domingo 3 de abril, a la misma hora que tuvo lugar el atentado el Día de Pascua una semana antes. Era un acto que definieron como un “desafío santo”.

Pese a las preocupaciones por la seguridad, Carson se unió a unos 200 líderes musulmanes y cristianos de la localidad, invitados internacionales y algunos familiares de las víctimas en la vigilia.

Caroline Carson, episcopal de la Diócesis de Luisiana, participa en un servicio de oración en Lahore en solidaridad con las víctimas y las familias de los que murieron en los ataques terroristas del Día de Pascua. Foto de Iain Cunningham.

Caroline Carson, episcopal de la Diócesis de Luisiana, participa en un servicio de oración en Lahore en solidaridad con las víctimas y las familias de los que murieron en los ataques terroristas del Día de Pascua. Foto de Iain Cunningham.

“Yo fui, oré, lloré, presenté nuestras condolencias de parte de la Diócesis de Luisiana y de la Iglesia Episcopal”, dijo Carson. “Los niños son niños y el horror de perderlos en esa violencia insensata llega a una profundidad en la que no quedan palabras.

“Brotaron más lágrimas cuando vi al hermanito de una de las víctimas. Él era demasiado joven para entenderlo todo, pero estaba profundamente triste. Sostuve una vela y las manos de mis hermanos humanos —musulmanes, cristianos, hindúes— y sentí lo que es estar en comunión unos con otros. Esto es muy importante. Dios es mucho más grande que todas nuestras separaciones. Somos una familia humana”.

Como expresión de solidaridad, escolares en la iglesia episcopal de San Pablo [St. Paul’s] en Nueva Orleáns hacen mensajes y tarjetas para que Carolina Carson, su directora de música, las lleve a Pakistán.

Como expresión de solidaridad, escolares en la iglesia episcopal de San Pablo [St. Paul’s] en Nueva Orleáns hacen mensajes y tarjetas para que Carolina Carson, su directora de música, las lleve a Pakistán.

Antes de su viaje, Carson le había pedido a los estudiantes de la iglesia episcopal de San Pablo en Nueva Orleáns [St. Paul’s Episcopal Church] donde ella es directora de música, que redactaran mensajes e hicieran tarjetas que ella pudiera llevar consigo al Pakistán. “Sentí que algunas de las familias afectadas apreciarían las tarjetas, pero aún más después del atentado del Día de Pascua”, explicó. “Mis nuevos amigos paquistaníes entre los más jóvenes de la Iglesia en la Diócesis de Raiwind hicieron algunas tarjetas en reciprocidad” y Carson las entregó en San Pablo a su regreso.

Después del oficio del domingo en la iglesia de Todos los Santos en Peshawar, el Rdo. Canónigo Patrick Augustine impone las manos sobre los miembros de la congregación y ora por su restauración.

Después del oficio del domingo en la iglesia de Todos los Santos en Peshawar, el Rdo. Canónigo Patrick Augustine impone las manos sobre los miembros de la congregación y ora por su restauración.

Fue por esa necesidad de conexión que el Muy Rdo. Patrick Augustine, el rector, nacido en Paquistán, de la iglesia episcopal de Cristo [Christ Episcopal Church] es La Crosse, Wisconsin, estaba aun más determinado a seguir adelante con su visita en abril en solidaridad con la comunidad cristiana de allí.

Augustine fue el predicador invitado el 24 de abril en la iglesia anglicana de Todos los Santos en Peshawar, la cual fue blanco de un ataque en septiembre de 2013 por dos terroristas suicidas al final del oficio dominical, con el resultado de 127 personas muertas y 170 heridas. Muchas de las víctimas fueron mujeres y niños.

“Aunque perdieron un gran número de sus miembros en este ataque terrorista, en la mañana del domingo la iglesia de Todos los Santos estaba abarrotada y era difícil encontrar algún espacio vacío”, dijo Augustine.

El Rdo. Canónigo Patrick Augustine ora por la curación con el jugador de tablá de la iglesia de Todos los Santos en Peshawar que resultó gravemente herido en el atentado con explosivos que tuvo lugar en la iglesia en 2013.

El Rdo. Canónigo Patrick Augustine ora por la curación con el jugador de tablá de la iglesia de Todos los Santos en Peshawar que resultó gravemente herido en el atentado con explosivos que tuvo lugar en la iglesia en 2013.

Durante el ataque, murieron 12 de los 15 miembros del coro. “Sus miembros del coro eran ahora más de 20 con renovada fe de seguir adelante y alabar a Dios”, afirmó él. “El hombre que toca la tablá (unos tambores) ha sido miembro del coro durante los últimos 33 años. Él resultó gravemente herido. Luego de dos años de tratamientos está de regreso al coro y tocando de nuevo los tambores. Tuve la oportunidad de orar por él y de pedirle a Dios que continúe su curación”.

Después del oficio del domingo, muchas personas le pidieron a Augustine que impusiera las manos sobre ellos para su curación. “Muchos padecen de graves dolores porque aún tienen en sus cuerpos metralla, cuchillas y material venenoso”, dijo. “Observé que había varios miembros de la congregación que no podían arrodillarse por el dolor. Me sorprendí y me sentí bendecido de experimentar su fe viva y pujante”.

La prueba de que el cristianismo en Pakistán crece a pesar de la persecución se vio una semana después cuando Augustine dedicó una nueva iglesia en Gulpur, en la región llamada Cachemira Azad [o Cachemira Libre]. “Fue un gran día de regocijo y celebración”, afirmó. “Pedimos que se derramen muchas más bendiciones sobre esta tierra. Para mí fue un gran privilegio ser parte de este día histórico”.

El Rdo. Canónico Patrick Augustine dedica una nueva iglesia en Gulpur, Cachemira Azad.

El Rdo. Canónico Patrick Augustine dedica una nueva iglesia en Gulpur, Cachemira Azad.

Otro aspecto de la persecución que enfrentan las minorías religiosas es la draconiana ley paquistaní contra la blasfemia, la cual identifica como un delito injuriar el Corán, con una posible sentencia de cadena perpetua. Las ofensas contra el profeta Mahoma pueden ser punibles con la [pena de] muerte.

Existe el caso prominente de Asia Bibi, una mujer cristiana y madre de cinco hijos que fue arrestada en junio de 2009 luego de ser acusada de insultar al profeta Mahoma —lo cual ella niega— y sentenciada a morir en la horca. Ella sigue en la cárcel en Paquistán a pesar de la movilización mundial que reclama su liberación.

Algunas acusaciones de blasfemia reciben cobertura de prensa, pero otras miles no se divulgan.

El Consejo Consultivo Anglicano, el máximo organismo normativo de la Comunión Anglicana, aprobó una resolución, durante su reunión de abril en Zambia, en solidaridad y oración con Asia Bibi e instando a que “su caso se investigue de nuevo y que ella sea honorablemente absuelta”.

Aunque las minorías cristianas —el 1,5 de 180 millones de personas— enfrentan persecución diaria en Pakistán, “muchísimas cosas buenas están ocurriendo aquí. Hay gran fe y esperanza” y es muy importante pensar en esas personas, orar por ellas, visitarlas y dar testimonio de sus vidas, según la Rda. Khushnud Azariah, pastora de la iglesia episcopal de San Jorge [St. George’s Episcopal Church] en Riverside, California, y la primera mujer paquistaní en ser ordenada sacerdote.

Azariah espera que puedan surgir asociaciones de colaboración e intercambio de un viaje que ella y otros miembros del Grupo de Programa de Asociación Global de la Diócesis de Los Ángeles hicieron en marzo a Lahore, su región natal.

El grupo dijo que visitaron Pakistán en respuesta al llamado de la Iglesia a intentar fomentar asociaciones y [movimientos de] paz en zonas donde los cristianos son minorías.

Ese llamado se produjo el año pasado, en la forma de la Resolución D035 de la Convención General, la cual se originó en la Diócesis de Los Ángeles y que encargaba a la Iglesia Episcopal de apoyar y “enterarse acerca de las realidades de la Iglesia en Pakistán y de la opresión de las minorías religiosas en esa país”.

Su viaje coincidió con una conferencia que reunió a representantes de las ocho diócesis de Pakistán y a dos poblaciones minoritarias: musulmanes de Noruega y cristianos de Pakistán, para edificar la paz y la reconciliación y compartir experiencias. [la conferencia] suscitó la cuestión de la responsabilidad hacia los prójimos de los cristianos, dijo Azariah. Y si bien tratar con una mayoría musulmana puede ser complicado e incluso difícil en ocasiones, dijo ella, “la Iglesia está llamada a amar a su prójimo. Y mis prójimos, en el contexto de Pakistán, son los musulmanes.

“La Iglesia está tratando ahora de encontrar las vías de llegar a los musulmanes que son moderados y que también quieren expresarse en defensa de los derechos de todos”, agregó ella.

El Rdo. Canónigo Titus Presler, sacerdote episcopal que fue director del Edwardes College en Peshawar, estaba listo para asistir y hablar en esa conferencia hasta que las complicaciones de la visa lo obligaron a quedarse en Estados Unidos.

 

Rdo. Canónigo Titus Presler

Rdo. Canónigo Titus Presler

En febrero de 2014, Presler experimentó de primera mano algo de la persecución a que se enfrentan los cristianos nativos cuando fue golpeado y amenazado de muerte por agentes de los Servicios de Inteligencia Paquistaníes (ISI por su sigla en inglés) en las afueras de Peshawar como parte de la iniciativa del gobierno de Khyber Pakhtunkhwa de afirmar su control sobre Edwardes College, una institución de artes liberales de 2.800 estudiantes [de programas] subgraduados y graduados, donde el 90 por ciento de profesores y alumnos son musulmanes.

“Una respuesta inmediata que yo tuve fue cobrar conciencia una vez más que los cristianos y otras minorías religiosas en Pakistán han estado experimentando abusos mucho más grandes durante décadas, y en consecuencia mi primera oración fue de solidaridad mientras viajábamos rumbo a Islamabad”, contó él.

“Otra respuesta inicial, no obstante, fue el silencio”, añadió. “Encontraba difícil revelar el incidente. Al golpearme, acusarme, romperme la visa, amenazarme de muerte, y cosas por el estilo, los agentes del ISI me habían tratado como basura. Me abrumaron de vergüenza y de culpa. Racionalmente, yo sabía que todo era falso. Emocionalmente, sin embargo, una parte de mí se preguntaba: ¿esto que me está sucediendo significa que ellos tienen razón? Debo haber hecho algo malo para merecer esto. Debo ser culpado. Tal vez soy una basura. Me siento profundamente avergonzado”.

Esa experiencia le ha enseñado la importancia de “orar con nuestros enemigos de rodillas”, dijo Presler, que ha sido decano del Seminario Teológico General en Nueva York y presidente del Seminario del Suroeste en Austin, Texas.

“Orar por el enemigo es [una actitud] generosa, pero al hacerlo podemos conservar nuestra distancia, incluso nuestro sentido de superioridad”, dijo. “Orar con el enemigo te llena de humildad, porque nos pone junto al enemigo en una relación de igualdad ante Dios. Puede significar unirse a un enemigo que ya está en oración, y debemos reconocer que tenemos enemigos que oran. Puede significar invitar a un enemigo a orar. En el curso natural de los acontecimientos, nada de eso puede ser posible, como no ha sido posible para mí en Peshawar. Pero yo he encontrado que orar como si mi enemigo estuviera arrodillado y orando al lado mío ha resultado profundamente edificante. Orar con el enemigo me obliga a abrirme a la plena humanidad del otro”.

A partir de su experiencia, dijo Presler, los cristianos en Pakistán están dispuestos a orar junto a sus enemigos. “En esa disposición están dando el primer paso en abrirse al llamado a reconciliarse”, apuntó. En ese espíritu pueden realmente atraer a militantes a la reconciliación cuando se valgan de sus ministerios en educación y atención sanitaria”.

En Pakistán, virtualmente todo el trabajo comunitario de las iglesias cristianas puede verse como una obra de reconciliación, agregó él. “Son una comunidad minoritaria oprimida y perseguida. Sin embargo, no se refugian en su concha para lamerse sus heridas y [alimentar sus] rencores. Por el contrario, siguen sosteniendo y ampliando su red de ministerios docentes y sanitarios que sirven fundamentalmente a la comunidad mayoritaria. De manera que ellos extienden cada día la rama de olivo del servicio y la paz a la mayoría musulmana, diciendo, de hecho: ‘ustedes nos han lastimado, ustedes nos lastiman ahora y sabemos que muchos de ustedes continuarán lastimándonos en el futuro. No obstante, seguiremos accesibles a ustedes, seguiremos sirviéndoles en el nombre de Cristo. Y oramos y esperamos que juntos podamos ser reconciliados’… La misión de Dios es salvar esas diferencias para descubrirnos mutuamente, cuidarnos y crear relaciones, liberar y laborar por la justicia y finalmente reconciliarnos. Dios nos invita a unirnos en esa misión”.

– Matthew Davies es redactor y reportero de Episcopal News Service. La Rda. Pat McCaughan colaboró a este artículo. Traducción de Vicente Echerri.

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