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La Obispa Primada afirma el 'deber fiduciario y moral' de preservar las propiedades de la Iglesia
Declaración a raíz de las medidas tomadas por la Diócesis de Virginia respecto a 11 congregaciones Friday, January 19, 2007 |
[Episcopal News Service]
Luego de la decisión tomada por la Diócesis de Virginia el 18 de enero, en que le autoriza al obispo Peter James Lee a "recobrar y proteger" las propiedades de 11 congregaciones en las que una mayoría de miembros y líderes ha abandonado la Iglesia Episcopal, la Obispa Primada Katharine Jefferts Schori ha resaltado el constante compromiso de la Iglesia con su misión de reconciliación, así como su "deber fiduciario y moral" de preservar las propiedades de la Iglesia para ministerios actuales y futuros.
Un informe completo de las medidas tomadas por la Diócesis de Virginia aparece en esta página Web. Entre otras decisiones, el Consejo Ejecutivo de la diócesis declaró "abandonada" la propiedad de 11 congregaciones episcopales donde, según dice un informe noticioso diocesano, "una mayoría de los miembros —incluidos la junta parroquial y el clero— ha dejado la Iglesia Episcopal, pero no ha abandonado los inmuebles de la Iglesia y ha seguido ocupando las iglesias y usando las instalaciones que pertenecen a la diócesis". Declaración de la Obispa Primada luego de las medidas tomadas en Virginia respecto a las propiedades de la diócesis. La Iglesia Episcopal, en consulta con la Diócesis de Virginia, lamenta las recientes decisiones de los miembros de algunas congregaciones de Virginia de abandonar esta Iglesia. Sin embargo, queremos dejar claramente sentado que, si bien los individuos tienen el derecho y el privilegio de irse y de volver en cualquier momento, las congregaciones no lo tienen. Las congregaciones existen porque están en comunión con el obispo de una diócesis, a través de los organismos gubernativos diocesanos (sínodos, consejos o convenciones diocesanas). Las congregaciones no pueden unilateralmente disolverse o separarse de una diócesis. Además, conforme a los Cánones, cualquier propiedad que posean las parroquias, la poseen y deben usarla para la misión de la Iglesia Episcopal a través de los obispos diocesanos y sus cuerpos gubernativos. Como Iglesia, no podemos renunciar a nuestros intereses en tal propiedad, ya que es un deber fiduciario y moral preservar esa propiedad para las generaciones venideras y para que se impartan los ministerios tanto ahora como en el futuro. Las decisiones recientes de algunos miembros de congregaciones en Virginia de abandonar la Iglesia Episcopal y aliarse con la Iglesia Anglicana de Nigeria demuestran una falta de conocimiento de nuestra forma de gobierno. Un antiguo precedente en la Iglesia (desde épocas tan tempranas como el siglo IV) exige que los obispos respeten las fronteras diocesanas, y que se abstengan de entrar o de actuar oficialmente en diócesis que no sean las suyas. Como Iglesia, no podemos subvertir —y no obraremos en ese sentido— ese antiguo precedente al facilitar el establecimiento de congregaciones que presuntamente respondan a obispos de otras partes de la Comunión Anglicana dentro de las fronteras diocesanas de la Iglesia Episcopal. La Iglesia Episcopal continúa buscando la reconciliación con aquellos que han decidido abandonar esta Iglesia, y les recuerda a todas las partes que nuestras puertas están abiertas para cualquiera que desee regresar. Junto con la Diócesis de Virginia buscamos esclarecer quiénes somos como episcopales, y seguir ofreciéndole restauración a este mundo quebrantado. La abrumadora mayoría de más de 7.600 congregaciones de la Iglesia Episcopal está dedicada exactamente a esa tarea. Rvdma. Katharine Jefferts Schori |
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