Calendario Litúrgico

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Séptimo Domingo después de Pentecostés

Propio 12

La Colecta:

Oh Dios, protector de cuantos en ti confían, sin quien nada es fuerte, nada es santo: Multiplica en nosotros tu misericordia, a fin de que, bajo tu dirección y guía, nos sirvamos de los bienes temporales, de tal manera que no perdamos los eternos; por Jesucristo nuestro Señor que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Antiguo Testamento: Oseas 1:2-10

2 El Señor comenzó así el mensaje que quería comunicar por medio de Oseas: «La tierra de Israel se ha prostituido apartándose de mí. De la misma manera, ve tú y toma por mujer a una prostituta, y ten hijos con ella; así ellos serán hijos de una prostituta.» 

3 Oseas tomó entonces por mujer a Gómer, hija de Diblaim, la cual quedó embarazada y le dio un hijo. 4 Entonces el Señor le dijo a Oseas: «Llama Jezreel al niño, porque dentro de poco voy a castigar a los descendientes del rey Jehú por los crímenes que él cometió en Jezreel, y voy a poner fin al reino de Israel. 5 Ese día destruiré en el valle de Jezreel el poderío militar de Israel.» 

6 Gómer volvió a quedar embarazada y tuvo una hija. El Señor le dijo a Oseas: «Llama Lo-ruhama a la niña, porque ya no volveré a tener compasión del reino de Israel. No los perdonaré. 7 En cambio, tendré compasión del reino de Judá: yo mismo, el Señor su Dios, los salvaré. Pero no los salvaré por medio de la guerra, sino que lo haré sin arco ni espada ni caballos ni jinetes.» 

8 Después de haber destetado a Lo-ruhama, Gómer volvió a quedar embarazada y tuvo un hijo. 9 Entonces el Señor le dijo a Oseas: «Llama Lo-amí al niño, porque ustedes ya no son mi pueblo ni yo soy ya su Dios.» 

1 Un día los israelitas 
serán como la arena del mar, 
que nadie la puede medir ni contar. 
Y en vez de decirles: 
«Ustedes ya no son mi pueblo», 
Dios les dirá: 
«Ustedes son hijos del Dios viviente.»

Salmo: 85

  1     Fuiste propicio a tu tierra, oh Señor; *
             restauraste la suerte de Jacob.
  2     Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; *
             todos sus pecados cubriste.
  3     Reprimiste todo tu enojo; *
             te apartaste del ardor de tu ira.
  4     Restáuranos, oh Dios nuestro Salvador, *
             y haz cesar tu cólera contra nosotros.
  5     ¿Estarás siempre enojado contra nosotros? *
             ¿Prolongarás tu ira de edad en edad?
  6     ¿No volverás a darnos vida, *
             para que tu pueblo se regocije en ti?
  7     Señor, muéstranos tu misericordia, *
             y concédenos tu salvación.
  8     Escucharé lo que dice el Señor Dios; *
             porque anuncia paz a su pueblo fiel, a los que se convierten de corazón.
  9     Ciertamente cercana está su salvación a cuantos le temen, *
             para que habite su gloria en nuestra tierra.
10     La misericordia y la verdad se encontraron; *
             la justicia y la paz se besaron.
11     La verdad brotará de la tierra, *
             y la justicia mirará desde los cielos.
12     En verdad el Señor dará la lluvia, *
             y nuestra tierra dará su fruto.
13     La justicia irá delante de él, *
             y la paz será senda para sus pasos.

Nuevo Testamento: Colosenses 2:6-15, (16-19)

6 Por eso, habiendo recibido a Jesucristo como su Señor, deben comportarse como quienes pertenecen a Cristo, 7 con profundas raíces en él, firmemente basados en él por la fe, como se les enseñó, y dando siempre gracias a Dios. 

8 Tengan cuidado: no se dejen llevar por quienes los quieren engañar con teorías y argumentos falsos, pues ellos no se apoyan en Cristo, sino en las tradiciones de los hombres y en los poderes que dominan este mundo. 

9 Porque toda la plenitud de Dios se encuentra visiblemente en Cristo, 10 y en él Dios los hace experimentar todo su poder, pues Cristo es cabeza de todos los seres espirituales que tienen poder y autoridad. 11 En él también, ustedes han sido circuncidados, no con una circuncisión hecha por los hombres, sino con la circuncisión hecha por Dios al unirlos a Cristo y despojarlos de su naturaleza pecadora. 12 Al ser bautizados, ustedes fueron sepultados con Cristo, y fueron también resucitados con él, porque creyeron en el poder de Dios, que lo resucitó. 13 Ustedes, en otro tiempo, estaban muertos espiritualmente a causa de sus pecados y por no haberse despojado de su naturaleza pecadora; pero ahora Dios les ha dado vida juntamente con Cristo, en quien nos ha perdonado todos los pecados. 14 Dios anuló el documento de deuda que había contra nosotros y que nos obligaba; lo eliminó clavándolo en la cruz. 15 Dios despojó de su poder a los seres espirituales que tienen potencia y autoridad, y por medio de Cristo los humilló públicamente llevándolos como prisioneros en su desfile victorioso. 

16 [Por tanto, que nadie los critique a ustedes por lo que comen o beben, o por cuestiones tales como días de fiesta, lunas nuevas o sábados. 17 Todo esto no es más que la sombra de lo que ha de venir, pero la verdadera realidad es Cristo. 18 No dejen que los condenen esos que se hacen pasar por muy humildes y que dan culto a los ángeles, que pretenden tener visiones y que se hinchan de orgullo a causa de sus pensamientos humanos. 19 Ellos no están unidos a la cabeza, la cual hace crecer todo el cuerpo al alimentarlo y unir cada una de sus partes conforme al plan de Dios.]

El Evangelio: Lucas 11:1-13

Jesús estaba orando en un lugar; cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos. 

2 Jesús les dijo: —Cuando oren, digan: 

“Padre, santificado sea tu nombre. 
Venga tu reino. 
3 Danos cada día el pan que necesitamos. 
4 Perdónanos nuestros pecados, 
porque también nosotros perdonamos 
a todos los que nos han hecho mal. 
No nos expongas a la tentación.” 

5 También les dijo Jesús: —Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo, y que a medianoche va a su casa y le dice: “Amigo, préstame tres panes, 6 porque un amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle.” 7 Sin duda el otro no le contestará desde adentro: “No me molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo ya estamos acostados; no puedo levantarme a darte nada.” 8 Les digo que, aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, lo hará por su impertinencia, y le dará todo lo que necesita. 9 Así que yo les digo: Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá. 10 Porque el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre. 

11 «¿Acaso alguno de ustedes, que sea padre, sería capaz de darle a su hijo una culebra cuando le pide pescado, 12 o de darle un alacrán cuando le pide un huevo? 13 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!» 

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Las lecturas del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y los Evangelios provienen de la Biblia Nueva Versión Estándar Revisada: Edición Anglicana, copyright 1989, 1995, División de Educación Cristiana del Consejo Nacional de las Iglesias de Cristo en los Estados Unidos de América. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.

Las Colectas, Salmos y Cánticos son del Libro de Oración Común, 1979.

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