La formación de un ministerio para los HBT en El Salvador

March 27, 2013



Una mujer enciende velas por las víctimas de crímenes de odio durante un oficio de recordación celebrado el 14 de marzo durante la primera conferencia que se celebra sobre los derechos humanos de homosexuales, bisexuales y transexuales en la Universidad de América Central. Foto de Lynette Wilson para ENS

Una mujer enciende velas por las víctimas de crímenes de odio durante un oficio de recordación celebrado el 14 de marzo durante la primera conferencia que se celebra sobre los derechos humanos de homosexuales, bisexuales y transexuales en la Universidad de América Central. Foto de Lynette Wilson para ENS

[Episcopal News Service – San Salvador, El Salvador] En 2007, mientras trabajaba en la biblioteca y estudiaba psicología en la Universidad de América Central, aquí en San Salvador, Cruz Torres descubrió la Iglesia Episcopal.

Estaba catalogando the Anglican Review, un folleto de la Iglesia Anglicana en Guatemala. Mientras lo leía y luego investigaba sobre la Iglesia Episcopal, se enteró de la elección, en 2003 en Nuevo Hampshire, de Gene Robinson, el primer sacerdote abiertamente homosexual en ser electo obispo, así como de la apertura de la Iglesia hacia personas homosexuales, bisexuales y transexuales (HBT o LGBT por su sigla en inglés).

“Y me pregunté si había una iglesia anglicana aquí”, dijo él durante una reciente entrevista con ENS.

Torres terminó por encontrar la parroquia de San Juan Evangelista de la Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador y, al cabo de tres domingos, se acercó al Rdo. Luis Serrano, el rector de la iglesia.

“Le dije, ‘bien, Padre, yo no quiero mentirle. Quiero decirle la verdad. Soy católico romano. He leído acerca de los derechos de los HBT en la Iglesia Episcopal. Soy gay. Soy cristiano, y quiero vivir mi vida espiritual en un lugar que no me condene’”, contó Torres durante la entrevista en San Juan Evangelista.

Serrano respondió: “Nuestras puertas están abiertas”.

Eso fue en noviembre de 2007. No mucho después de la llegada de Torres, una pareja de dos hombres encontró la iglesia. Y nuevo vino otro homosexual y luego otro, y finalmente el número ascendió a seis. Martín Barahona, el obispo de El Salvador, sugirió que el grupo ayudara a la diócesis a comenzar un ministerio sobre la diversidad sexual, pero el grupo rehusó, dijo Torres. “Dijimos ‘no, El Salvador no está listo aún”.

Dos años más tarde, el grupo se reunía regularmente los sábados por la tarde y había doblado su número.

“Éramos 12, y comenzamos a conversar acerca de nuestras experiencias en las [otras] iglesias, y dijimos que tal vez era el momento de llamar e invitar a la gente a enterarse”, dijo Torres. “La mitad de las personas que venían querían cambiar [su orientación sexual], pero esa no era nuestra visión o nuestra misión”.

La Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador es una de las cinco iglesias de la Iglesia Anglicana de la Región Central de América, que también incluye Costa Rica, Nicaragua, Panamá y Guatemala, que ha creado un pacto con la Iglesia Episcopal.  La diversidad del ministerio de El Salvador es la única en su clase entre las iglesias episcopales de la región, puntualizó Torres.

(Existen otros dos ministerios de plena inclusión en El Salvador, uno es la Iglesia de la Comunidad Metropolitana y el otro es una iglesia protestante evangélica).

Eso no quiere decir que la situación de las personas HBT sea particularmente diferente en El Salvador. Los sectores conservadores, incluidos la Iglesia y los medios de prensa, definen a la homosexualidad como algo malo y como un pecado, y las familias de las personas HBT son llevadas a creer eso, lo cual a veces afecta la manera en que tratan a sus hijos e hijas, dijo Torres.

“Sus familias creen eso porque es lo que les han dicho los fanáticos”, señaló él. Las personas HBT deben mostrarles a los miembros de su familia cómo les gustaría que los trataran, añadió. “Eso es la cosa fundamental que hacemos aquí [en el ministerio]; las personas necesitan estar a bien consigo mismas.

La misión del grupo no es convertir a los homosexuales en heterosexuales, como es la misión de algunas iglesias, sino más bien ayudar a los miembros a conciliarse con sus sentimientos, explicó Torres. “Dijimos: ‘Dios te ama como eres. Si eres gay, es porque tal es Su voluntad, y tienes una misión en la vida’”.

Desde que se creó el Ministerio de la Diversidad Sexual en 2009, un ministerio diocesano, el grupo ha crecido hasta llegar a tener entre 25 y 30 personas —católicos romanos, metodistas, mormones, evangélicos— muchos de los cuales ya han sido recibidos en la Iglesia. Pero apuntó que evangelizar tampoco es la misión del grupo.

Evento histórico

Pese a los avances en derechos humanos, los HBT en El Salvador y a través de la región con frecuencia enfrentan discriminación y violencia, temas que hace poco se abordaron durante el la primera conferencia que se haya celebrado en El Salvador sobre derechos humanos de los HBT, la cual tuvo lugar los días 14 y 15 de marzo en la Universidad de América Central.

El grupo de San Juan Evangelista estuvo bien representado en la conferencia auspiciada por Asistencia Legal para la Diversidad Sexual El Salvador y la Fundación SHARE, una organización sin fines de lucro que promueve los derechos humanos y civiles. Más de 1.000 personas asistieron a la conferencia de dos días, entre ellos miembros del Comité sobre Diversidad de Género de la parroquia de San Juan Evangelista de la Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador.

“Ésta es la primera vez que esto ha sucedido en El Salvador, un lugar donde por ser abiertamente gay, lesbiana o transexual podían matarte”, dijo Olivia Amadón, quien asistió a la conferencia como representante de la Fundación Cristosal, una organización de carácter religioso para el desarrollo comunitario y la promoción de los derechos humanos que tiene sus orígenes en las iglesias Episcopal y Anglicana. “De manera que resulta muy inspirador ver que organizaciones que apoyan los derechos de los HBT se reúnen y enfrentan los problemas”.

La conferencia incluyó oradores, paneles y debates que abordaron: lo que significa ser un HBT en El Salvador; la capacitación de la comunidad a través del proceso político; comunidades de fe inclusivas como promotores de los derechos humanos; el uso del derecho internacional para combatir la impunidad y el acceso a la justicia como un derecho humano.

(En los últimos años, las Naciones Unidas ha empezado  a enmarcar los derechos de los HBT como derechos humanos básicos).

Oradores y panelistas, dijo Amadón, se refirieron a los derechos de los HBT como derechos humanos que deben ser protegidos, pero la interrogante sigue siendo: ¿Qué rumbo toma el diálogo de aquí en adelante?”

La rama ejecutiva del gobierno de El Salvador ha aprobado un decreto que prohíbe la discriminación en el sector público por motivo de identidad sexual, pero ese decreto no se extiende al sector privado y puede fácilmente ser revocado, y las leyes que protegen a las mujeres y los niños de la violencia no se extienden a las personas HBT, dijo Amadón.

Aunque la policía ya está siendo adiestrada para mostrarse sensible [ante estos casos], las mujeres transexuales siguen siendo golpeadas en las calles, dijo Amadón. “La ley no resolverá [el problema de] la discriminación, pero habría menos impunidad cuando se produzcan las violaciones”.

La aprobación de una ley es un primer paso; el siguiente es promover la conciencia [social], de manera que disminuyan la homofobia y la discriminación sistémicas, señaló.

Es un odio que ha estado presente durante generaciones, dijo Salvador Ramos, de 22 años, en una entrevista en la conferencia.

“Se trata de cambiar la psicología de las masas”, afirmó Néstor Urquilla, de 41 años, añadiendo que cuando más hay unos 3.000 episcopales en El Salvador (la población total es de 6 millones).

Además de ser la primera conferencia sobre derechos de los HBT en El Salvador, la reunión de marzo resultó importante para esclarecer una situación que debe cambiarse, dijo Torres. Ese cambio no puede venir del gobierno, sino a través de los empeños de la sociedad en la base, añadió.

En general, los miembros heterosexuales de la Iglesia Episcopal en El Salvador se han mostrado solidarios con el grupo, pero eso no significa que no haya habido resistencia, dijo Wendy Castillo, de 28 años, que es miembro del grupo de la diversidad.

“No todo ha sido color de rosa” afirmó ella, añadiendo que aún queda trabajo por hacer.

Cuando Torres y las otras personas de la comunidad HBT comenzaron a asistir a los oficios de San Juan Evangelista, la parroquia se mostró receptiva a su presencia, pero dos o tres familias se fueron, dijo Serrano.

Torres, que ahora tiene 30 años, le reveló primero su identidad sexual a un sacerdote católico romano en confesión, cuando tenía 18 años. Aunque, según dijo, el sacerdote no lo rechazó, él no se sintió acogido en la iglesia y estuvo sin hogar espiritual de 2005 a 2007, cuando encontró la Iglesia Episcopal.

“Es la voluntad de Dios que esté aquí” dijo Torres. “Yo me acepto y estoy feliz conmigo mismo, desde que encontré ese último pedazo de mi corazón”.

“Me sentía feliz de ser gay, pero me quedaba esa inconformidad en el corazón”, concluyó Torres. “Cuando vine aquí pude ser cristiano y ser gay”.

—Lynette Wilson es redactora  y reportera de Episcopal News Service radicada actualmente en San Salvador, El Salvador.Traducción de Vicente Echerri

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