La Iglesia Anglicana de Brasil labora con los indígenas en su lucha por la existencia y por la tierra

September 15, 2011

El jefe guaraní Pedro Alves vive con su gente en Tekoa Vy'a Renda Poty, una aldeíta que pertenece a la ciudad de Santa Helena en el estado de Paraná en el sur de Brasil, donde el municipio cubre sus necesidades básicas.

Durante los últimos 35 años aproximadamente, el guaraní, que alguna vez fuera un pueblo nómada que se autosostenía en lo que entonces eran sus tierras autóctonas, subtropicales, densamente boscosas y biodiversas, ha derivado hacia la dependencia con el auge en Brasil de la agroindustria y, asociada con ésta, la construcción del embalse de Itaipú, la mayor represa hidroeléctrica del mundo.

"En el momento en que construyeron la represa, nuestros bosques, nuestro hábitat natural, todo fue destruido, de manera que no nos quedó nada en absoluto", dijo Alves, hablando en portugués a través de un intérprete.

Antes de la construcción de la represa, los guaraníes vivían en una zona de protección cerca de lo que es ahora el lago, o embalse.

"Itaipú nos sacó de allí y nos dio un terreno de 231 hectáreas para las 19 familias que éramos entonces. Y luego se nos sumaron más familias, y ya no hubo espacio suficiente para que crecieran los cultivos".

De ocupar más de 200 hectáreas, la tribu actual —25 familias que ascienden a 85 personas— vive en menos de cuatro hectáreas en la aldea, a 120 kilómetros de Itaipú. Habitan en casas hechas de varas y con las techumbres reforzadas con desechos de materiales plásticos. El agua fluye de un caño comunal.

A partir de los años setenta, los guaraníes que vivían cerca de la proyectada planta hidroeléctrica fueron obligados a relocalizarse en reservaciones, provocando problemas que desde entonces han sido estudiados y documentados por académicos: aumento de la población, conflictos por las fronteras de la reservación, conflictos religiosos y rechazo de parte de otros pueblos indígenas que en años anteriores se habían establecido en reservaciones.

El Rdo. Luiz Carlos Gabas, sacerdote anglicano de la Diócesis de Curitiba, visitó la aldea de Alves hace tres años. Después de eso, con la ayuda del obispo diocesano Naudal Gomes, surgió la Pastoral Anglicana de la Tierra como un modo de que individuos, parroquias y la diócesis trabajen sobre los problemas de la justicia del clima y los derechos de los pueblos indígenas, los campesinos y los sin tierras.

La Pastoral Anglicana de la Tierra también es respaldada por una relación de compañerismo entre la Diócesis de Curitiba y la Diócesis Episcopal de California, y asistida por Michael Tedrick, misionero de la Iglesia Episcopal proveniente de la diócesis de California.

"Vemos la relación entre su lucha y la lucha de los indígenas de América del Norte, la lucha de los pequeños agricultores y sus familias y la de los inmigrantes legales e indocumentados en Estados Unidos" dijo Tedrick. "Es en nuestras luchas que adquirimos una comprensión más profunda de nuestra semejanza".

El propósito de la Pastoral Anglicana de la Tierra no es evangelizar, dijo Gabas, sino comprender los problemas de los pueblos indígenas y defender sus derechos. Los pueblos indígenas, específicamente el guaraní, tienen ricas vivencias y creencias espirituales que han inspirado a otros, entre ellos a líderes del movimiento de la teología de la liberación.

"El pueblo guaraní tiene un sueño utópico, y es el de caminar hacia el este en busca de la ‘tierra prometida’", dijo Gomes. "Los propios indios la llaman la ‘tierra inofensiva’".

Gabas abundó en sus explicaciones: "Cuando llegaron los portugueses y los españoles, los indios empezaron a perder sus territorios. Ante la ocupación y la violencia de los extranjeros, imaginaron una tierra pacífica donde no podía existir violencia alguna".

En efecto, esta visión de una utópica "tierra prometida —inspirada en la teología de la liberación y en el teólogo de la liberación Pedro Casaldiga, que trabajó con el pueblo indígena— creó la Misa de la tierra sin males [Missa da Terra sem Males], basada en este sueño, añadió Gabas.

Vista en gran medida como un constructo de la Iglesia Católica Romana en América Latina, la teología de la liberación ha sido utilizada por agrupaciones religiosas en todo el mundo como fundamento para el cambio social. Con el surgimiento del liderazgo conservador en la Iglesia Católica Romana, ésta se distanció de la teología de la liberación.

"Lo que he sabido de personas seculares que trabajan tanto con los sin tierra como con los guaraníes es que, si bien hay un sentimiento de gratitud por la solidaridad que la Iglesia Católica [Romana] mostró hacia estos dos grupos y hacia los pobres en el pasado, los que en la actualidad han salido en la defensa de los sin tierra y de los guaraníes son la Iglesia Episcopal y otros aliados", dijo el obispo Marc Andrus, de la Diócesis de California, quien visitó a los guaraníes en abril de 2011.

"Lo vi de manera muy pero muy concreta en Cascavel, donde la parroquia local presidida por Gabas trabaja paralelamente con ambos grupos y ha acercado ambos grupos vulnerables, los guaraníes y los sin tierra, para comenzar a desarrollar juntos una causa común… Esa es la novedad que se está logrando gracias a la mediación de la parroquia local en Cascavel, lo cual es fantástico".

La vida espiritual

En la aldea de Alves, como en la mayoría de las aldeas guaraníes, la casa de oración está en el centro de la vida.

"Son personas muy espirituales", dijo Paulo Humberto Porto Borges, profesor de la Universidad Estatal del Oeste del Paraná. "Se les tiene como uno de los pueblos más espirituales de América. Y la resistencia de la cultura guaraní se debe también a su espiritualidad".

Porto Borges, que puso a Gabas en contacto con los guaraníes, comenzó a trabajar con indígenas en 1990 junto con misioneros jesuitas. Durante muchos años, se ocupó de los problemas de la división de tierras con los indios de la Amazonia, y durante los últimos 11 años ha trabajado con los guaraníes.

El Brasil, con una población de más de 200 millones de habitantes, es actualmente la décima economía del mundo; sin embargo, más del 26 por ciento de la población vive en la pobreza —muchos en extrema pobreza. Unos cuantos ricos y corporaciones multinacionales son dueños de la mayor parte de la tierra, lo cual ha conducido a conflictos de propiedad, violencia y muerte.

Tanto los sin tierra como los pueblos indígenas luchan por obtener tierras y están preocupados con las prácticas de la agroindustria del país, y los sin tierra en particular preparan a sus líderes para la vida política. Gabas colabora también con el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra [Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra], un extenso movimiento social organizado por obreros rurales que luchan por obtener tierras y porque se implante una reforma agraria en Brasil.

"Los guaraníes quieren recuperar los territorios tradicionales de sus antepasados y su objetivo principal es conservar su cultura, su idioma y su religión", dijo Gabas. "También se preocupan de los productos químicos que se aplican a la agricultura y de los pesticidas. Y quieren ser capaces de proporcionarle a su gente suficiente alimento sin ninguna ayuda del gobierno. Los sin tierra, por otra parte, participan de la política y el gobierno.

"Los pueblos indígenas nunca tuvieron títulos de propiedad de la tierra por la sencilla razón de que eran indígenas".

La tierra donde Tekoa Vy'a Renda Poty se asienta hoy una vez perteneció a sus antepasados, dijo el jefe Alves.

La represa

Cuando hicieron Itaipú, se inundaron 800.000 hectáreas de tierras indígenas, y sólo les compensaron por esa pérdida luego de muchas presiones. Finalmente, les dieron 6.000 hectáreas, que se extendían por tres zonas, a cambio de lo que habían perdido, dijo Porto Borges.

"Itaipú sólo pudo ser construida durante una dictadura", agregó.

Motivados fundamentalmente por la altísima demanda de electricidad en el Brasil, los gobiernos de este país y del vecino Paraguay comenzaron a negociar la construcción de la represa hidroeléctrica en la década del sesenta, para lo cual firmaron, en abril de 1973, el Tratado de Itaipú, un convenio necesario para la utilización de la fuerza hidráulica del río Paraná. En mayo de 1974, se creó la Binacional Itaipú para construir y luego administrar la planta eléctrica, la represa hidroeléctrica más grande del mundo en lo que respecta a generación de energía, la cual suministra el 20 por ciento de la demanda de electricidad de Brasil y el 90 por ciento de la demanda de electricidad de Paraguay.

La primera fase de la construcción de la represa comenzó en 1975 con la excavación del canal del río Paraná —al que finalmente desviaron de su cauce natural— durante el gobierno de Ernesto Beckmann Geisel, un presidente elegido por los militares.

La represa hidroeléctrica de Itaipú, con una altura de 196 metros, se hizo a imitación de las cataratas de Iguazú de 80 metros de alto, declaradas patrimonio de la humanidad; una es una maravilla de la naturaleza, la otra una maravilla de la ingeniería.

En 2003, la Binacional Itaipú cambió su misión institucional para incorporar la responsabilidad ambiental y el desarrollo sostenible entre sus objetivos estratégicos, tal como aparece en su folleto de 2003, Cultivando agua buena. El cambio ha requerido que la Binacional Itaipú entable un diálogo y establezca asociaciones con los "numerosos actores", entre ellos los guaraníes, en las 29 ciudades que se incluyen en la cuenca del Paraná, o en la red de vías fluviales conectadas a la divisoria de aguas de la represa, de 175 kilómetros de longitud.

"La triple frontera, el lugar donde se encuentra la represa de Itaipú, tiene una historia que es inseparable de la presencia indígena, especialmente del pueblo guaraní, que ejerció gran influencia cultural en la región", dice el folleto. "En la actualidad, estas comunidades son poblaciones que corren riesgos sociales, y por tanto [la Binacional] Itaipú está tratando de tomar medidas que les permitan tener mejor condiciones de vida, con nuevas oportunidades de generar ingresos, asistencia técnica y producción de alimentos para su propio consumo, rescatar su cultura y su autoestima, así como el estímulo de artesanías, entre otras cosas".

La Binacional Itaipú reconoce que las relaciones históricamente desiguales subordinaron los indios a los blancos. Un nuevo enfoque exige "establecer un proceso de toma de decisiones con la participación de los pueblos indígenas, en el que ellos sean, en la práctica, los actores principales", lo cual exigirá paciencia, dice el folleto.

Los pueblos indígenas

La población indígena de Brasil asciende a medio millón de personas, dividida entre 400 tribus que hablan 170 lenguas diferentes, dijo Porto Borges.

"Todas ellas son muy distintas", y agregó que tres tribus individuales viven en el Paraná.

Los guaraníes eran cazadores y agricultores, pero les quedó muy poca tierra en el Paraná luego de la construcción de la represa y del auge de la agroindustria, que ha aumentado la demanda y la competencia por la tierra.

"En los viejos tiempos, ellos solían tener amplísimas extensiones de tierra, y ahora se supone que se adapten a pequeñas porciones", dijo Porto Borges. "Sus sacerdotes dicen que el mundo está desequilibrado y que el hombre blanco comete un enorme pecado cuando afirma que las tierras tienen dueño. Porque el único dueño de la tierra es Dios; a Dios lo llaman nhanderu o "padre de todo", y a Jesucristo lo llaman nandejara que significa "nuestro dueño". Hay una gran diferencia entre Dios y Jesucristo".

Uno de los grandes retos para la población indígena es el autosostenimiento; están conscientes de que depender del gobierno para el suministro de sus necesidades básicas afecta su lucha política.

"Hay algunas comunidades indígenas —como en la Amazonia— donde uno puede encontrar zonas reservadas que son muy extensas, grandes extensiones de tierra donde [esas comunidades] aún pueden ser autónomas", señaló Porto Borges. "Pero para el resto de Brasil, en el sur y suroeste, y en el noreste, esas zonas son demasiado pequeñas para las necesidades de los guaraníes o de otros pueblos indígenas. Sólo en la Amazonia sí tienen algunos de ellos suficiente tierra para existir".

"En nuestra región, por ejemplo, se supone que la población indígena se adapte a otra lógica de vida [que conlleva la economía y diferentes modos de organización] y eso constituye su mayor desafío", dijo Porto Borges.

Sin suficiente tierra los pueblos indígenas se hacen dependientes de la ayuda de otros. Además, el liderazgo indígena está empezando a entender que su continua existencia nativa depende de los proyectos políticos del estado.

"Un proyecto brasileño que respalde y beneficie a la agroindustria siempre será perjudicial para la población nativa", afirmó Porto Borges. "Un proyecto brasileño que favorezca a familias brasileñas y a pequeños agricultores es probable que resulte más favorable a la población indígena, y es por eso que actualmente los indígenas del Paraná se están uniendo con el movimiento de los sin tierra y la Vía Campesina".

Sin embargo, agregó que la participación de los indígenas en la política nacional es mayor en otros países sudamericanos, tales como el Perú y Bolivia, donde [en este último] eligieron a un presidente indígena, Evo Morales.

"En Brasil hay conflictos entre los indios: algunos están dispuestos a unirse al movimiento, y otros no", apuntó Porto Borges.

"Hay algunos indios en Brasil que no tienen contacto con la civilización tal como la conocemos, y hay otros que están en pleno contacto con la civilización. Algunos de ellos tienen muchísima tierra, y algunos no tienen tierra en absoluto, o un trozo pequeñísimo de tierra. Debido a esto, han surgido conflictos de intereses.

El gobierno no ha suscrito políticas que favorezca a una tribu sobre otra, pero hay casos en los cuales se ha ido más lejos para resolver las necesidades de unos que de otros. En el Paraná, por ejemplo, los kaingáng han sido objeto de mayor atención, explicó Porto Borges.

"Hay pocas políticas para los guaraníes. Los kaingáng se han asociado con la Fundación Nacional India (FUNAI), pero los guaraníes no, y tienen menos fuerza", explicó. "De manera que, dependiendo de la estrategia de lucha, los resultados son diferentes".

La FUNAI es la agencia del gobierno que establece y lleva a cabo las políticas relacionadas con los pueblos indígenas.

Existe un gran debate nacional respecto a los asuntos indígenas, y la actual constitución progresista de Brasil defiende los derechos de los pueblos indígenas, dijo Porto Borges. Por ejemplo, la explotación minera está prohibida en las tierras perteneciente a los pueblos indígenas y agregó que los intereses empresariales también ejercen gran presión para modificar las leyes.

"El once por ciento del territorio nacional pertenece a las tribus indígenas, pero, según la constitución, la ‘unión’ sólo puede explorarlo si los indios lo permiten", dijo. "Ahora se están haciendo leyes para que los intereses en la minería y en el monocultivo agrícola [en los territorios] indígenas puedan existir para beneficio de los indios".

A principios de septiembre, los indios guaraníes exigieron que la Shell, una compañía petrolera mundial, dejara de usar sus tierras ancestrales para la producción de etanol.

El que los indios entiendan que tienen intereses en común así como su creciente acercamiento mediante el mutuo conocimiento de sus demandas son fenómenos recientes, señaló.

A lo largo de la historia y hasta hace 100 años, dijo Porto Borges, algunos de los pueblos indígenas eran enemigos. Los kaingáng vinieron a entrar en contacto con el mundo moderno en los años treinta [del siglo pasado], pero los guaraníes han estado en contacto con el hombre moderno durante 500 años (según la FUNAIO, unas 67 tribus de Brasil no han estado en contacto con personas fuera de sus tribus. En enero de 2011, la FUNAI publicó fotos de una de estas tribus "aisladas" que viven a lo largo de la frontera con el Perú).

Pese a las diferencias idiomáticas, culturales y religiosas, la mayoría de las tribus indígenas, según Porto Borges, ha vivido alguna forma de "comunismo primitivo", en la cual comparten vivienda, alimento y trabajo.

"Por ejemplo, los guaraníes tienen una palabra para describir su economía: ‘Jopoi’ que significa ‘mano abierta’", explicó Porto Borges. "Eso describe su economía. Son generosos… porque no son personas que acumulan, no cierran las manos".

Los guaraníes consideran a los descendientes de europeos, tanto de América del Norte como del Sur, como [personas de] manos cerradas, dijo Andrus, al explicar su encuentro con la sociedad "maniabierta" de los guaraníes.

"Al recibir algo, ellos se preguntan cómo la paso a otros, no para necesariamente transmitirlo intacto, sino cómo poder pasarlo enriquecido a la persona idónea que tiene derecho a recibirlo", explicó. "Es una dinámica abierta de manera que si reciben dinero, o saber o entendimiento emocional o posesiones de cualquier clase, se preguntan cómo puede eso pasar de la mano que la recibe a la otra que la da".

Aplicar una "mano abierta" a la economía —atendiendo al modo de mejorar y transmitir lo que se recibe— podría resultar transformador para una economía, añadió.

"Para mí existen otros modos de vida y organización distintos del capitalismo", dijo Porto Borges. "Hay otras formas de cultura diferentes a la cultura blanca, occidental cristiana. Y hay culturas que tienen valiosas respuestas a la realidad… y estas culturas componen la humanidad ... son parte de ella"

En septiembre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas, la cual contiene 46 artículos concebidos para proteger sus derechos y por ende su existencia.

"Cuando cualquier cultura humana dada desaparece, la humanidad se hace más frágil y más pobre", afirmó Porto Borges. "Ellos nos enseñan que es posible resistir y conservar su integridad y su cultura aunque se enfrenten a una cultura globalizada como la nuestra.

"Y además de todo eso, tenemos una deuda histórica con estos pueblos. Lo que llamamos el descubrimiento de América fue en realidad un verdadero holocausto para estos pueblos".

Para más información sobre la Pastoral Anglicana de la tierra [Pastoral Anglicana da Terra], diríjase al misionero Michael Tedrick de la Diócesis de California en michaelt@diocal.org.