Ecuador Litoral sigue respondiendo a las necesidades de las víctimas del terremoto

May 16, 2016


ens_051216_ecuadordamage_sp[Episcopal News Service] El sábado 14 de mayo se cumplen cuatro semanas de que un terremoto de 7,8 de magnitud azotó Ecuador, para dejar un saldo de 650 muertos, más de 4.600 lesionados y unos 30.000 desplazados. La recuperación por las pérdidas de vidas y los daños, que se calculan entre $2.000 y $3.000, tomará años.

A lo largo del último mes, la Diócesis Episcopal del Litoral, que atiende la zona costera más afectada, llevó a cabo una encuesta de las comunidades en torno a sus iglesias en las áreas que habían sufrido el mayor impacto, y ha desarrollado un plan integral para atender las necesidades a corto y largo plazo de personas que viven en esas comunidades; tarea para la que ha nombrado a algunos feligreses como enlaces con los funcionarios locales del gobierno.

La diócesis se prepara para ofrecer un “apoyo efectivo y eficiente” a las víctimas a partir de los resultados de la encuesta, dijo el Rvdmo. Alfredo Morante España, obispo de [Ecuador] Litoral, en un mensaje por email. Apoyo, añadió él, que exigirá importantes recursos económicos a lo largo de los próximos dos o tres años.

El plan de la diócesis abarca cuatro líneas de acción: proporcionar alimento, salud y atención médica, atención espiritual y reconstrucción y mejora de viviendas.

En Manta, una comunidad de la zona costera central a unas tres horas y media por carretera al norte de Guayaquil, donde la diócesis tiene su sede, cuatro iglesias, algunas de las cuales con importantes daños, han abiertos sus puertas a feligreses y otros miembros [damnificados] de la comunidad. Un diácono recientemente ordenado compartió su experiencia personal de pérdida en una entrevista para la sección noticias de Episcopal News Service, que aparece regularmente en español.

Inmediatamente después del terremoto del 16 de mayo, la diócesis recibió el apoyo de la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo que le ha permitido proporcionar alimento, ropa, primeros auxilios, agua potable, artículos de uso doméstico y ayuda para reparaciones de emergencia a 300 familias.

La Iglesia Episcopal tiene dos diócesis en Ecuador: Litoral, que cubre la región costera más afectada [por el sismo], y la Diócesis de Ecuador Central con sede en Quito, capital del país, donde se sintieron temblores del terremoto del 16 de abril. Aunque en la capital no se registraron daños, una comunidad perteneciente  a la Diócesis de Ecuador Central sí sufrió daños y también ha sido socorrida por la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo.

Durante una llamada telefónica semanal para discutir las necesidades de las víctimas del terremoto, los participantes de la Diócesis Litoral dijeron que muchas de las personas a las que sirven viven en comunidades a las cuales no llegaron inmediatamente la ayuda y los socorros del gobierno nacional.

Además del apoyo de la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo, la diócesis ha recibido apoyo de episcopales individuales, así como de iglesias y diócesis, incluidas las de Puerto Rico, Nueva Jersey y Tennessee, entre otras. En las próximas semanas, la Diócesis de Puerto Rico, que dirige un sistema hospitalario, enviará un equipo médico a Manta; y un pequeño grupo en representación de cuatro iglesias de la Diócesis de Tennessee hará una visita previamente programada a principios de junio, [durante la cual] estará unos pocos días en Guayaquil antes de dirigirse a Manta en el norte.

“Estamos asombrados y entristecidos por la destrucción causada por el reciente terremoto en Ecuador”, dijo George Kurz, miembro de la iglesia episcopal de San Felipe [St. Philip] en Donelson, Tennessee, un suburbio de Nashville, y copresidente del Comité  para la Continuación de la Obra en la Diócesis del Litoral.

“Algunas de nuestras iglesias han tenido relaciones de compañerismo con iglesias en la zona más afectada de Manta durante 10 o 15 años”, dijo él, haciendo notar que apenas un par de horas antes del terremoto del 16 de mayo, San Felipe ofreció una cena de espagueti y una subasta silente para recaudar fondos para los miembros de un centro de salud que habría de empezar a funcionar en Ecuador en junio.

“Al enterarnos del número de damnificados y de que había 30.000 personas que se habían quedado sin hogar, nos dimos cuenta de que nuestras clínicas resultarían inadecuadas para esas graves necesidades”, apuntó, añadiendo que su grupo también debatió el cancelar el viaje y enviar el dinero para socorros en lugar de imponerle una carga adicional a la diócesis.

“Sin embargo, cuando consultamos con el obispo Morante, nos pidió que viniéramos para estar con nuestros amigos por [motivos de] compañerismo y apoyo espiritual durante este tiempo de crisis”, dijo Kurz.

El obispo estuvo de acuerdo con el grupo de Kurz en que las clínicas no serían prácticas este año, y en lugar de viajar con un grupo grande, 11 personas en representación de cuatro iglesias episcopales harán el viaje y ofrecerán dos talleres  centrados en “el espíritu de servicio” hacia los vecinos en un tiempo de necesidad.

“Si bien tenemos proyectos de servicio cada año, hemos encontrado que una vez que lleguemos a Ecuador lo más importante ha de ser abrirse  a la dirección del Espíritu Santo e intentar responder como mejor podamos”, afirmó.

Los que deseen hacer donaciones pueden dirigirse al fondo para desastres de la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo.

— Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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