Decimoquinto Domingo después de Pentecostés

Occasion: 
Propio 19
Sunday, September 13, 2020
Year (cycle): 
A
The Collect: 

Oh Dios, puesto que sin ti no podemos complacerte: Concede, por tu misericordia, que tu Espíritu Santo dirija y gobierne nuestros corazones; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre.  Amén.

Old Testament: 
Éxodo 14:19-31 [Suplente: Génesis 50:15-21]

19 En ese momento el ángel de Dios y la columna de nube, que marchaban al frente de los israelitas, cambiaron de lugar y se pusieron detrás de ellos. 20 Así la columna de nube quedó entre el ejército egipcio y los israelitas; para los egipcios era una nube oscura, pero a los israelitas los alumbraba. Por eso los egipcios no pudieron alcanzar a los israelitas en toda la noche.

21 Moisés extendió su brazo sobre el mar, y el Señor envió un fuerte viento del este que sopló durante toda la noche y partió el mar en dos. Así el Señor convirtió el mar en tierra seca, 22 y por tierra seca lo cruzaron los israelitas, entre dos murallas de agua, una a la derecha y otra a la izquierda.

23 Toda la caballería y los carros del faraón entraron detrás de ellos, y los persiguieron hasta la mitad del mar; 24 pero a la madrugada el Señor miró de tal manera al ejército de los egipcios, desde la columna de fuego y de nube, que provocó un gran desorden entre ellos; 25 descompuso además las ruedas de sus carros, de modo que apenas podían avanzar. Entonces los egipcios dijeron: —Huyamos de los israelitas, pues el Señor pelea a favor de ellos y contra nosotros.

26 Pero el Señor le dijo a Moisés: —Extiende tu brazo sobre el mar, para que el agua regrese y caiga sobre los egipcios, y sobre sus carros y caballería.

27 Moisés extendió su brazo sobre el mar y, al amanecer, el agua volvió a su cauce normal. Cuando los egipcios trataron de huir, se toparon con el mar, y así el Señor los hundió en él. 28 Al volver el agua a su cauce normal, cubrió los carros y la caballería, y todo el ejército que había entrado en el mar para perseguir a los israelitas. Ni un solo soldado del faraón quedó vivo. 29 Sin embargo, los israelitas cruzaron el mar por tierra seca, entre dos murallas de agua, una a la derecha y otra a la izquierda.

30 En aquel día el Señor salvó a los israelitas del poder de los egipcios, y los israelitas vieron los cadáveres de los egipcios a la orilla del mar. 31 Al ver los israelitas el gran poder que el Señor había desplegado contra Egipto, mostraron reverencia ante el Señor y tuvieron confianza en él y en su siervo Moisés.

Suplente:

15 Como Jacob había muerto, los hermanos de José pensaron: «Tal vez José nos odia, y se va a vengar de todo el mal que le hicimos.» 16 Entonces le mandaron a decir: «Antes de que tu padre muriera, nos ordenó 17 que te dijéramos: “Por favor, te pido que perdones la maldad y pecado de tus hermanos, que tan mal te trataron.” Por eso te rogamos que perdones nuestra maldad, pues somos siervos del Dios de tu padre.»

Mientras los mensajeros le daban este mensaje, José lloraba. 18 Entonces llegaron sus propios hermanos, se inclinaron delante de él hasta tocar el suelo con la frente, y le dijeron: —Aquí nos tienes. Somos tus esclavos.

19 Pero José les contestó: —No tengan miedo. Yo no puedo ponerme en lugar de Dios. 20 Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió ese mal en bien para hacer lo que hoy vemos: para salvar la vida de mucha gente. 21 Así que no tengan miedo. Yo les daré de comer a ustedes y a sus hijos.

Así José los tranquilizó, pues les habló con mucho cariño.    

Psalm: 
Salmo 114 o Éxodo 15:1b-11,20-21 [Suplente: Salmo 103:(1-7), 8-13]

1     ¡Aleluya! Cuando salió Israel de Egipto, *
           la casa de Jacob de entre un pueblo de idioma ajeno,
2     Judá vino a ser el santuario de Dios, *
           e Israel su dominio.
3     El mar lo vio, y huyó: *
           el Jordán se volvió atrás.
4     Los montes saltaron como carneros, *
           y como corderos las colinas.
5     ¿Qué te afligió, oh mar, que huiste, *
           y a ti, oh Jordán, que te volviste atrás?
6     Oh montes, ¿por qué saltaron como carneros, *
           y como corderos, oh colinas?  
7     Tiembla, oh tierra, a la presencia de mi Soberano, *
           a la presencia del Dios de Jacob,
8     Quien cambió la peña en estanque de aguas, *
           y el pedernal en manantiales.

o

«Cantaré en honor del Señor, que tuvo un triunfo maravilloso *
      al hundir en el mar caballos y jinetes.
Mi canto es al Señor, *
      quien es mi fuerza y salvación.
Él es mi Dios, y he de alabarlo; *
      es el Dios de mi padre, y he de enaltecerlo.
El Señor es un gran guerrero. *
      El Señor, ¡ése es su nombre!
El Señor hundió en el mar los carros y el ejército del faraón; *
      ¡sus mejores oficiales se ahogaron en el Mar Rojo!
Cayeron hasta el fondo, como piedras, *
      y el mar profundo los cubrió.
Oh, Señor, fue tu mano derecha, fuerte y poderosa, *
      la que destrozó al enemigo.
Con tu gran poder aplastaste a los que se enfrentaron contigo; *
      se encendió tu enojo, y ellos ardieron como paja.
Soplaste con furia, y el agua se amontonó; las olas se levantaron como un muro; *
      ¡el centro del mar profundo se quedó inmóvil!
El enemigo había pensado: “Los voy a perseguir hasta alcanzarlos,
y voy a repartir lo que les quite hasta quedar satisfecho. *
      Sacaré la espada, y mi brazo los destruirá.”
Pero soplaste, y el mar se los tragó; *
      se hundieron como plomo en el agua tempestuosa.
Oh, Señor, ¡ningún dios puede compararse a ti! ¡Nadie es santo ni grande como tú! *
      ¡Haces cosas maravillosas y terribles! ¡Eres digno de alabanza!»
Entonces la profetisa María, hermana de Aarón, tomó una pandereta, *
      y todas las mujeres la siguieron, bailando y tocando panderetas,
      mientras ella les cantaba:
«Canten en honor al Señor, que tuvo un triunfo maravilloso *
      al hundir en el mar caballos y jinetes.»

Suplente:

[1 Bendice, alma mía, al Señor, *
             y todo mi ser bendiga su santo Nombre.
  2     Bendice, alma mía, al Señor, *
             y no olvides ninguno de sus beneficios.
  3     El perdona todas tus iniquidades, *
             y sana todas tus dolencias.
  4     El rescata del sepulcro tu vida, *
             y te corona de favor y misericordia.
  5     El sacia de bien tus anhelos, *
             y como el águila se renueva tu juventud.
  6     El Señor hace justicia, *
             y defiende a todos los oprimidos.
  7     Dio a conocer sus caminos a Moisés, *
             y al pueblo de Israel sus obras.]
  8     Misericordioso y compasivo es el Señor, *
             lento para la ira y rico en clemencia.
  9     No nos acusará para siempre, *
             ni para siempre guardará su enojo.
10     No nos ha tratado conforme a nuestros pecados, *
             ni nos ha pagado conforme a nuestras maldades.
11     Así como se levantan los cielos sobre la tierra, *
             así se levanta su misericordia sobre sus fieles.
12     Como dista el oriente del occidente, *
             así aleja de nosotros nuestras rebeliones.
13     Como un padre cuida de sus hijos, *
             así cuida el Señor a los que le veneran.

Epistle: 
Romanos 14:1-12

1 Reciban bien al que es débil en la fe, y no entren en discusiones con él. 2 Por ejemplo, hay quienes piensan que pueden comer de todo, mientras otros, que son débiles en la fe, comen solamente verduras. 3 Pues bien, el que come de todo no debe menospreciar al que no come ciertas cosas; y el que no come ciertas cosas no debe criticar al que come de todo, pues Dios lo ha aceptado. 4 ¿Quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si queda bien o queda mal, es asunto de su propio amo. Pero quedará bien, porque el Señor tiene poder para hacerlo quedar bien.

5 Otro caso: Hay quienes dan más importancia a un día que a otro, y hay quienes creen que todos los días son iguales. Cada uno debe estar convencido de lo que cree. 6 El que guarda cierto día, para honrar al Señor lo guarda. Y el que come de todo, para honrar al Señor lo come, y da gracias a Dios; y el que no come ciertas cosas, para honrar al Señor deja de comerlas, y también da gracias a Dios.

7 Ninguno de nosotros vive para sí mismo ni muere para sí mismo. 8 Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. De manera que, tanto en la vida como en la muerte, del Señor somos. 9 Para eso murió Cristo y volvió a la vida: para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos.

10 ¿Por qué, entonces, criticas a tu hermano? ¿O tú, por qué lo desprecias? Todos tendremos que presentarnos delante de Dios, para que él nos juzgue. 11 Porque la Escritura dice:

«Juro por mi vida, dice el Señor,
que ante mí todos doblarán la rodilla
y todos alabarán a Dios.»

12 Así pues, cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios.    

Gospel: 
San Mateo 18:21-35

21 Pedro fue y preguntó a Jesús: —Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano, si me hace algo malo? ¿Hasta siete?

22 Jesús le contestó: —No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

23 »Por esto, sucede con el reino de los cielos como con un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. 24 Estaba comenzando a hacerlas cuando le presentaron a uno que le debía muchos millones. 25 Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, para que quedara pagada la deuda. 26 El funcionario se arrodilló delante del rey, y le rogó: “Tenga usted paciencia conmigo y se lo pagaré todo.” 27 Y el rey tuvo compasión de él; así que le perdonó la deuda y lo puso en libertad.

28 »Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero suyo que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y comenzó a estrangularlo, diciéndole: “¡Págame lo que me debes!” 29 El compañero, arrodillándose delante de él, le rogó: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.” 30 Pero el otro no quiso, sino que lo hizo meter en la cárcel hasta que le pagara la deuda. 31 Esto dolió mucho a los otros funcionarios, que fueron a contarle al rey todo lo sucedido. 32 Entonces el rey lo mandó llamar, y le dijo: “¡Malvado! Yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste. 33 Pues tú también debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti.” 34 Y tanto se enojó el rey, que ordenó castigarlo hasta que pagara todo lo que debía.

35 Jesús añadió: —Así hará también con ustedes mi Padre celestial, si cada uno de ustedes no perdona de corazón a su hermano.    

The Old Testament, New Testament and Gospels readings are from the New Revised Standard Version Bible: Anglicized Edition, copyright 1989, 1995, Division of Christian Education of the National Council of the Churches of Christ in the United States of America. Used by permission. All rights reserved.

The Collects, Psalms and Canticles are from the Book of Common Prayer, 1979.