En Quito, la guardería infantil de la Iglesia ofrece un lugar para niños pobres

September 15, 2011

En la sección Comité del Pueblo en Quito, la Diócesis Episcopal de Ecuador Central dirige "El Portal de Belén", una guardería infantil que atiende de 70 a 80 niños pequeños en situaciones de riesgo.

La guardería funciona de lunes a viernes, de 7 A.M. a 5 P.M. todo el año, y brinda desarrollo infantil y cuidado diurno —incluidas comidas recién hechas y bien balanceadas— a niños entre 1 y 5 años de edad. Los padres, principalmente madres solteras, pagan hasta $35 semanales por un servicio que costaría $120 en el mercado regular.

"A través de la guardería infantil, la Iglesia cumple su llamado a la misión", dijo Rocío Recalde, la directora. "La guardería brinda un servicio social".

La Cámara de Obispos de la Iglesia Episcopal celebró su reunión de otoño del 15 al 20 de septiembre en el hotel Colón Hilton del centro de Quito. El 17 de septiembre, algunos obispos y sus cónyuges visitaron Comité del Pueblo —una iglesia del barrio y la guardería infantil— para tener un testimonio de primera mano del ministerio local, otros visitaron iglesias y programas en otras partes de la diócesis.

Según estadísticas del Banco Mundial, el 36 por ciento de todos los ecuatorianos vive por debajo del nivel de la pobreza. En Comité del Pueblo, un barrio que se caracteriza por altos índices de desempleo, pobreza y delito, viven más de 100.000 personas. El bajo costo de la vivienda atrae a los vecinos: es posible encontrar un cuarto con un baño compartido por $30 o $35 al mes. No es infrecuente tener un baño, sin ducha, compartido por 15 personas, dijo Recalde, quien agregó que algunas secciones del barrio están construidas sobre una cuesta, propicia a los deslaves, donde los niños a veces viven en chozas de techos de zinc.

"La realidad es de extrema pobreza. Estos niños, que están entre los más pobres de los pobres, son los beneficiarios directos de la guardería", agregó Recalde. "Al principio, los niños o bien son retraídos o agresivos y con el paso del tiempo cambian de conducta. Aprenden a compartir, a vivir en solidaridad con sus compañeros".

La desnutrición también es un problema, agregó ella, "algunos niños no tienen nada que comer".

Las madres le están agradecidas a la guardería infantil, eso se desprende de sus acciones", dijo Recalde.

"El aprecio de las madres hacia la Iglesia por todo lo que sus hijos reciben se demuestra en su disposición a ayudar cuando se les pide… Vendiendo boletos para picnics, vistiendo a sus hijos como ángeles en las celebraciones de Navidad y participando en actividades de la Iglesia".

Y para Recalde, la satisfacción personal depende de "poder ayudar a mujeres en situaciones vulnerables que no tienen a quien los ojos volver".

Históricamente, Comité del Pueblo pertenecía a un puñado de terratenientes y luego los pobres empezaron a entrar y a exigir tener acceso a la tierra porque no estaba produciendo nada, estaba ahí ociosa, dijo Patricia Morck, misionera de la Iglesia Episcopal asignada a la Diócesis de Ecuador Central.

"El municipio finalmente le dio a la gente el permiso de establecerse aquí y construir, y desde entonces esta zona ha llegado a estar muy poblada, un barrio de clase obrera de bajos ingresos lleno de migrantes internos y de inmigrantes, de manera que tenemos venezolanos, colombianos, haitianos, peruanos y ecuatorianos", afirmó.

Con la ayuda de la diócesis, la guardería infantil cubre los servicios públicos (agua, luz eléctrica) y los salarios de cinco empleados; para el mantenimiento del edificio, los materiales educativos y otros suministros, así como los alimentos, ha dependido de ayuda exterior, con frecuencia de donantes particulares y de la iglesia catedral de Cristo en Indianápolis, que contribuyó a la compra del inmueble.

Morck explicó que la diócesis está convirtiendo la azotea en un huerto donde puedan darse frutas, verduras y granos, con la intención de mantener reducidos los costos para los padres y también para poder seguir ofreciéndoles a sus maestros un paquete de beneficios conforme con la ley ecuatoriana, el cual cuesta aproximadamente $220 mensuales.

El Seminario Teológico Seabury-Occidental ha ayudado también enviando voluntarios, como lo han hecho las universidades de Columbia, Yale y Harvard; voluntarios que también han recaudado dinero entre amigos y familiares.

"Hemos sido realmente dichosos", afirmó Recalde, "porque siempre que alguien viene a visitarnos, ellos nos han ayudado".

 

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