Instan a orar por la República Democrática del Congo

November 22, 2012


Huérfanos de Acción Salutífera para el Desarrollo Integral [Action Salutaire pour Development Integrale]/una ONG dirigida por la Iglesia en Goma, con la obispa primada Katharine Jefferts Schori durante su visita en Julio de 2011 a la Iglesia Anglicana del Congo. Foto de Matthew Davies.

[Episcopal News Service] La obispa primada Katharine Jefferts Schori se ha unido a otros cristianos a través del mundo en un llamado a una semana de oración —del 26 de noviembre al 2 de diciembre— por la República Democrática del Congo.

“Oren por que finalice el conflicto, porque finalice la violencia, porque puedan ser atendidas las necesidades de los que sufren y que pueda prevalecer la paz”, dijo Jefferts Schori en un llamado a la acción el 19 de noviembre, dado a conocer por la Oficina de Relaciones Públicas de la Iglesia Episcopal.

La semana de oración ha sido organizada por la Sociedad Misionera de la Iglesia y la Asociación de la Iglesia del Congo, con el respaldo del arzobispo Henri Isingoma de la Iglesia Anglicana del Congo, en respuesta a un incremento reciente de la violencia inducido por un nuevo grupo rebelde, el M23, y varios otros ya existentes.

Oraciones y otros materiales pueden descargarse aquí.

“Nuestros hermanos anglicanos de la República Democrática del Congo siguen experimentando violencia y desarraigo”, dijo Jefferts Schori, haciendo notar que el aumento de la violencia desde abril ha causado el desplazamiento de 320.000 personas dentro del Congo, y de 60.000 hacia Uganda y Ruanda.

La presencia anglicana en el Congo se estableció en 1896 gracias al evangelista ugandés Apolo Kivebulaya. En la actualidad, la provincia incluye aproximadamente medio millón de anglicanos bajo el liderazgo de Isingoma, primado desde 2009.

“La obra de la Iglesia Anglicana en el Congo sigue siendo de la más alta calidad y solidaridad, arraigada en el amor del cristiano por su prójimo”, dijo Jefferts Schori, que visitó el Congo Oriental en julio de 2011 y fue testigo de primera mano “del trabajo hecho por la Unión de Madres y otros grupos a favor de los pequeñitos [del Señor]: mujeres, niños y huérfanos, todos ellos víctimas de la violencia de la guerra”.

La cobertura de ENS del viaje de la obispa primada en julio de 2011 puede encontrarse aquí.

Hora de comida para los niños en un orfanato de la Diócesis de Kivu Norte. Foto de Matthew Davies.

La República Democrática del Congo, ex colonia belga, cayó en manos de líderes corruptos y sedientos de poder desde su independencia en 1960. El inmenso país —aproximadamente del mismo tamaño de Europa— enfrentó más de tres décadas de “africanización” y flagrante corrupción bajo la presidencia de Joseph Mobutu, que fue sostenido por Estados Unidos como un “tirano amistoso”  por su resistencia a la Unión Soviética. Los rebeldes dirigidos por Laurent Kabila derrocaron a Mobutu en 1997.

Despertando al principio esperanzas de tiempos mejores, Kabila fue instalado como el nuevo presidente y le cambió el nombre al país, de Zaire a República Democrática del Congo. Pero sus aliados se convirtieron en enemigos, y el Congo entró en una guerra brutal que duró cinco años y en la cual se cree que perecieron 5,4 millones de personas. Cuando a Kabila lo asesinaron en 2001, lo sucedió su hijo, Joseph Kabila, que sigue siendo presidente del Congo en un gobierno de poder compartido que incluye a algunos ex rebeldes.

La guerra fue alimentada en gran medida por una rebatiña por los vastos recursos minerales del país. Los rebeldes del este, apoyados por las milicias tutsis y por países vecinos como Uganda y Ruanda, combatieron al gobierno con sede en Kinshasa que, a su vez, contaba con el respaldo de las milicias hutus y de Angola, Namibia y Zimbabue. En octubre de 2004, la organización de derechos humanos Amnistía Internacional dio a conocer que se habían reportado 40.000 casos de violaciones en el transcurso de los últimos seis años.

Mientras el Congo —en cuyo territorio se encuentra la mayor fuerza para el mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas— intenta recobrarse de lo que ha sido llamado el conflicto más sangriento desde la segunda guerra mundial, la actividad rebelde aún enturbia el oriente del país y es sinónima de violencia de género, particularmente en las aldeas rurales. Algunos informes cuentan historias de que los soldados rebeldes violan a mujeres en presencia de sus maridos, y luego matan a los miembros de la familia y llevan a cabo actos de canibalismo.

“Muchos millares [de personas] están viviendo con miedo e inseguridad, hambre, enfermedad y pobreza, mientras anhelan regresar a sus hogares y vivir en paz”, dijo Jefferts Schori en su llamado a la acción el 19 de noviembre.

Mujeres que han sido víctimas de abusos sexuales por soldados encuentran un seguro asilo en una instalación de la Diócesis de Kivu Norte, donde buscan soluciones a sus traumas y se labran una nueva vida cuyo objetivo final es su reintegración a la sociedad. Foto de Matthew Davies.

La Unión de Madres, una organización benéfica cristiana internacional que procura apoyar a las familias en todo el mundo, desempeña un importante papel en atender a mujeres traumatizadas debido a la violencia sexual.

La Unión de Mujeres Unidas por la Paz y la Promoción Social (Union des Femmes pour la Paix et la Promotion Social – UFPPS, por su sigla en francés), fundada en Katanga en 2003, ha ampliado la labor de la Unión de Madres para promover y facilitar la participación de las mujeres como mensajeras de la paz y líderes del desarrollo socioeconómico en sus comunidades.

La Iglesia Episcopal, mediante su anterior oficina para el ministerio de las mujeres y de Ayuda y Desarrollo Episcopales, ha respaldado la labor de la UFPPS en tratamientos médicos y psicológicos y de reintegración social en las diócesis de Katanga y Boga.

Refiriéndose a la semana de oración, Jefferts Schori dijo: “No puedo imaginar una mejor manera de que el mundo cristiano se prepare para el Advenimiento del Príncipe de la Paz, y espero y ruego que ustedes se unan conmigo durante esta semana que antecede al Adviento”.

El llamado a la oración en la página web de la Sociedad Misionera de la Iglesia (CMS por su sigla en inglés) dice: “Esperamos que individuos, agrupaciones e iglesias se comprometerán a orar de nuevo por una solución y el fin definitivo del conflicto, la violencia y las atrocidades, y por una nueva era de paz, así como por las necesidades de todas las personas afectadas”.

– Matthew Davies es redactor y reportero de Episcopal News Service. Traducido por Vicente Echerri.

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