Instituto de Tierra Santa para sordos asiste a refugiados y prepara a niños discapacitados para una vida llena de sentido

December 18, 2016

El Instituto de Tierra Santa para Sordos ofrece una educación fundamentalmente individualizada a sus alumnos, que aprenden los rudimentos del lenguaje de signos mediante enseñanza táctil. Foto de Lynette Wilson/ENS.

[Episcopal News ServiceDurante más de 50 años,  el Instituto de Tierra Santa para Sordos ha trabajado para capacitar a niños sordos, sordo-ciegos, y con dificultades auditivas,  así como a niños con otras discapacidades sensoriales y físicas, para su inclusión y participación en sus familias, comunidades y sociedades de una manera significativa. Es la única escuela del Oriente Medio que ofrece educación  a personas con pérdida congénita de la audición, y en 2001 se convirtió en la primera escuela de la región en aceptar a niños sordo-ciegos.

Unos 120 alumnos, con edades que oscilan entre los 3½ a los 21 años, el 90 por ciento de ellos internos, estudian en el recinto del Instituto de Tierra Santa para Sordos, en Salt, Jordania, a unos 50 minutos en auto de la capital, Ammán. Cuando llegan los nuevos estudiantes, suelen tener de tres a cinco años de retraso en el desarrollo del lenguaje. Cada estudiante aprende los fundamentos del lenguaje de signos mediante un aprendizaje basado en el juego, después de lo cual los sitúan en clases conforme a su edad y a su capacidad educacional.

“No nos vemos como una escuela para niños sordos, somos una escuela de medios de lenguaje de signos”, dijo el director ejecutivo, el hermano A. L. de Carpentier, que vino al instituto en 1977. La escuela enseña lenguaje de signos en árabe, francés e inglés, dijo él, añadiendo que el árabe que se habla en Jordania contiene más de 20.000 signos.

El hermano Andrew A. L. de Carpentier, director ejecutivo del Instituto de Tierra Santa para Sordos, dirige a los episcopales en un recorrido por la institución con sede en Salt, Jordania, en que les muestra una regla para el aprendizaje táctil y  un letrero fuera que marca un aula en lenguaje de signos. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Oriundo de los Países Bajos y criado en la tradición reformada holandesa, de Carpentier comenzó a trabajar con los sordos en El Líbano, donde también se hizo anglicano, en los años setenta.

Trabajando a través de su red, el instituto ha ayudado a establecer 60 escuelas asociadas en Oriente Medio, en países como Siria, Irak, Yemen, Egipto y Palestina, y también en Afganistán y Pakistán, dijo él.

“Lo usual era que alcanzaran una educación de sexto grado y una escuela vocacional, y hemos cambiado eso en Oriente Medio”, dijo de Carpentier. Ahora los estudiantes llegan a la Escuela Secundaria y 50 han ido a la universidad.

“El ministerio allí es tan notable por que se ocupa de niños discapacitados y de sus familias”, dijo el Rdo. canónigo Robert Edmunds, el funcionario de asociaciones [globales] de la Iglesia para el Oriente Medio. “El impacto trasciende a cada niño en particular… cuando multiplicas eso por el número de familias implicadas y cómo esas familias extendidas están conscientes de este ministerio, la huella —del bien que la Iglesia cristiana está haciendo aquí, y la capacitación y la educación y la esperanza para el futuro que tienen estos niños— es incalculable”.

En Jordania, como en todos los países del Oriente Medio, los musulmanes son mayoría y los cristianos constituyen una pequeña minoría, y el proselitismo está prohibido. El instituto acepta estudiantes, muchos de ellos de familias pobres, que provienen de todas partes del país.

Una mujer trabaja en un mosaico para venderlo en la tienda de artesanías del Instituto de Tierra Santa para Sordos. Foto de Lynette Wilson/ENS.

La escuela funciona con un presupuesto anual de $1 millón y recibe dinero del gobierno de Jordania y subvenciones, donaciones privadas y ayuda de los Amigos del Instituto de Tierra Santa para Sordos. Emplea a 34 maestros, 20 por ciento de ellos sordos y muchos de los cuales han sido educados en la escuela y son voluntarios. A lo largo de los años, las actitudes culturales hacia los discapacitados han cambiado, particularmente desde que las Naciones Unidas instituyeron el Año Internacional de las Personas Discapacitadas en 1981, dijo de Carpentier.

Sin embargo, subsisten las dificultades. Con la larga duración de la guerra civil en Siria y la creciente violencia en Irak, las escuelas asociadas en esos países ya no funcionan, aunque el Instituto está proporcionándoles servicios a niños y sus familias en los campamentos de refugiados de Jordania, una de los primeros países de acogida para personas desplazadas por la violencia y la persecución.

El Instituto de Tierra Santa para Sordos es parte de la Diócesis Episcopal de Jerusalén, que incluye Israel, Palestina, Jordania, Siria y El Líbano. Un asociado de larga data de la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo, el Instituto ha estado colaborando con una red de organizaciones locales para establecer un centro satélite en el mayor de los campamentos de refugiados, Za’atari. Con crecientes necesidades y respondiendo a una invitación de las autoridades locales, está en el proceso de abrir un centro adicional en Al-Azraq, el segundo de los campos de refugiados. Este nuevo centro se propone servir aproximadamente a 1.500 personas con discapacidades.

“Es particularmente esperanzador ver que el Instituto de Tierra Santa para Sordos y la Diócesis de Jerusalén no sólo siguen determinados en su apoyo a las familias y niños en el campamento de Za’atari, sino que también están reproduciendo este exitoso programa en el campamento de Azraq”, dijo Nagulan Nesiah, funcionario principal del programa para respuesta a desastres y reducción de riesgos de la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo. “Luego de cinco años de crisis en Siria sin señales de atenuación, nuestros asociados locales en la región que estaban activos antes del conflicto aún siguen ayudando lo más que pueden y continuaremos apoyándolos”.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Ella visitó el Instituto de Tierra Santa para Sordos, en Salt, Jordania, durante un viaje, en octubre pasado, para escritores y blogueros de temas religiosos auspiciado por la Junta de Turismo Jordana y Royal Jordanian Airlines. Traducción de Vicente Echerri.

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