Histórica iglesia afroamericana explora la fe y la justicia en un Washington D.C. aburguesado

August 1, 2016



El Rdo. Peter Jarrett-Schell, rector, y el Rdo. Gayle Fisher-Stewart, rector asociado, de la iglesia episcopal El Calvario en Washington, D.C. posan para una foto debajo de un cartel de la campaña “La vida de los negros importa”. Foto de Lynette Wilson.

El Rdo. Peter Jarrett-Schell, rector, y el Rdo. Gayle Fisher-Stewart, rector asociado, de la iglesia episcopal El Calvario en Washington, D.C. posan para una foto debajo de un cartel de la campaña “La vida de los negros importa”. Foto de Lynette Wilson.

[Episcopal News Service – Washington, D.C.] La decisión de desplegar una pancarta de ‘La Vida de los Negros Importa” [Black Lives Matter] en el dintel de la entrada del salón parroquial no resultó fácil para el liderazgo de la iglesia episcopal El Calvario [Calvary Episcopal Church], una iglesia históricamente negra con una reputación de promover la justicia y la acción sociales en el noreste de la capital de EE.UU.

“Algunas personas se han sentido ofendidas… y creo que algunas realmente lo aprecian”, dijo el Rdo. Peter Jarrett-Schell, rector de El Calvario, durante una entrevista reciente con Episcopal News Service. La decisión fue “contenciosa” y “no unánime”, expresó él. “También ha sido una oportunidad para el diálogo”.

No es raro que El Calvario participe en debates que desafían a la congregación y a la comunidad a pensar y actuar de manera deliberada a favor de la justicia.

Calvary ha iniciado conversaciones —contenciosas, difíciles, provocadoras y diferentes— en particular durante los últimos dos años. Los líderes de la iglesia comenzaron a conversar en serio luego de la muerte a tiros de Michael Brown, a manos de un policía, en agosto de 2014 y decidieron convocar un foro para toda la comunidad: “Ferguson: ¿Podía ocurrir aquí?”. El foro reunió a miembros de la iglesia y la comunidad y a oficiales de los cuerpos de orden público.

“Fue un apacible intercambio, que Ferguson puede ocurrir aquí si se dieran las debidas circunstancias”, dijo el Rdo. Gayle Fisher-Stewart, rector asociado de El Calvario, y jubilado de 20 años de servicio de la Policía Metropolitana del DC. “Sabemos que el 90 por ciento de todos los disturbios civiles en este país tienen una conexión con la policía; esto no significa que la policía los provoque, sino que la policía está de alguna manera involucrada, y podría ser algo bastante sencillo que hace estallido”.

La conversación sobre Ferguson llevó a Fisher-Stewart, recién ordenado sacerdote en noviembre pasado, a crear en El Calvario, con ayuda de una subvención de la Sociedad Episcopal de Evangelización, el Centro para el Estudio de la Fe en la Justicia. La subvención le ha permitido a la iglesia auspiciar foros enfocados en temas relacionados con la participación comunitaria, la raza y la justicia social: la policía en la comunidad, la iglesia negra y espacios blancos vedados para negros, entre otros. Los últimos dos fueron talleres dirigidos por la Rda. Kelly Brown Douglas, autora de Mantente firme: cadáveres negros y la justicia de Dios [Stand Your Ground: Black Bodies and the Justice of God].

“Nos damos cuenta aquí en El Calvario de que somos una congregación negra en una denominación predominantemente blanca y hemos actuado de algún modo con una doble personalidad”, dijo Fisher-Stewart, añadiendo que Brown Douglas ayudó a que El Calvario redefiniera su llamado.

“La iglesia negra se creó debido a la injusticia. Y es así que volvemos a levantar ese estandarte para hacer justicia, la cual encontramos en la misión de Cristo cuando leyó del rollo de Isaías (Lucas 4:18) en la sinagoga: acerca de hacer justicia, acerca de los pequeñitos”, recalcó ella.

Por ejemplo, el foro más reciente se centró en los jóvenes negros (varones), con la siguiente interrogante: ¿Son ellos una especie en peligro de extinción?

“Contamos con organizadores comunitarios, activistas y psicólogos, teólogos y educadores para ayudarnos a pensar por qué los jóvenes varones negros están en peligro más allá del problema con la policía, pero también: ¿Qué hemos de hacer para ayudarles a convertirse en el pueblo que Dios les ha llamado a ser?”.

Para Brittany Livingston —asistente social de 26 años que asesora fundamentalmente a afroamericanos de escuela intermedia en un colegio parroquial para varones— el “qué” a que Dios ha llamado a ser a los jóvenes negros es el tema a enfocar.

“La mayoría de nuestros muchachos son jóvenes afroamericanos y ello puede constituir un reto porque miro sus caritas morenas todos los días y con frecuencia ellos tienen genuinos sentimientos respecto a lo que está pasando”, dijo Livingston, añadiendo que a veces la violencia y la situación general la hace sentir inútil. “Pero ir a trabajar todos los días con esos niñitos me ayuda. Trabajo con ellos día por día y sus vidas me importan día tras día”.

Miembros y amigos de la iglesia episcopal El Calvario participaron en “Hagan justicia”, marcha silenciosa y vigilia de oración por la 40ª. Conferencia Anual de la Organización Nacional de Ejecutivos Negros de los Cuerpos Policiales que tuvo lugar en Washington D.C. el 20 de julio. La movilización fue organizada por el Centro para el Estudio de la Fe en Justicia en la iglesia de El Calvario. Foto de Lynette Wilson.

Miembros y amigos de la iglesia episcopal El Calvario participaron en “Hagan justicia”, marcha silenciosa y vigilia de oración por la 40ª. Conferencia Anual de la Organización Nacional de Ejecutivos Negros de los Cuerpos Policiales que tuvo lugar en Washington D.C. el 20 de julio. La movilización fue organizada por el Centro para el Estudio de la Fe en Justicia en la iglesia de El Calvario. Foto de Lynette Wilson.

2016 deja en muchas personas un sentimiento de desamparo. Julio ha sido un mes fatal, tanto para policías como para afroamericanos en Luisiana, Minnesota y Texas. El domingo 17 de julio, mientras los miembros de El Calvario salían de la iglesia luego de la eucaristía matutina, se difundió la noticia de otro tiroteo mortal, en Baton Rouge, Luisiana; esta vez un ex marine mató a dos policías y a un subalguacil. Fue “la yuxtaposición de estas muertes” lo que “obligó a toda la nación a detenerse y tomar nota”, como escribió  recientemente el Rdo. Charles A. Wynder, diácono y misionero de la Iglesia Episcopal para la justicia social y el compromiso en la defensa (o promoción) social, en un ensayo para The Living Church.

Livingston, miembro de toda su vida de El Calvario, dijo que ayuda contar con un lugar para venir a conversar sobre el tema.

“De de cada foro o evento comunitario que hacemos, siempre sale algo”, dijo ella. “Ya sea que alguien se te presente después y te diga ‘eh, sé parte de este programa de mentoría’ o veas al Rdo. Gayle y a mi mamá y la iglesia que van a protestar a alguna parte, y luego los domingos oramos por eso, y el Rdo. Schell o el Rdo. Gayle se presentan allí y dicen algo al respecto y así se despeja un poco ese sentimiento de inutilidad”, dijo ella.

La madre de Livingston, Ellen Livingston, también asistente social y líder de El Calvario, ha sido testigo de cómo evoluciona también la retórica en torno a Black Lives Matter en las vidas de los jóvenes con los que ella trabaja. Desde la adolescente blanca proveniente de un barrio mixto a la cual sus compañeros le dicen que ella no pertenece: “esta damita está intentando lidiar con algo que es mucho más grande de lo que ella puede imaginar”, dijo Livingston. Hasta el niño negro que asiste a un campamento de verano en una prestigiosa escuela privada donde lo hostigan los estudiantes blancos: “‘Conque la vida de los negros importa’, y lo acosaban [diciéndole] ‘tu vida no importa más que la mía’”.

El movimiento Black Lives Matter, al igual que el Centro para el Estudio de la Fe en la Justicia en [la iglesia de] El Calvario, nació en 2013 de la tragedia, esta vez de la absolución de George Zimmerman, coordinador de vigilancia de un barrio, que mató al joven de 17 años Trayvon Martin en una comunidad privada al norte de Orlando, Florida. El movimiento creció a partir de la etiqueta [hashtag] de Twitter #BlackLivesMatter, que llamaba la atención sobre la violencia policial y el vigilantismo contra los negros estadounidenses.

El tomar la decisión de colgar la pancarta de Black Lives Matter le correspondió a la responsabilidad de la iglesia como congregación cristiana, dijo Jarrett-Schell.

“El Evangelio afirma que todas las vidas importan, pero en este preciso momento vemos de cara al mundo y de nuestra sociedad, que no todas las vidas importan lo mismo y que las vidas de los negros están subvaloradas y eso es poniéndolo delicadamente”, afirmó Jarrett-Schell. “Nosotros como cristianos, si creemos verdaderamente que el Evangelio es portador de buenas nuevas para todas las personas, miramos y vemos que hay un grupo de personas en nuestra inmediata vecindad y en nuestra sociedad, particularmente personas negras, a las que no tratan como hijos de Dios, del modo en que debería ser; luego, tenemos que dar testimonio de eso específicamente”.

La matriarca de El Calvario, una mujer de quien dicen que le da cabida a todo el mundo, se opuso al principio a la pancarta de Black Lives Matter, preocupada por lo que pensaría la gente que viniera a la iglesia. Pero luego de pasar por debajo de ella unas cuantas veces, dijo Jarrett-Schell, se dio cuenta de que la pancarta dice que su vida importa y que si alguien discrepa no necesita venir a la iglesia.

El movimiento Black Lives Matter sigue al de los ocupas, un movimiento que surgió en Nueva York en 2011 en procura de igualdad económica y social. Así como el movimiento de los ocupas puso al descubierto el problema mundial de la desigualdad económica y social, el de las Vidas Negras ha introducido el racismo en la conversación cotidiana.

“Cuando miramos al problema (del racismo) desde el punto de vista nacional e internacional, parece demasiado grande para que podamos hacer algo”, dijo Jarrett-Schell, al preguntarle si algunos de los cambios más significativos tienen lugar en el ámbito de la comunidad. “Y cuando miramos a la historia, lo hacemos hacia estos grandes puntos de inflexión, estos momentos en que el arco de la historia se ha inclinado realmente hacia la justicia, el momento culminante, pero ignoramos el hecho de que siempre ha habido años y años de trabajo comunitario en la base que, en verdad, hicieron posible el momento nacional”.

Una ya tensa elección presidencial se ha hecho más tensa según las relaciones raciales rondan en la mente de los estadounidenses; el apoyo a Black Lives Matter, un movimiento con frecuencia malentendido, recorre [todo] el espectro. Sin embargo, la violencia contra los estadounidenses negros no es nada nuevo. Los estadounidenses no negros la vieron por primera en sus salas con la paliza mortal de Rodney King a manos de agentes de la policía de Los Ángeles en 1991 y dominó el comentario social en las letras de la primera composiciones musicales hip hop. Los teléfonos inteligentes equipados con videocámaras han incrementado la frecuencia en que la violencia policial se ha documentado y se ha divulgado.

El jefe de la policía de Los Ángeles calificó la muerte de King de aberración, pero la comunidad negra y los oficiales de la policía estaban mejor enterados.

“[Dijimos] que ‘la aberración’ era que fuera captado en una película, porque eso ocurre todos los días en Estados Unidos”, dijo Fisher-Stewart, sucede que ahora todo el mundo tiene teléfonos celulares. “Ahora cualquiera puede sacar su teléfono y grabar lo que ha estado pasando siempre respecto a la actuación policial en Estados Unidos.

“La crisis siempre ha estado ahí; es omnipresente ahora con la tecnología”.

 

La iglesia episcopal El Calvario montó una exposición de 200 camisetas que llevaban el nombre y la fecha de nacimiento y muerte de víctimas de delitos violentos en el área metropolitana del D.C. Foto de Gayle Fisher-Stewart

La iglesia episcopal El Calvario montó una exposición de 200 camisetas que llevaban el nombre y la fecha de nacimiento y muerte de víctimas de delitos violentos en el área metropolitana del D.C. Foto de Gayle Fisher-Stewart

Mucho antes de que la iglesia decidiera desplegar la pancarta de Black Lives Matter, montaron una exposición de más de 200 camisetas con el nombre y fecha de nacimiento y muerte de víctimas de delitos violentos en el área metropolitana del D.C. La exposición, organizada por Atendiendo el Llamado de Dios [Heeding God’s Call] le pedía a los visitantes que oraran por cada uno de los individuos que habían muerto. La iglesia prepara ahora una nueva serie de conversaciones, que van desde los jóvenes y las relaciones con la fuerza pública hasta la educación posterior a la escuela secundaria, así como emprendimiento y relaciones entre hombres y mujeres.

Es imposible sostener una conversación acerca de la violencia policial y los varones negros sin que la conversación no derive hacia el racismo, tanto cultural como institucional, la marginación y la desigualdad económica. Además, los foros y las conversaciones en El Calvario están teniendo lugar sobre el trasfondo del aburguesamiento [o encarecimiento] de la comunidad.

“Somos una iglesia que se desplaza [para venir al culto], nuestra comunidad está comenzando a no parecerse en nada a la que conocimos de niños”, dijo Ellen Livingston, que creció a unos 10 o 15 minutos a pie de la iglesia y que luego se mudó a los suburbios. “Esta [iglesia] fue un centro de la comunidad en un tiempo, y nuestra comunidad está cambiando, y [entre tanto, se acentúa] el aburguesamiento y el aislamiento y la marginación de los negros que se han quedado en la ciudad, de manera que queremos ofrecerles apoyo a ellos también”.

La iglesia episcopal El Calvario, una iglesia tradicionalmente afroamericana de Washington D.C., está localizada en la zona nordeste de la ciudad que se ha aburguesado. Apenas a una cuadra, en la esquina de las calles H y Sexta NE, están construyendo los apartamentos Apollo,  donde se abrirá un mercado Whole Foods, en el antiguo sitio que ocupara el histórico Teatro Apollo. Foto de Lynette Wilson.

La iglesia episcopal El Calvario, una iglesia tradicionalmente afroamericana de Washington D.C., está localizada en la zona nordeste de la ciudad que se ha aburguesado. Apenas a una cuadra, en la esquina de las calles H y Sexta NE, están construyendo los apartamentos Apollo,  donde se abrirá un mercado Whole Foods, en el antiguo sitio que ocupara el histórico Teatro Apollo. Foto de Lynette Wilson.

A una cuadra de la calle H, que una vez fuera el corazón comercial de la zona negra de Washington D.C. —una calle que se quemó durante las violentas protestas que siguieron al asesinato de Martin Luther King Jr., en 1968— la iglesia, que se estableció como misión en un establecimiento comercial a nivel de la calle en 1901, se aferra ahora a su identidad en un barrio aburguesado y rápidamente cambiante. La capital de la nación, a la que una vez apodaron “Ciudad Chocolate”, ha pasado de tener una mayoría afroamericana de un 70 por ciento hace una generación a menos del 50 por ciento en la actualidad.

“La calle H era predominantemente negra, era como el centro urbano de los negros, y la quemaron cuando los disturbios, así como se quemaron porciones de la calle Séptima y de la calle U, las zonas negras de la ciudad fueron las que se quemaron, y ha tomado tiempo para que se restauraran del todo  y han resucitado, han resucitado aburguesadas”, dijo Fisher-Stewart.

“Nosotros somos como muchas de las congregaciones tradicionalmente negras en el D.C., que estamos rodeados de personas que no se parecen a nosotros, pero aun así debemos salir y propagarles el Evangelio”.

El aburguesamiento de la comunidad está comenzando a cambiar la misión de la iglesia. Cada tercer jueves del mes, El Calvario celebra una reunión para conversar acerca de los cambios en la comunidad, tal como una enorme unidad de condominios que están levantando sobre lo que va a ser un mercado de [la cadena] Whole Foods  en la esquina nororiental de las calles 6 y H, en lo que solía ser un desierto alimentario. Otros cambios son menos obvios para los visitantes y recién llegados.

“Estaba conduciendo esta mañana, venia por la avenida West Virginia junto a la Universidad Gallaudet y advertí, en el lado occidental de la calle, donde estaba habituado a que no hubiera acera, apenas un sendero, [y] había ahora una acera… era donde yo solía vivir, solía vivir sobre la avenida West Virginia y nunca hubo acera en ese lado de la calle, uno no podía caminar por esa lado de la calle a menos que anduviera por la calle, pero ahora hay una acera y eso [ha tomado] 50 años”, dijo Kevin Douglas, un miembro antiguo [de la congregación] que creció a corta distancia de la iglesia.

No hay escasez de iglesias en la inmediata vecindad, cerca, en la calle H hay una diminuta iglesia cristiana en un inmueble comercial que se identifica sólo con una cruz y que está rodeada de restaurantes, barras de zumos de frutas, estudios de yoga y una boutique que vende artículos para mascotas. El Calvario se ha convertido en una congregación de personas mayores y de mujeres; el dinámico grupo de jóvenes, uno de los más grandes grupos de jóvenes de una iglesia afroamericana de la ciudad en la época de la niñez de Brittany Livingston, hace mucho que desapareció.

“Si bien muchos de nuestros miembros se han mudado, todos tienen un gran afecto por este bario, aunque esté cambiando rápidamente”, dijo Jarrett-Schell, que en 2012 se convirtió en el primer rector blanco de la iglesia. “Buscamos ser una congregación que comparta las Buenas Nuevas de Cristo en este lugar específico y en esta específica barriada.

“Hay montones de nuevas familias que se han mudado [para el barrio] y esto es realmente complicado para El Calvario… existe una oportunidad ahí, pero hay también muchísima pérdida, los desplazamientos continúan. De modo que cuando decimos que compartimos la Buena Nueva, obviamente estamos hablando en términos espirituales y temporales, hay un mensaje de esperanza que el Evangelio ofrece y queremos que la gente de este barrio lo oiga. Hay expectativas y responsabilidades sociales que esperanzan; queremos que las personas de este barrio oigan acerca de eso también, y queremos que El Calvario sea un lugar que comparta eso”.

­– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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