¿Y si fueras tú? La respuesta a la crisis de los refugiados en Bélgica

October 15, 2015


Este artículo es el primero de una serie semanal que explora la respuesta de la Iglesia Episcopal y de sus asociados ecuménicos e interreligiosos a la crisis mundial de los refugiados.

Un letrero que cuelga de la cerca de un campamento de refugiados en Bruselas en septiembre hace la pregunta: ¿Y si fueses tú?” Foto de Sunny Hallanan.

Un letrero que cuelga de la cerca de un campamento de refugiados en Bruselas en septiembre hace la pregunta: ¿Y si fueses tú?” Foto de Sunny Hallanan.

[Episcopal News Service – Bruselas] Pintadas en una pancarta en la cerca exterior de un improvisado campamento de refugiados en el norte de Bruselas estaban las palabras: “Et si c’était toi?

Para la Rda. Sunny Hallanan y sus feligreses en la iglesia episcopal de Todos los Santos [All Saints Episcopal Church] cerca de Waterloo, Bélgica, esa pregunta “¿Y si fueras tú?” ha sido un constante recordatorio de que los que escapan al conflicto y la persecución deben ser tratados con compasión y respeto más que con sospecha y temor.

Después de haber servido durante un mes como voluntaria en el campamento del Parque Maximiliano, Hallanan llegó a conocer a muchos refugiados. Aunque ella no habla mucho árabe y ellos aún tenían que aprender el francés básico, el solo hecho de sentarse junto a los refugiados y compartir las pocas palabras que ellos conocían parecía suficiente para formar amistades y crear confianza.

En Bruselas, la Rda. Sunny Hallanan, a la izquierda, participa el 27 de septiembre en la marcha de la solidaridad en apoyo a los refugiados. Foto de Felicity Handford.

En Bruselas, la Rda. Sunny Hallanan, a la izquierda, participa el 27 de septiembre en la marcha de la solidaridad en apoyo a los refugiados. Foto de Felicity Handford.

Hallanan conoció a médicos, dentistas, abogados, maestros, tenderos y a un físico —personas que en Irak, Afganistán, Siria y otras zonas de conflicto habían compartido el mismo tipo de sueños y responsabilidades que ella tenía hasta que la guerra y el extremismo los obligó a huir para salvar sus vidas. Aunque tienen una apariencia diferente y tienen diferentes costumbres y religiones, se le parecen más de lo que ella podría haber imaginado, pensó Hallanan. “¿Y si fuera yo?”, preguntó, rodeada de refugiados una mañana lluviosa de octubre frente al centro de procesamiento de la Cruz Roja cerca de la Gare du Nord, la estación de ferrocarril norte de Bruselas.

“Muchísimas de estas personas han venido aquí a escapar del extremismo religioso. Al venir aquí, se incorporan a la cultura local y han aprendido una lección de cuán devastador puede ser el extremismo religioso”, afirmó ella. “Muchísimas de estas personas son jóvenes cuya opción era: únete a ISIS (el autodenominado Estado Islámico) o se decapitado. De manera que tenemos que mantenerlos aquí. No podemos devolverlos a eso”.

La Rda. Sunny Hallanan realiza labores voluntarias en el parque Maximiliano de Bruselas. Foto de Felicity Handford.

La Rda. Sunny Hallanan realiza labores voluntarias en el parque Maximiliano de Bruselas. Foto de Felicity Handford.

Un día cualquiera, a los voluntarios del campamento le asignaron distintos trabajos, tales como limpiar la cocina o los baños, servir alimentos y levantar tiendas.

“No es un trabajo glamoroso, pero es esencial para crearles a estas personas un ambiente tan bueno como sea posible”, dijo Felicity Handford, feligresa de Todos los Santos que había trabajado de voluntaria en el campamento hasta que fue desmantelado a fines de septiembre.

Pero para Handford, el entablar amistades con los refugiados y otros voluntarios fue realmente una parte importante del ministerio.

“La primera vez que vine al campamento, me sentía un poco nerviosa respecto a hablar con las personas”, dijo ella.

Pero luego un grupo de hombres de Afganistán invitó a Handford a sentarse junto a ellos para poder compartirle sus experiencias. Aunque no hablaban la misma lengua que ella y la comunicación era difícil, Handford dijo que resultaba claro que estos refugiados estaban deseosos de entablar relaciones con las personas de la localidad.

“Cuando uno habla con las personas, ellas dejan de ser estadísticas”, dijo Handford. “Ellas no son problemas, son personas que han sido empujadas a salir de su país y que ahora enfrentan un trayecto realmente difícil, y ese es la integración en un ambiente completamente diferente y en una cultura completamente diferente. La manera en que nosotros, como comunidad tratemos con eso sentará la pauta de las relaciones que tendremos con sus países después que este lío se acabe, y eso para mi es esencial”.

Un niño iraquí hace un signo de paz desde su hogar temporal en el campamento de refugiados en Bruselas. Según la ACNUR, la mitad de los refugiados son niños. Foto de Felicity Handford.

Un niño iraquí hace un signo de paz desde su hogar temporal en el campamento de refugiados en Bruselas. Según la ACNUR, la mitad de los refugiados son niños. Foto de Felicity Handford.

Aunque en los últimos meses los medios noticiosos se han concentrado en los refugiados sirios que huyen de la guerra y buscan asilo en Europa, la violencia en Siria es uno de los conflictos activos de la crisis. Décadas de guerra y violencia en lugares como la República Democrática del Congo, Somalia, Afganistán, Irak y Myanmar han obligado a los ciudadanos a huir y les han impedido volver a sus hogares.

En Bélgica se presentaron 5.512 solicitudes de asilo en septiembre. En Alemania, que ha adoptado una política de puertas abiertas hacia los que buscan asilo, se presentaron más de 200.000 el mismo mes.

El gobierno de EE.UU. ha anunciado que aumentará el número de refugiados que se reasentarán en Estados Unidos, de 70.000 a 85.000 en 2016. Al menos, 10.000 de esos refugiados serán de Siria. Muchos serán asistidos por el Ministerio Episcopal de Migración, el servicio de reasentamiento de refugiados de la Sociedad Misionera Nacional y Extranjera.

(La Sociedad Misionera Nacional y Extranjera, [ Domestic and Foreign Missionary Society o DFMS] es el nombre legal y canónico con el cual la Iglesia Episcopal está incorporada, funciona empresarialmente y lleva a cabo la misión).

Durante más de 75 años, la Iglesia Episcopal ha acogido a refugiados en Estados Unidos, ayudándoles a encontrar seguridad y nuevas vidas como ciudadanos estadounidenses.

“Todos los años, el Ministerio Episcopal de Migración trabaja con asociados locales para el reasentamiento, y con congregaciones e individuos voluntarios, para acoger a refugiados en Estados Unidos provenientes de los lugares más afectados por la guerra en todo el mundo”, dijo a ENS Deb Stein, directora del Ministerio Episcopal de Migración. “Este es un ministerio de socorro y de transformación, que le brinda a cada episcopal un modo de responder a la crisis global en la esfera local”.

Una familia de refugiados sirios es asistida por voluntarios cuando llegan al campamento en Bruselas. Foto de Ahcene Tighrine.

Una familia de refugiados sirios es asistida por voluntarios cuando llegan al campamento en Bruselas. Foto de Ahcene Tighrine.

Desde 2013, la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo ha estado respondiendo a las crisis de refugiados a través de asociaciones regionales. En la crisis actual, la agencia trabaja con Socorro Islámico para ofrecerle ayuda a las personas que llegan a las islas griegas, en colaboración con Us (llamada antes USPG) y la Diócesis de la Iglesia de Inglaterra en Europa para ofrecer ayuda de emergencia a los que huyen de sus países a través de Atenas, y en asociación con la Convocación de Iglesias Episcopales en Europa y sus congregaciones en la medida en que ofrecen hospitalidad y brindan espacios seguros en el tránsito de esas personas [los refugiados] a través del continente.

“Las comunidades de fe están bien situadas para desempeñar un papel singular en esta crisis”, dijo a ENS Nagulan Nesiah, encargado de programa de la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo. “Una vez que las personas se encuentren en los países donde pueden solicitar asilo, las organizaciones pertinentes tendrán un papel a largo plazo para ayudar con la transición y la integración. Las congregaciones de la Convocación de Iglesias Episcopales en Europa funcionan en múltiples ministerios de reasentamiento. En efecto, algunas de ellas han estado funcionando durante décadas. Estos ministerios encarnan un fuerza esencial de la Iglesia para mantener una presencia permanente en las comunidades y prestan un inapreciable recurso a las personas vulnerables”.

Janvier Nzamutuma (a la izquierda) y Felicity Handford (al centro), feligreses ambos de Todos los Santos, escuchan las inquietudes de un refugiado iraquí respecto al tiempo que lleva procesar a los recién llegados a Bélgica. Foto de Matthew Davies.

Janvier Nzamutuma (a la izquierda) y Felicity Handford (al centro), feligreses ambos de Todos los Santos, escuchan las inquietudes de un refugiado iraquí respecto al tiempo que lleva procesar a los recién llegados a Bélgica. Foto de Matthew Davies.

Volviendo a Bélgica, Janvier Nzamutuma, un refugiado que se vio obligado a huir de Ruanda durante el genocidio de 1994, es otro de los feligreses de Todos los Santos que trabajó de voluntario en el campamento de Bruselas.

Por haber perdido a sus padres, tres hermanas y un hermano mayor en el genocidio de Ruanda, Nzamutuma podía entender los traumas de la guerra y la persecución y los viajes que los refugiados habían experimentado.

Cuando salió de Ruanda, Nzamutuma viajó a la República Democrática del Congo, donde estuvo en un campamento de refugiados durante varios años. Era esta experiencia la que él recordaba cuando levantaron el campamento de Bruselas y razón por la cual sintió la necesidad de trabajar de voluntario allí.

“Conocí a un refugiado de Siria que me contó… que estaba viajando en autobús… y que iba con sus hermanos y hermanas y su madre, y a todos los mataron a tiros, y que él había llegado aquí solo, luego esto es parecido a lo que yo había experimentado”, dijo Nzamutuma a ENS, de pie fuera del ahora cercado parque Maximiliano.

Cuando se enteraron de que el campamento iba a ser desmantelado a fines de septiembre y los refugiados desahuciados de sus carpas temporales, los voluntarios se preocuparon respecto a donde podrían ir a parar.

Pero fue una estrategia de la Platforme Citoyenne de Soutien aux Réfugiés Bruxelles (Plataforma de los Ciudadanos para el Apoyo de los Refugiados de Bruselas), la organización que había administrado el campamento, para obligar a las autoridades locales a asumir una mayor responsabilidad con los recién llegados.

“El hecho de que la cola frente a las oficinas del gobierno sea más corta hoy es una señal realmente prometedora porque debe significar que están insertando a más personas”, dijo Hallanan, que llegó a ver el parque vacío a principios de octubre. “Luego, la estrategia de la Platforme Citoyenne parece haber funcionado”.

Miles de personas salieron a las calles de Bruselas el 27 de septiembre en una marcha de solidaridad en apoyo a los refugiados. Foto de Felicity Handford.

Miles de personas salieron a las calles de Bruselas el 27 de septiembre en una marcha de solidaridad en apoyo a los refugiados. Foto de Felicity Handford.

Al igual que Hallanan, muchos episcopales y sus asociados ecuménicos a través de Europa no ven su respuesta a la peor crisis de refugiados del mundo desde la segunda guerra mundial como un evento a corto plazo.

“Nuestras iglesias en Europa, con la actual crisis de refugiados, han dado un paso al frente en todas partes”, dijo el obispo Pierre Whalon de la Convocación de Iglesias Episcopales en Europa, “no sólo [para atender] necesidades básicas, sino también para [ofrecer ] asesoría en el proceso de asilo”.

El obispo Pierre Whalon ayuda como voluntario con algunas personas en la construcción del campamento de refugiados en Bruselas en septiembre pasado. Foto de Ahcene Tighrine.

El obispo Pierre Whalon ayuda como voluntario con algunas personas en la construcción del campamento de refugiados en Bruselas en septiembre pasado. Foto de Ahcene Tighrine.

Además de la respuesta de Bélgica, Whalon reconoció la labor de los episcopales en Austria, Francia, Alemania e Italia. “Es una tarea extremadamente ardua y difícil, pero en todas partes contamos con voluntarios increíblemente creativos y con clérigos dedicados”, dijo Whalon, que había visitado el campamento de Bruselas en septiembre y había ayudado a construir mesas para los refugiados con la madera de unos palés. “Estamos marcando una diferencia en cada comunidad donde participamos, y sólo estamos empezando a abordar esta nueva crisis. Es algo espontáneo y de lo que me siento muy orgulloso”.

Handford supo durante el tiempo en el campamento que muchos de los refugiados son personas preparadas: “personas que tienen destrezas y dones que si les permitimos que se desarrollen, aportarán algo a la sociedad aquí. Pero tenemos que sobreponernos a ese temor a las diferencias”.

La Rda. Sunny Hallanan comparte con refugiados iraquíes que llegaron a Bélgica tres meses antes. Foto de Matthew Davies.

La Rda. Sunny Hallanan comparte con refugiados iraquíes que llegaron a Bélgica tres meses antes. Foto de Matthew Davies.

“La diversidad es algo maravilloso para las personas en todas partes”, expresó Hallanan. “Si Dios hizo a personas que son diferentes de nosotros, debemos llegar a conocerlas y compartir y regocijarnos con ellas. ¿Quién sabe que maravillas la gente hará en Europa y en nuestro medio gracias a estas personas que vienen y nos traen una perspectiva diferente?”.

Para Handford, Hallanan, Nzamutuma y la comunidad de Todos los Santos, su participación voluntaria ha sido un ministerio práctico que le ha añadido un nueva e importante dimensión al compromiso social de la parroquia que ellos se proponen expandir.

Pero hay una pregunta que sigue suscitando su respuesta:

Et si c’était toi?

Matthew Davies es redactor y reportero de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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